Isabel Aparicio Sánchez, 1 abril 2014:

Su vida es parte de la historia reciente de este país, del PCE(r) y del Movimiento de Resistencia. Murió con 60 años y desde los 18 llevaba militando desde la primera línea, TODA UNA VIDA.

Nació en Madrid en febrero de 1954. En 1972, en la Universidad comienza a militar en los Comités de Lucha Estudiantil, de carácter antifascista y clandestino. Comenzó a interesarse por el marxismo y entró en contacto con la OMLE, organización que tenía como objetivo prioritario la reconstrucción del Partido Comunista. En el año 75 nace el PCE(r), en el que continua su militancia.

En 1977 se incorpora a los GRAPO y es detenida en octubre de 1979, siendo torturada salvajemente por Billy el niño. Pasa en prisión 8 años y en 1988 sale en libertad, incorporándose a la lucha clandestina, en el Aparato Central de Propaganda del Partido. Fueron 19 años en la clandestinidad, la mayoría de las veces en situaciones de gran dureza, luchando contra una de las mayores campañas represivas que el Estado fascista desencadenó, sin reparar en medios, para exterminar su Partido mediante detenciones, asesinatos, torturas…

En junio de 2007 fue detenida junto a otros militantes del Partido mientras elaboraban el Resistencia. Le fue aplicada la Ley de Partidos y condenada a 11 años y 11 de meses de prisión. Su delito pertenecer a un Partido Comunista.

En prisión, su salud fue empeorando a pasos agigantados. En una enumeración sumaria se podrían exponer las siguientes enfermedades y problemas físicos que padeció Isabel:

-Extirpación de ovarios y otras partes del aparato reproductor sin necesidad y sin su permiso en 2008, mediante una intervención quirúrgica realizada en el hospital general de Ávila, alegando que “a su edad ya no los necesita”. Esta la trajo aparejada graves trastornos y desequilibrios fisiológicos. -Sinusitis crónica la impedía dormir más de 4 horas nocturnas, debido a la tos que le provocaba; y esto sucedió todos los días durante años. En la cárcel de Ávila, no la permitieron ni tan siquiera un producto tan sencillo como el agua de mar, que se adquiere en farmacias sin receta médica. Nunca la operaron a pesar de su insistencia. Sabíamos ya desde la calle que solo se atajaría este problema con una operación. -Dos hernias discales y un estrechamiento en el conducto medular. Tuvo dolores constantes y a veces muy elevados, aparte de que su movilidad se reducía más y más como consecuencias de estas dolencias. No la operaron en 7 años, aunque se diagnosticó al segundo año de su estancia en prisión que la única solución eran las intervenciones quirúrgicas. Lo máximo que se la hizo fueron unas 15 sesiones de fisioterapia , consistente en las clásicas “corrientes” como toda solución. Algunos médicos la recetaban morfina para sus dolores. -Insuficiencia pulmonar severa y asma. Lo que la provocaba una situación real de asfixia y una respiración acelerada. Era tratada con oxígeno con frecuencia. Llegó a vivir en la cárcel de Ávila situaciones de no poder absorber oxígeno durante más de un minuto, estando sola en la celda y por la noche. -Lesiones en las vértebras cervicales. Ante las cuales solo recibió 7 sesiones de fisioterapia de 10 minutos cada una. -Flebitis. Lo que la provocaba con frecuencia grandes dolores e hinchazones de piernas. -Artritis avanzada en las manos y los pies. -Los tratamientos con inhaladores la producían temblores constantes de cabeza y manos. Su capacidad de moverse se fue reduciendo cada año, andaba muy despacio y apenas podía cargar pesos por muy pequeños que fuesen. -Muy tardía intervención quirúrgica de cataratas, y encima la quedaron constantes secuelas.

En 2010 empezó a denunciarse públicamente su situación de presa política gravemente enferma.

El 1 de abril de 2014 fallece en la cárcel de Zuera (Zaragoza).

60 años de edad, 42 de militancia política organizada, 22 años de clandestinidad, 15 años de cárcel y brutales torturas a sus espaldas. Y estando tan grave de salud la dejaron morirse en la cárcel.

El 9 de abril se celebra un homenaje en Baiona (Euskal Herria Norte) con una concentración ante el Consulado de España protestando por la muerte de Isabel. El 13 se celebra otro homenaje en la macrocárcel de Zuera y el sábado 26 de abril tuvo lugar en el Cementerio Sur de Carabanchel (Madrid) otro sencillo y emotivo homenaje a Isabel. Miles de carteles, pintadas, octavillas, decenas de pancartas, huelgas de hambre y sed en prisión, edición de cuadernillo y otros actos se realizan en decenas de ciudades y pueblos en su homenaje.

Iñaki Kuadra Etxeandia, 26 julio 2010:

Nació en Barakaldo (Bizkaia) hace 49 años. De familia proletaria y luchadora, pronto sufre la represión en carnes propias. Con 17 años, es brutalmente apalizado por la Guardia Civil -en una detención ilegal y no comunicada- para intentar sacarle información sobre el paradero clandestino de su hermano Enrike, militante del Partido Comunista de España (reconstituido).

A partir de entonces, volcado con los presos políticos y la solidaridad antirrepresiva, sufre continuos episodios de guerra sucia parapolicial. Pasa a la clandestinidad con 22 años y se incorpora a los GRAPO.

El 19 de enero de 1985 es detenido cuando se hallaba ingresado muy enfermo en el hospital de Córdoba. En esa macro operación es detenido y encarcelado junto a otros 17 militantes antifascistas.
Es condenado a 52 años de prisión en varios juicios-farsa.

Su salud desde su encarcelamiento se agrava considerablemente, con repetidos ataques epilépticos, problemas neurológicos, de estómago, páncreas y afección crónica de riñón. Se pasa la prisión en primer grado penitenciario, pero continuamente ingresado en las enfermerías penitenciarias de Meco, Soria y el Hospital de la de Carabanchel.


Es testigo presencial de todas las huelgas de hambre que protagonizan los presos políticos del PCE (r) y de los GRAPO, cuando el deterioro físico de estos militantes obliga al Estado a trasladarlos al Hospital Penitenciario de Carabanchel. Pese a su delicada salud, Iñaki es el que los recibe, cuida, mima y anima, con una dedicación absoluta. Alienta a los que están determinados a ir hasta el final, y alienta y consuela a los que la dureza de las huelgas de hambre les hace desfallecer y la abandonan…Todo con un sentido político y camaraderil entrañable.

