Discursos imprescindibles: August Spies, mártir de Haymarket. Eugene Debs. Carlos Pellicer.

Palabras de Spies ante el tribunal.

Luchas obreras rescatadas del olvido

Agenda

-August Spies, mártir de Haymarket. Periodista alemán.

Palabras pronunciadas durante el juicio; octubre 1886 -extractos-

“¿Qué hemos dicho en nuestros discursos y en nuestros escritos?

Hemos explicado al pueblo sus condiciones y las relaciones sociales; le hemos hecho ver los fenómenos sociales y las circunstancias y leyes bajo las cuales se desenvuelven; por medio de la investigación científica hemos probado hasta la saciedad que el sistema del salario es la causa de todas las iniquidades, iniquidades tan monstruosas que claman al cielo. Nosotros hemos dicho, además, que el sistema del salario, como forma específica del desenvolvimiento social, habría de dejar paso, por necesidad lógica, a formas más elevadas de civilización; que dicho sistema preparaba el camino y favorecía la fundación de un sistema cooperativo universal, que tal es el socialismo. Que tal o cual teoría, tal o cual diseño de mejoramiento futuro, no eran materia de elección, sino de necesidad histórica, y que para nosotros la tendencia del progreso era la de una sociedad de soberanos en la que la libertad y la igualdad económica de todos produciría un equilibrio estable como base y condición del orden natural.“ (…)

Foto. Debs, en 1918.

-La otra historia de los EE.UU

Howard Zinn -extractos-

El caso de Eugene Debs pronto llegaría ante el Tribunal Supremo. En junio de 1918, Debs visitó a tres socialistas que estaban en prisión por oponerse al reclutamiento. Después, al otro lado de la calle frente a la prisión, Debs se dirigió a una audiencia a la que mantuvo cautivada dos horas. Era uno de los mejores oradores del país y una y otra vez le interrumpían los aplausos y las risas:

Nos dicen que vivimos en una gran república libre; que nuestras instituciones son democráticas; que somos un pueblo libre y autónomo. Incluso para un chiste, eso es demasiado. A lo largo de la historia, se han hecho guerras para conquistar y saquear… eso es la guerra en resumen. Siempre es la clase dominante la que declara las guerras y siempre es la clase oprimida la que lucha en las batallas. (…)

Sí, a su debido tiempo nos haremos con el poder de esta nación y de todo el mundo. Vamos a destruir todas las instituciones capitalistas esclavizantes y degradantes. Está saliendo el sol del socialismo. A su debido tiempo atacaremos y cuando triunfe, esta gran causa proclamará la emancipación de la clase obrera y la hermandad de toda la humanidad. (…)

Deds también fue arrestado. En el juicio se negó a subir al estrado en su propia defensa o a llamar a un testigo que le fuera favorable. No negaba nada de lo que había dicho, pero antes de que el Jurado comenzara sus deliberaciones, Debs se dirigió a ellos:

Me han acusado de obstruir la guerra. Lo admito, caballeros, detesto la guerra. Me opondría a la guerra aunque fuese el único en hacerlo. Mi solidaridad está con la gente que sufre y que lucha, sean de donde sean. No tiene importancia bajo qué bandera nacieron o dónde viven. (…)

El jurado le declaró culpable de infringir la Ley de Espionaje porque sus palabras “obtruían el reclutamiento o el servicio de alistamiento”. Debs se dirigió al juez antes de que este dictara sentencia:

Señoría, hace años reconocí mi afinidad con todos los seres vivientes y llegué a la conclusión de que yo no era ni un ápice mejor que el más insignificante de la Tierra. Dije entonces, y digo ahora, que mientras haya una clase oprimida yo estoy en ella; mientras haya un elemento criminal, yo pertenezco a él; mientras haya un alma en prisión, yo no soy libre”.

Dibujo. La unión obrera alza un enorme puño.

-Carlos Pellicer, poeta mexicano. 1899-1977.

Discurso a Cananea

-extractos-

Canana, Cananea,

de tus tiros partieron

los primeros alientos de una aurora

que no ha dado la luz que necesito

para decir, de pueblo en pueblo,

que ya no hay tuberculosis producida por hambre

ni banquete de bodas de ciento diez mil pesos;

que ya no hay grandes puercos

que hocéan entre la sangre y la traición…

(…)

Canana, Cananea, ¿imaginas el día

en que venga a decirte a tu oído de cobre,

que no habrá más reuniones con visos

/ de naufragio

en Panamá, donde el primer Roosevelt

cometió el panamá

que dejó sin su brazo glorioso a Colombia?

¿Allá, donde Bolívar llora más aún

/ que en Caracas?

Tu sangre y tu protesta son el árbol que aguarda

su banderín de pájaros,

rodeados girasoles de salud y belleza

poblados de palabras que convengan al hombre.

Canana, Cananea,

tu nombre suena a arenas movidas por el agua

en que se baña el día surgido de tu pecho,

joven como el tumulto que agrupa tu escultura

apretada de brazos con que abrazas a México.

Sobre muros que duelen pintó Diego Rivera

la entrada y salida de la mina.

Chorrean dolor y rabia y vergüenza. Yo vi

pintarlos, cuando el día brotaba de mis manos

y entre huracanes de águilas rompí mi corazón.

Para encumbrar luceros tengo la voz a ti.

Tus noches minerales acarrean relámpagos

que abren en un fulgor las tormentas del mundo.

Llevo la cuenta de túneles de avaricia

/ y cansancio

y en el rayo de sol que de Tabasco tengo,

he de contar un día, cuando vuelva a Tabasco,

lo que pesa el diamante que

/ arrancaste al subsuelo:

huelga de Cananea,

¡alborea! ¡alborea! ¡alborea! ¡alborea!

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