En 6 de agosto de 1992 se le concede el artículo 60, por enfermedad crónica y grave. El Gobierno a través de la fiscalía protesta: “No es el momento oportuno”, y le es denegado. Empeora aún más, se le pide de nuevo dicho artículo y en abril de 1994 se lo deniegan de nuevo. Su salud no da mucho más de sí y empeora ostensiblemente.

Tras una enorme campaña de denuncia impulsada por la AFAPP y otros colectivos durante todo 1994 y meses del 95, se consiguen miles de firmas exigiendo su puesta en libertad. Le conceden por fin la libertad condicionada y sale a la calle el 11 de abril de 1995. La decisión provocó, un enorme malestar en el Ministerio de Justicia e Interior y, desde luego, en las policías del Estado: “Este departamento no comenta las decisiones de los jueces de vigilancia penitenciaria, pero es obvio que la libertad no se la hemos otorgado nosotros”, dijeron literalmente. Los medios policiales consultados por la prensa burguesa, reconocieron, sin embargo, que “Cuadra Echeandía está desahuciado. Ya lo estaba hace diez años. No creemos que tenga fuerzas para nada” (sic).

Tras más de 10 años de prisión, -en los que ya estaba “desahuciado” según la propia policía- este expreso político de los GRAPO vuelve a casa y se establece en Las Karreras (Bizkaia). Sus enfermedades mejoraron o se apaciguaron en la calle, con médicos no carceleros, infinita mejor alimentación especial, el cuidado familiar… pero aún así siempre ha estado gravemente enfermo, con hospitalizaciones y recaídas.

Este “desahuciado” es vigilado constantemente; de hecho estaba en libertad condicional con la amenaza siempre implícita de volver a ser encarcelado.
El pasado mes de Marzo, tras quince años de “libertad” vigilada, firmó su última orden de presentarse quincenalmente en los juzgados. Y durante estos quince años, Iñaki, nunca se dejó de sentir comunista, nunca dejó de sentirse vasco, nunca dejó de sentirse internacionalista, y nunca dejó de sentirse militante del Partido Comunista del España (reconstituido). Su continuo “lamento” era la consciencia de no poder ser más “útil” a causa de sus enfermedades, que le limitaban física y sicológicamente.

En 2009 se le detecta un cáncer de estómago, del que es operado y sometido a quimio y radioterapia.

A principios del mes de junio de 2010 empieza a sufrir un empeoramiento general, y el 21 de julio ingresa en oncología del Hospital de Cruces, Barakaldo, donde le detectan metástasis.

Fallecio el lunes 26 de julio de 2010.

Se le despidió en un acto civil y político en Barakaldo, rodeado de familiares, amigos y camaradas, y sus cenizas fueron ventadas en el mar Cantábrico, que tanto amó

La cárcel, esa exterminadora de revolucionarios.

Enrique Álvarez Abalde, 16 julio 2010:

Expreso político del PCE(r) durante 9 años y que llevaba 11 años hospitalizado en libertad condicional. Tenía 50 años y era vecino del combativo barrio obrero de Teis, en Vigo.

Empezó a militar desde muy joven en torno a la solidaridad con los y las presas políticas. Fue detenido en octubre de 1980 en una macrooperación contra el PCE(r), en la que le detuvieron y encerraron junto a otros 14 militantes comunistas, entre ellas su compañera.

En 1985 empezó a sufrir continuos desmayos y tras las muchas pruebas correspondientes, los médicos confirmaron en 1987 que sufría una esclerosis múltiple muy avanzada, “una enfermedad desmielinizante del sistema nervioso”. Esta enfermedad es consecuencia de la destrucción de la mielina, una sustancia grasa que envuelve la médula espinal y los centros nerviosos. Al mismo tiempo, otros dos presos políticos comunistas, Mercedes Herranz y Ernesto Fernández Portillo, fueron diagnosticados de tan fulminante enfermedad. Teniendo en cuenta que hay unos 20.000 afectados por esta grave enfermedad, los varios casos que se dieron en prisión en esos años en varios militantes antifascistas, hizo decir a varios médicos que “es una tasa demasiado alta de incidencias en el mismo colectivo de personas para que no hayan influido otros factores”. ¿Tal vez la cárcel, tal vez la alimentación forzosa para enfrentar las numerosas huelgas de hambre que desarrollaron estos represaliados?

Aún de la gravísima enfermedad, hasta 1989 no le fue aplicado a Enrique el artículo 60 por enfermedad grave e incurable, y fue a finales de ese año cuando fue excarcelado en libertad condicional para ingresar en un hospital. Tras constantes recaídas, a finales de los 90 y hasta hoy día de su muerte tuvo que ingresar hospitalariamente ya de forma permanente.

Estuvo ¡nueve años en prisión! condenado por pertenencia al Partido Comunista de España (reconstituido), y llevaba once años ingresado en el hospital a consecuencia de dicha esclerosis múltiple.

Recordemos que en marzo de 2010 se creó en Galicia una enorme polémica, y movilizaciones en Vigo, cuando la Cruz Roja quiso cerrar el hospital en Vigo -por intereses especulativos y económicos- donde se encontraban 70 enfermos graves, y que en el conflicto, 6 enfermos, incluido Enrique, se negaron a abandonar el hospital, creando una importante protesta en Vigo a favor de la sanidad pública.

Desde su absoluta inmovilidad, Enrique, como comunista enorme, nos llamó a la solidaridad con las y los represaliados políticos. El que dedicó sus mejores años de la vida y su salud a luchar y a procurar apoyo de todo tipo para los hombres y mujeres encarcelados por luchar por un mundo mejor y más justo, nos abandonó con las palabras que siempre lució por bandera: “Amor y Fuerza, Venceremos”.

Sí, hay personas que luchan un día y son buenas, pero los que luchan toda su vida, hasta su último suspiro, esos siguen siendo los imprescindibles.

José Ortín Martínez, 21 marzo 2009

José Ortín Martínez nació en septiembre de 1945 en el madrileño barrio de Ventas, en el seno de una numerosa familia. A los 14 años comenzó a trabajar de electricista -profesión de su padre- en la empresa ARIJA. Posteriormente trabajó durante varios años en la fábrica de componentes eléctricos DEMAG.

Los años 68-69 serán decisivos para José Ortín. Son los años en que su conciencia de clase -y su fino olfato político, habría que añadir- le llevan a apartarse de las luchas sindicales promovidas por los traidores carrillistas y a buscar otro camino en el que poder iniciar lo que sería su larga andadura de militante comunista. Hacia 1970 se incorpora a la OMLE (Organización Marxista-Leninista de España) y participa activamente en las tareas de reconstrucción del partido. Una vez celebrado el congreso que daría nacimiento al PCE(r), Ortín se ocupó siempre de tareas de organización, primero desde el Comité Local de Madrid y posteriormente desde el Comité Central.

Detenido y torturado salvajemente en 1978, pasó por las cárceles de Carabanchel, Zamora, Puerto de Santa María, Herrera de la Mancha, donde se sumó a la larga huelga de hambre en la que perdió la vida el militante del PCE(r) Crespo Galende y tras la que todos los militantes del PCE(r) y de los GRAPO fueron trasladados a la cárcel de Soria, de donde saldría en libertad en 1989, justo en el momento en que todos ellos llevaban a cabo otra larga huelga de hambre contra la dispersión.

Una vez en la calle, Ortín se incorpora inmediatamente al trabajo activo, a las tareas de organización del partido. Al principio lo hace de una forma más o menos abierta, hasta que, acosado día y noche por los esbirros de la policía y la guardia civil, se ve obligado a pasar a la clandestinidad. En junio de 1994 participa como miembro del Comité Central del PCE(r) en el III Congreso del partido. Su enorme compromiso con la causa obrera y popular le llevaría meses después a incorporarse a los GRAPO.

Detenido nuevamente a finales de 1995, fue encarcelado primero en Meco, luego en Valdemoro y finalmente en Foncalent, donde falleció el 21 de marzo de 2009, a los 63 años de edad y por un infarto mientras desarrollaba un vis a vis con su familia.

La biografía de un militante comunista que como Ortín ha pasado toda su vida en la cárcel o en la clandestinidad, se puede resumir en unas pocas líneas. A esas pocas líneas se podrían añadir muchas más en las que se relataran esos miles y un “detalles” que dan fe de una vida entregada por completo a la causa del proletariado. Se podría hablar de la febril actividad que José desplegó durante los últimos años del franquismo, cuando, madrugada tras madrugada, regaba literalmente las puertas de las grandes fábricas de Madrid con octavillas en las que se denunciaba el régimen fascista. Se podría contar que en 1977 al ser detenido el Comité Central del PCE(r) mientras celebraba una reunión plenaria, Ortín fue de los primeros en dar un paso adelante para ocupar uno de los puestos vacíos de mayor responsabilidad. Tampoco habrá nunca espacio suficiente para recoger los testimonios de todos los que le conocieron, de todos los que recordarán siempre la fuerza con la que defendía sus convicciones, su seguridad en el triunfo de la revolución socialista, la firmeza con la que encajaba los golpes, la sonrisa que no perdía ni en los momentos más difíciles.

José María Sánchez Casas, 27 enero 2001

Este histórico dirigente obrero de Cádiz, de 55 años de edad, ingresó en la clandestina OMLE en 1968, cuando era obrero del muelle de Cádiz y un conocido director de teatro.

Participó en el Congreso fundacional del PCE(r) en junio de 1975, resultando elegido miembro del Comité Central. Luego pasó a dirigir el grupo y la revista Pueblo y Cultura.

En julio de 1976 fue detenido, torturado y encarcelado. En 1978 fue puesto en libertad y, recién salido de la cárcel, se incorporó inmediatamente a los trabajos del II Congreso del PCE(r).

Luego, al comprobar las dificultades para realizar un trabajo político amplio y abierto, pasó a la clandestinidad y se integró en la dirección de los GRAPO.

En 1979 fue detenido de nuevo, como máximo responsable de esta organización armada antifascista, brutalmente torturado durante 10 días y encarcelado.

Su estancia en prisión fue una continua situación de aislamiento, dispersión, chapeos y plantes en exigencia del respeto a los derechos mínimos dentro la cárcel. Tuvo que emprender 18 huelgas de hambre.

La más prolongada de ellas duró 435 días, desde noviembre de 1989 a febrero de 1991, siendo dispersado por 15 prisiones distintas. El 10 de abril de 1996 sufrió un infarto al corazón que le dejó al borde de la muerte. Como secuela de la huelga de hambre le quedó una grave cardiopatía.

Desde entonces no cesó la campaña de solidaridad en la calle para que fuera excarcelado debido a su frágil estado de salud, que en prisión se ve minado y agravado día a día. Hasta los propios servicios carcelarios de la prisión de Sevilla II recomendaron a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias que llevara una vida no tan dura si no querían tener una nueva muerte en prisión. Pero su situación cambió muy poco.

Por fin, la lucha popular consigue que el 20 de julio de 1997 fuera puesto en libertad y, una vez más, recién salido de la cárcel, participa en las tareas del IV Congreso del PCE(r).

En total, en las dos tandas, permaneció 20 años en prisión. Nada más salir de la cárcel, la Fiscalía de Sevilla abrió diligencias contra unas supuestas declaraciones suyas, que fueron falseadas y tergiversadas por los medios de comunicación. Todo quedó en nada, pero al ya grave Sánchez Casas ésto sólo le sirvió para empeorar.

Desde entonces, y lo que su salud le permitió, se dedicó a una extensísima obra cultural, teatral y pictórica, siempre con el componente del compromiso político como argamasa. Sus pinturas y cuadros han sido expuestos en varias partes del mundo.

Pero el fascismo siempre le negó su condición de intelectual comprometido y no le entregaron el primer premio internacional del cartel para el Carnaval de Cádiz de 2001 por su pasado y presente comunista.

En octubre de 2000 entró ya en una fase crítica, con continuas hospitalizaciones, hasta que el 27 de enero de 2001 su corazón se paró para siempre. Tras una larga agonía, murió en la UVI del Hospital de Córdoba esperando un transplante de corazón que nunca llegó. Sólo llevaba tres años excarcelado.

Tras su funeral, el 4 de febrero, a pesar de que el gobernador civil no había autorizado el acto de homenaje y de que amenazó con que actuaría en consecuencia, se le rindió un homenaje popular en Cádiz.

Ya por la noche diversos grupos realizaron pintadas y colocaron pegatinas por varios barrios del centro de la ciudad. A la mañana siguiente acudieron a la convocatoria unas 200 personas en la Plaza de España, donde en medio de la emoción general se leyeron varios comunicados de diversas organizaciones españolas y extranjeras, expresando su admiración por la entrega y firmeza de Jose María a lo largo de su larga trayectoria de lucha revolucionaria.

Tras los comunicados los compañeros del grupo de teatro representaron la última obra que había escrito y, finalmente, todos acudieron al muelle a arrojar a la bahía gaditana sus cenizas.

Dejó escritos dos libros (Noveno círculo y La Maraña), la dirección del grupo de teatro La Tralla, veinte obras de teatro, dos mil dibujos, ciento cincuenta cuadros y una multitud de montajes para radio y grupos de teatro.

José María Sánchez Casas, Vargas, tenía compañera y dos hijos.

Un revolucionario, un dirigente comunista nos dejó. Pero su ejemplo pervivirá en nosotros como un ejemplo a seguir de firmeza indoblegable frente al fascismo.

José Manuel Sevillano Martín, 25 mayo 1990

Sevi, nació en Marchena (Sevilla) el 21 de octubre de 1959. Es el mayor de tres hermanos de una humilde familia campesina. En su pueblo natal cursó sus primeros estudios en el colegio Juan XXIII y posteriormente en el Instituto de Marchena, donde su mente despierta amigaba bien con los libros y los estudios.

Allí también conoció a otros jóvenes que posteriormente se incorporarían a la lucha y a la dignidad. Siempre se mostró orgulloso de definirse como obrero del campo.

En las ocupaciones que los jornaleros hicieron de las fincas de los señoritos y cabrones, con continuos cortes de carretera y enfrentamientos durísimos con la Guardia Civil, Sevi se va forjando como luchador y campesino. Entra a formar parte del Sindicato de Obreros del Campo y da vida e impulso al Colectivo Cultural de Marchena.

También ingresa en el Comité Anti-OTAN de aquella localidad. Animado por sus padres, va a Sevilla a estudiar la carrera de Derecho y es en la capital donde contacta con el PCE(r). Deja la carrera en el segundo curso y regresa a Marchena a trabajar como su padre, de jornalero.

Junto a su compañera, Rosario Narváez, su cuñado Antonio y la compañera de éste María Jesús Romero, pasan a la clandestinidad en 1985 e ingresan en los GRAPO. La hija de ambos, Aida, nace en la clandestinidad.

Es detenido en Granada en una acción el 8 de diciembre de 1986 y juzgado en la Audiencia Nacional en 1988, condenado a unos escandalosos 26 años por militancia armada, tenencia de una pistola y expropiación a un banco. Pasó por la tortura y por las cárceles de Granada, Soria y Meco.

José Manuel Sevillano ingresó en la cárcel justo en el momento en que comenzaba la dispersión de los presos políticos del PCE (r), GRAPO y ETA, decretada por el gobierno de Felipe González en un intento de obligar a estas organizaciones revolucionarias a abandonar la lucha.

Era un claro chantaje, planeado por los “cerebros” de la Guardia Civil: cambiar la vida de los presos por la renuncia a seguir combatiendo al régimen monárquico. Uno de los responsables de este plan, el comandante Masa, había sido el instigador de la campana de torturas en el País Vasco desde 1980 y uno de los implicados en la dirección del asesinato del dirigente abertzale vasco, Santiago Brouard, presidente de Herri Batasuna. Sevillano y sus compañeros combatieron desde el primer momento la política de dispersión, tratando de acumular fuerzas para la batalla final. No querían caer en la provocación del gobierno, pero tampoco podían dejarle hacer con ellos lo que quisieran. La hora de la verdad llegó a principios de noviembre de 1989, cuando el director general de Mazmorras, Antoni Asunción, comunicó a los presos que no pensaba cumplir su promesa de unificarles en una sola cárcel. Asunción había hecho esta concesión a los presos de los GRAPO de la cárcel de Almería que habían llevado una huelga de hambre desde el 25 de Agosto hasta finales de septiembre, poco antes de las elecciones generales de ese año. La provocación era ya imposible de soportar y los presos políticos decidieron responder a ella con lo único que podían: la huelga de hambre a muerte.

El 30 de noviembre de 1989 inicia junto a sus 60 camaradas presos la huelga de hambre contra la dispersión. El 15 de mayo de 1990, tras la tortuosa alimentación forzosa, ingresa gravísimo del Hospital Penitenciario al Gregorio Marañón.

Tras dos infartos, el sionista y GALoso Enrique Múgica, Ministro de Justicia en aquel entonces, aún dice que la huelga de hambre es ficticia y que se mantendrá la dispersión, por buena y necesaria.

El día 25, muere tras 175 días en huelga de hambre. Sus últimos cinco días los pasó en coma mientras los ministros de Interior, Corcuera, y de Injusticia, Múgica, trataban de obligar a los médicos de conservarle la vida como un vegetal. Como posterior y brutal tortura, a su compañera y a su pequeña hija Aida (Libertad) les prohíben verle por última vez: éste es el tan cacareado humanismo del Estado.

Tras conocerse su asesinato leGAL, miles de personas salen a las calles en Vigo, Coruña, Madrid, Barcelona, Zaragoza, Cádiz, Sevilla, Vitoria, Bilbo, Margen Izquierda, Donosti, Arrasate, Hernani, Orereta e Iruña en su homenaje. Hay durísimos enfrentamientos con la policía. En Pamplona un solidario, Eduardo Albéniz, es gravemente herido de bala por policías de paisano y en Vitoria son atacadas numerosas sucursales oficiales y bancarias, al igual que en Hernani y Orereta. En su homenaje y entierro en su localidad natal fue despedido por cientos de solidarios.

Las RAF alemana dió el nombre de José Manuel Sevillano a uno de sus comandos más activos. Durante varios años, se ha venido realizando un homenaje en coincidencia con el aniversario de su fallecimiento en Marchena, su pueblo, que entre pancartas y pintadas olivos silbaban:

Obreros y campesinos
ha sonado la hora ya
avancemos decididos
nuestra fuerza es la unidad.

Txomin Muiños Formoso, 3 enero 1986

Txomin nació el 21 de marzo de 1954 en Gallarta, en el corazón mismo de la Zona Minera vizcaina, allá donde surgió el movimiento obrero vasco.

Era el mayor de seis hermanos de una familia obrera, de padres gallegos emigrados a Euskal Herria.

A los 18 años, después de finalizar sus estudios en la escuela profesional de Muskiz, empezó a trabajar, en los astilleros de la Naval de Sestao.

Al cumplir el servicio militar obligatorio se incorpora de nuevo a su trabajo, donde toma contacto con el PCE(r). Junto con otros camaradas participa en las huelgas del astillero de la Naval, jugando un papel destacado. A los pocos meses de militancia, la dirección del Partido le propone pasar a la clandestinidad, propuesta que acepta de buen grado. Se integra en el Comité Nacional de Euskadi como responsable de Organización.

Txomin padecía la enfermedad de Adison, que necesita de medicamentos especiales y continuados para, simplemente, vivir; esta enfermedad le acompañará durante toda su vida militante y le originó no pocas dificultades para conseguir la medicación, necesaria y vital. La policía conocía esta circunstancia y siempre, donde sospechaba que podía estar Txomin, controlaba todas las farmacias.

Era un camarada meticuloso, observador y con una gran capacidad de trabajo y con un profundo conocimiento de la línea política y el rograma del PCE(r), así como de los recursos para el trabajo práctico y clandestino; nunca escatimaba esfuerzos, actitud que le granjeó el aprecio y estima de todos.

Muchos simpatizantes y camaradas de Euskal Herria conocieron los primeros conceptos del marxismo-leninismo a través del camarada Txomin y siempre contaron con su paciencia y apoyo para ir superando las tareas y responsabilidades aceptadas… a veces aparentemente insalvables, y en difíciles condiciones, acrecentadas por su juventud, tanto biológica como política.

Transcurrido un tiempo pasó a ser el responsable político de Euskal Herria, donde juegó un papel importante en el desarrollo y fortalecimiento del Partido en esta nacionalidad.

En 1978 fue propuesto para formar parte de la Comisión de Organización del Comité Central del Partido. En septiembre del 1979 fue detenido por primera vez en Vitoria-Gasteiz. Tras diez días en la DGS, donde es torturado, pasa a la cárcel de Zamora, conociendo la represión y la venganza de los carceleros, en general; pero muy particularmente después de la fuga de Zamora de cinco dirigentes de los GRAPO el 17 de diciembre de 1979.

Salió de la prisión a los seis meses. Al poco tiempo de estar en la calle se incorporó de nuevo a la clandestinidad, desarrollando su trabajo político en Galicia, donde la dirección del PCE(r) le encargó la formación del Comité Nacional, pasando a ser su responsable político. A finales de 1980 fue detenido de nuevo. En esa ocasión los tribunales fascistas decidieron castigar más duramente su militancia comunista y le encarcelaron durante cuatro años.

Durante este periodo, nace en prisión su hija Edurne. La camarada y compañera de Txomin, responsable de propaganda, fue detenida al mismo tiempo que él. Estaba embarazada y dio a luz atada a una cama en aquel asqueroso hospital penitenciario de Carabanchel (Madrid), rodeada de policías.

Esto, sumado a las brutales torturas, represión y falta de atenciones médicas de su grave enfermedad crónica, sumió a Txomin en una profunda crisis mental, que le llevó a la muerte al poco tiempo de salir de la cárcel.

El 3 de enero del 86, Txomin, un camarada valioso y capaz nos fue robado por la política de exterminio del Estado terrorista español.

El fascismo tiene muchas formas de asesinar. El de Txomin fue llevado a cabo tras llevarle en la cárcel al límite de su capacidad y destruirlo psíquicamente hasta que la muerte es la mejor opción, es otra más. Tal vez una de las más cruentas. Si hubiera sido atendido correcta y farmacologicamente en prisión Txomin seguiría entre nosotros. Tal vez enfermo, pero vivo.

Txomin es uno de los militantes del PCE(r) de Euskal Herria más recordado y reivindicado, pues en su muerte -pero sobre todo en su vida- se concentra toda la historia del Partido en esa nación histórica.

Uno de sus hermanos, Juantxu, pasó a engrosar también las filas del Partido y posteriormente de los GRAPO. Fue detenido y pasó en la cárcel 20 años de su vida. Entonces estaba preso pero le negaron el traslado a Euskal Herria tras su fallecimiento para poder asistir al entierro de su hermano.

Juan José Crespo Galende, 19 junio 1981

Muerto en huelga de hambre en la prisión de Herrera de la Mancha el 19-6-81. Kepa nació en Las Carreras (Bizkaia) el 11 de septiembre de 1953 y murió en huelga de hambre en Madrid el 19 de junio de 1981.

Un vecino del pueblo ha escrito un libro sobre su vida porque los 3.000 ejemplares del antiguo, Morir para sobrevivir, están ya completamente agotados desde hace varios años.

Kepa era un comunista vasco, un militante íntegro, una bella persona que entregó hasta su último gramo de fuerza y vida por la libertad colectiva, por el futuro, por la clase obrera. Dejó un recuerdo imborrable. No sólo entre sus camaradas como militante comunista que llevó hasta el final su lucha en unas condiciones, como las que hay en las cárceles, que son muy difíciles, sino entre todos los antifascistas.

Uno de sus camaradas le recuerda en estas palabras:

“Me vinieron a la memoria esas incontables y emocionantes citas en cada pueblo de Meatzaldea, para a las 5 de la mañana repartir la propaganda del Partido, hacer pintadas contra la policía, vender la prensa partidista en las puertas de las fábricas o … conspirar. Tú, Kepa, Margen Izquierda arriba y abajo, explicando pacientemente la labor revolucionaria. Eran años de mucho activismo, de mucha charla con obreros, contactos, gente de otras organizaciones…

Eras muy querido y te hacías respetar, porque eras ‘mucho comunista’, Kepa. Gracias a tu inmensa labor política, muchos conocimos la ideología de la hoz y el martillo, de la dignidad, del amor y de la fuerza. Te rebosaba la ilusión, el ser como hormiguitas, pequeñitas y discretas pero gigantes en sus trabajos.

Pasaste a ser miembro del Comité Nacional de Euskadi del PCE(r), encargado de la prensa y la propaganda, desplegando una gran actividad. Por esta labor política fuiste detenido, pero entonces -como ahora- los tribunales fascistas te colgaron ‘militancia armada’ (¡¡les duele tanto la pluma como el fusil!!) y además de torturarte, se cebaron en su farsa con una condena astronómica.

La cárcel se hacía inmensa para personas como tú. Tan enamorado de los montes, de la mar, de la gente humilde y luchadora.

Agredieron a todo el Colectivo para intentar meternos en el rebaño de los muertos, muy acorde con el prototipo de paz que entonces y ahora defienden. ¡¡Tontos!!, nunca aprenderán que las personas libres, lo son en la calle o detrás de cien muros de cemento y rejas.

En diciembre de 1979, cinco dirigentes de los GRAPO cumplieron con el primer deber de todo preso y se fugaron de la cárcel de Zamora. Nos cayeron chuzos de punta en la brutal represalia: a la tétrica Herrera de la Mancha y a Puerto. Desde el primer día y durante un año, palizas, celdas de castigo, desnudos, aislamiento total. Chulería, nacismo, cacheos, censura absoluta de comunicaciones, bombillas de 25 watios como única iluminación. Y por si fuera poco, el montaje del golpe de Estado del 23 F.

De nuevo a hacerles frente con todas nuestras armas. Huelgas de hambre para obligar al gobierno y a su adalid Galavís a retroceder en su política de exterminio.

La táctica que empleamos fue ponernos en huelga de hambre indefinida dos presos por semana. El primero en iniciarla fuiste tú. No podía ser de otra forma. El coraje, el amor, la entrega los tenías a raudales. Ese 14 de marzo del 81 sabías que se iniciaba la cuenta atrás… hacia la victoria o la muerte. Pero tu decisión fue fruto maduro y perfecto, ejemplo para todos nosotros que la continuamos.

Cuatro meses de terrible hambruna, de brutal violencia por parte del gobierno, pasmas, carceleros y algunos médicos. De silencio total -y cómplice- en sus medios de control informativo. Pero también de borroka en las calles, de golpes tenaces por parte de la guerrilla. Mientras tanto, el reloj tic-tac.

Aún resuenan en mis oidos lo que unos días antes de tu asesinato fueron las últimas palabras con nuestro abogado Juanma: ‘¿No ceden los fascistas, verdad? Pues huelga de sed y hasta la muerte’.

Ese 19 de junio de 1981 tu corazón enorme de hombre bueno dejó de latir. Los muros de Herrera temblaron, las calles de tanto pueblo bien nacido lloraron y las gentes honestas siguieron luchando, porque eras ejemplo de lucha y resistencia.

Acabamos, acabaste con el régimen de Herrera, y llegaron la Comunas. Siempre desde entonces has estado en mi memoria. El Estado terrorista nos ha seguido arrancando a los mejores frutos de este pueblo, con cárcel, exilio, deportación… o muerte. Pero siempre ha encontrado y encontrará lucha y resistencia.”

Herrera de la Mancha, Kepa Crespo y el exterminio de los ‘demócratas’

Carta de un represaliado político vasco. Militante del SRI

Con la intención de poner en práctica la política de máximo aislamiento contra todos los colectivos de presos políticos, la UCD ordena construir lo que iban a ser las futuras cárceles de máxima seguridad españolas. La Dirección General de Prisiones tiene ya proyectada la ‘joya’ de la incomunicación absoluta, la prisión de Herrera de la Mancha, situada en Ciudad Real. Aislada a 200 km. de Madrid, en medio de la meseta, sin posibilidad de acceso en transporte público, con estructura modular y control absoluto tanto de carceleros y guardias civiles como por medio de las últimas tecnologías. Es terminada de construir en febrero de 1979 e inaugurada el 22 de junio, el mismo día en el que ingresan un primer núcleo de presos sociales ‘muy peligrosos’, aquellos dirigentes de la COPEL que quedaban con vida tras las masacres de 1977 y 78. En esos primeros meses las palizas, torturas y malos tratos fueron constantes y diarios. La prensa callaba, los políticos aplaudían la nueva política carcelaria: ‘La reforma penitenciaria total no es Herrera, pero pasa por Herrera’ acostumbraba a decir García Valdés, Director de IIPP.

El 17 de diciembre de 1979 se fugan de la cárcel de Zamora 5 máximos dirigentes de los GRAPO. II.PP. es puesta en el ojo del huracán. La respuesta para acallar las críticas no puede ser más brutal: el 26 de diciembre de ese 79, 22 presos del PCE(r) y de los GRAPO son sacados de Zamora y conducidos a Herrera, siendo recibidos con brutales golpizas, desnudados y totalmente aislados en celdas de castigo. Un militante de los GRAPO incluso perdió el conocimiento por la brutal paliza y tuvo que recibir 20 puntos de sutura en las heridas. Desde ese inicio de 1980 se tenía claro que esa cárcel lo iba a ser de exterminio contra la disidencia política. Las protestas se iniciaron inmediatamente y el 11 de febrero de 1980 el mismo García Valdés declara en Radio Nacional que los GRAPO son unos locos peligrosos, a los que habría que encerrar en cajones de cemento. Dicho y hecho, la represión y el aislamiento se intensifican en Herrera hasta límites insospechados: censura absoluta de correspondencia, malos tratos continuos, recuentos nocturnos diarios, etc. Manuel Pérez (Arenas), Secretario General del PCE(r), es aislado en un cuchitril de dos por tres metros, con una única luz de 20 vatios, las 24 horas encerrado y sin poder leer otra cosa durante diez meses que ¡la hoja parroquial! que un carcelero le pasaba. Durante 1980 Herrera vive 3 huelgas de hambre de militantes comunistas, con 62 días de ayuno en total. La situación se hace insostenible para Valdés, que tiene que dimitir tras ser acusado de permitir torturas por parte de carceleros. El 23F de 1981 se lleva a cabo el golpe de Estado y se ha escrito que el General Pardo tenía en sus planes sacar a los presos políticos de Carabanchel y fusilarlos y de ahí partir hacia Herrera. Dos semanas más tarde se inicia la huelga de hambre a tumba abierta de todos los presos del PCE(r) y de los GRAPO para protestar contra el régimen de exterminio que se vive en esta prisión.

El 19 de Junio de 1981 muere el preso político vasco, militante del PCE(r) y recluido en Herrera, Kepa Crespo Galende, a los 90 días de huelga. Otros 12 quedan con serias e irrecuperables lesiones. El nuevo Director de Prisiones, Galavís, firma un documento a finales de junio donde se compromete a respetar a los presos y reagruparlos fuera de Herrera en el plazo de seis meses. Estos 6 meses se convirtieron en dos años, pues hasta octubre de 1983, aún quedaban presos comunistas en durísimas condiciones en la prisión de Herrera. El 2 de octubre, son reunificados de nuevo en la cárcel de Soria. Del 20 al 25, llega el grueso de los presos políticos vascos del MLNV a la tétrica Herrera.

Cuatro años de terror contra los antifascistas vascos, catalanes, gallegos, canarios y españoles, en que Herrera de la Mancha se había cobrado una preciosa vida: Gogoan Zaitugu Kepa!, había visto miles de horas de aislamiento y permitido palizas, torturas y el vertido de mucha sangre. El terrible testigo pasó a manos de los voluntarios vascos, que sufrieron la continuación de esta política de castigo a la disidencia política revolucionaria.

El hambre y la sed de libertad empujó, hace 25 años, a Juanjo Crespo a morir luchando

Diario Gara, 15 de junio de 2006

«No voy a volver a Herrera a recoger colillas», afirmaba Juan José Crespo, «Kepa», cuando emprendió la huelga de hambre por unas condiciones dignas que, conscientemente, le costó la vida. El militante vasco no reculó en el pulso político con el Estado español hasta el último soplo de vida. Su ejemplo es recordado y homenajeado cada año en Las Carreras, su barrio natal. El sábado volverá a hacerse.

«Morir para sobrevivir». Ésta fue la frase que acuñó el vecino de Las Carreras y militante del PCE(r) Juan José Crespo Galende al describir la huelga de hambre que emprendió en marzo de 1981 en la recién estrenada «cárcel de exterminio» de Herrera de la Mancha. Una descripción trágicamente real, ya que agotó el último y más extremo de los medios de protesta con que cuenta un prisionero. Exhaló el último soplo de vida después de 97 días en huelga de hambre por unas condiciones dignas.

El militante vizcaino pasó en setiembre de 1979, como cientos de vascos más, a engrosar la lista de presos políticos, que no cesaba de aumentar en proporciones aún mayores que antes de la muerte de Franco. Después de ser arrestado junto a otros compañeros por su activismo político, Crespo o Kepa, tal y como lo conocían en su militancia fue torturado durante días a manos de la Policía.

Kepa ha pasado también a la Historia como reflejo de la apuesta fallida que el Estado emprendió tras la muerte de Franco para acondicionar el régimen. Tuvo como objetivo a los prisioneros políticos y la aplicación de una política penitenciaria extrema, marcada por el aislamiento, individual y colectivo. Así lo afirma el represaliado político y compañero de Crespo Juantxu Muiños, que fue también uno de los primeros en estrenar la primera cárcel de máxima seguridad del Estado español.

El también ex prisionero político y compañero de Kepa Fernando Rodríguez coincide con Muiños al describir «la vuelta de tuerca» que emprendió el Estado español a partir de 1979 contra los activistas políticos, con la política penitenciaria como herramienta renovada. Hasta aquel periodo, los prisioneros de los GRAPO y del PCE(r) eran recluidos, en su mayoría, en Zamora, pero después de la evasión que cinco militantes de los GRAPO realizaron el 17 de diciembre de 1979 de la prisión zamorana, el Estado español aceleró sus pretensiones y los dispersó. Veintiséis de ellos fueron trasladados a Herrera de la Mancha. Entre ellos estaba Juanjo Crespo.

«Carcel de exterminio»

«Según llegabas a la cárcel, te encontrabas con un pasillo de guardias civiles y luego con otro de la Policía española. Al pasar el pasillo, entre golpes, te esperaba la Policía para darte otra paliza. Y luego, una vez que llegabas al módulo, te esperaban los funcionarios, que a base de continuos golpes te desnudaban», relata Juantxu Muiños, que ha pasado 20 años de su vida entre rejas.

Fernando Rodríguez continúa narrando cómo eran las condiciones de vida «en estas «cárceles de exterminio en las que el aislamiento total del preso era el medio para destrozarlo». Según señala Rodríguez, «más que la carga física de las palizas, lo que más sentías eran las vejaciones, las humillaciones para doblegarte. Y pequeños detalles como que cada vez que salías de la celda eras desnudado, y tenías que ir con la cabeza gacha siguiendo una línea recta, de la que si te salías te ganabas una paliza. En el patio, minúsculo, era igual. Sólo podías andar en una dirección y si salías de la línea marcada, llegaban la paliza y las sanciones».

Los dos compañeros de Crespo radiografían el contexto político para afirmar que los presos emprendieron la lucha por su dignidad, con el único método del que disponían: la huelga de hambre. Así, en 1980 pasaron más de 50 días en ayuno, y con la entrada del nuevo año, en enero de 1981, dos de ellos iniciaban una nueva huelga de hambre en Herrera de la Mancha, a la que, de forma paulatina, se sumarían más presos. Es por aquel entonces cuando los prisioneros republicanos de Irlanda llevan a cabo la protesta conocida como «la huelga de la manta».

«Ya ni oía ni veía»

Las autoridades carcelarias se vieron obligadas a llegar a un «acuerdo» con los presos en huelga. Días más tarde, el Congreso español era escenario del «autogolpe de Estado» del teniente-coronel Tejero. Las cárceles no quedan al margen de las repercusiones de este ruido de sables. Así, el 14 de marzo comienza una nueva huelga «contra el régimen de exterminio impuesto en Herrera de la Mancha». Es Kepa, Juan José Crespo, quien reemprende el pulso político al Gobierno español, un pulso al que, de nuevo, se van sumando más prisioneros políticos.

Los vómitos de sangre y los mareos comienzan el 28 de abril, ya con 40 días de ayuno. Crespo es trasladado al Hospital Penitenciario, donde es atosigado por los funcionarios para que claudique en sus intenciones; el Ministerio de Justicia español envía incluso un grupo de sicólogos para que Crespo y los demás presos desistan de continuar la huelga.

El 2 de junio, ante la grave situación del militante vasco, el ministro de Justicia español accede a recibir a una delegación de familiares. Acepta también el último deseo de Kepa de escuchar música vasca y de que los huelguistas sean examinados por un médico independiente, el cual confirma las sospechas de los presos. El facultativo concluye que, dentro de la gravedad, Kepa podía continuar otros cien días en huelga, ya que el agua que bebía estaba manipulada y tenía vitaminas.

«Atado de pies y manos»

«Pues ya ni agua. Hasta el final». Esa es la respuesta de Crespo al análisis médico. Ya para entonces su cuadro era casi irreversible. No veía ni oía, y padecía de dolores extremos. Mientras, el Gobierno español intenta combatir la huelga con estrategias de descréditos difundidas por los medios.

Mikel Ruiz, amigo y compañero de lucha de Kepa, recuerda el día que acudió al Hospital de La Paz, donde fue ingresado Crespo el 8 de junio en estado casi comatoso. «Pese a estar casi en coma, Juanjo estaba custodiado por docenas de policías. Me acerqué a una enfermera y le expuse la situación. Entré al cuarto donde estaba Kepa ataviado como si fuera un médico. No sé si me reconoció, porque no veía ni oía, pero cuando le agarré la mano, sentí que la apretó».

El Gobierno español no vaciló. Los presos del Hospital Penitenciario fueron atados a la cama y alimentados por la fuerza por vía intravenosa. Pero los médicos de Crespo anuncian un inminente desenlace fatal. Los policías, pese a las protestas de los médicos, rodean al militante vasco en estado de coma, y después de atarlo a la cama de pies y manos, le inyectan suero.

El 19 de junio de 1981, tras 97 días, fallece Crespo. Es el primer preso político muerto en huelga de hambre del Estado español. Como dice Mikel, «su generosidad en favor de la lucha del pueblo es manifiesta. Entregó su vida».

«Juanjorentzako Omenaldi onena borrokatzen jarraitzea da»

Errepresioaren eta kartzeletako tratu txarren kontrako borrokaren sinbolo gisa aldarrikatu nahi dute Juanjo Crespo, «Kepa», PCE(r)-ko militantea larunbat honetan, Las Carrerasen egingo dioten omenaldian, gose-greban bizitza galdu zuen 25. urteurrenean.

Horixe adierazi zuen atzo Rolan Gonzalez Iratxo Gorria taldeko kideak, Abantoko auzo horretan emandako prentsaurrekoan. Berarekin batera, Cresporen neska-lagun Asun Alonso eta Mikel Ruiz taldeko kide, bere lagun eta burkide izandakoa ere izan ziren.

«Juanjori egin diezaiokegun omenaldirik onena salatzen jarraitzea da: eguneroko kontu diren tortura kasuak salatuz edota Estatu espainol eta frantsesean oraindik bizirik jarraitzen duen deuseztatze kartzeletako politikak gaitzestuz», ziurtatu zuen Gonzalezek.

Herrera de la Mancha espetxean zegoela bizi-baldintza duinen alde gose-greba hasi zuen Juanjo Crespok eta bizia galdu zuen borroka horretan. Euskal militantearen borroka gogoan izanik, haren irudia ez dela desagertu nabarmendu nahi izan zuten Iratxo Gorria taldekoek.

«Herrera desagertu bada ere, gaur-gaurko gaia dugu hori, orain Herrera bezalako kartzela asko baitaude Estatu espainolean eta frantsesean», ohartarazi zuen Mikel Ruizek. Horrexegatik, beraz, larunbatean Crespori egingo dioten omenaldia «hori guztia bukatu zela oker pentsatzen duten herritar guztien kontzientziari bideratutako dei» bilakatu nahi dute.

«Juanjo izandakoa goraipatu nahi dugu zentzu zehatz batean: borroka ez dela eten. Berak egoera zehatz baten erruz galdu zuen bizitza eta egoera hark, gaur egun oraindik ere, indarrean jarraitzen du», agertu zuen Ruizek.

Testuinguru horretan, Iñaki de Juana Chaos euskal preso politikoari «espetxe-zigorra luzatzeko epaile espainolek aplikatutako zentzugabekeria juridikoa» gogor salatu zuten Iratxo Gorria taldeko kideek. «Gainera, zentzugabekeria juridiko hori lege bihurtu dute», gaineratu zuten.

Ortuellako Patxi Gomez euskal preso politikoaren egoera ekarri zuten gogora orduan eta, kartzelatik atzo atera behar zuen arren, espetxe-zigorra beste 13 urtez luzatu diotela salatu zuten.

Bestalde, Juanjo Cresporen omenez liburu «irekia» prestatu du Iratxo Gorria taldeak. ‘Herri baten urguilua’ izenburupean, euskal militantearen bizitzaren historiaz gain, bere garaiko argazkiak, burkideei egindako elkarrizketak, gaztetako lagunei buruz egindako idatziak edota bere neska-lagunaren hitzak aurki daitezke bertan. Liburua euskaraz edo gaztelaniaz eskuratzeko aukera izango da eta aurkezpen publikoa bihar bertan egingo dute.

Juanjo, Herriarena zara

Rolan González, Abanto,  Carta publicada en Gara, junio de 2003

¿Quién podrá resistir esta mirada?, tituló Alfonso Sastre su reflexión sobre la muerte de Juanjo, haciendo mención a la foto en que aparece pocos días antes de morir. Una cara que hace más pequeña la barba, la piel sobre el hueso, y dos ojos que, a fuerza de grandes y fijos, no miran a ninguna parte, dos mirillas blancas por las que se ve el sufrimiento y la resignación, el tormento y la esperanza.

Juan José Crespo Galende nació en 1953 en Las Carreras, Abanto, y murió el 19 de junio de 1981 en Madrid , después de 97 días en huelga de hambre en protesta por el trato vejatorio, humillante e inhumano.

Hoy, en la lápida de su tumba, se puede leer el verso de Brecht que termina diciendo: Los que luchan todos los días son imprescindibles. Eso fue la vida y la muerte de Juanjo, un compromiso diario de lucha contra la injusticia, la opresión y la explotación.

Juanjo, Kepa para sus compañeros de Partido, fue detenido, siendo militante del PCE(r), en setiembre de 1979. Fue torturado en la DGS; el famoso Billy el Niño intervino en el interrogatorio. Le destrozaron los pies, le machacaron los testículos con una porra, y de las palizas que le dieron le dejaron completamente deformado, como un monstruo.

Lo más duro es que, a veces, nos golpeaban a uno delante del otro, y eso sobrepasaba a todos los tormentos que te puedan hacer en solitario. Se dio el caso de que, cuando me llevaron por primera vez al cuarto donde él estaba, no le pude reconocer, debido al estado en que le habían dejado. El relato es de la compañera que fue detenida con Juanjo.

De Carabanchel fue trasladado a Zamora y, de ahí, a Herrera de la Mancha. España importó y llevó a la cima el sistema de cárcel exterminador alemán. El objetivo era claro: la destrucción del preso, de su personalidad, reventarle sicológicamente, convertirle en un zombi en un perro amaestrado. Estábamos encerrados en celdas de 2 x 3 metros, casi a oscuras, teníamos prohibido hablar, silbar o cantar. Veinte minutos de paseo al día, obligados a caminar sin levantar la vista. Palizas, malos tratos. En cierta ocasión, Kepa fue aislado durante 40 días por darnos los buenos días, cuenta un compañero de Juanjo, preso con él en Carabanchel.

Juanjo comenzó la huelga de hambre el 14 de marzo de 1981 en defensa de su dignidad, de la suya y de la de todos los presos. En los últimos momentos, cuando todavía podía hablar, expresó su deseo de seguir adelante en su reivindicación, envió un saludo a la clase obrera vasca y pidió un casete con canciones de Euskal Herria. Poco después fallecía. Eran las 15 horas del 19 de junio de 1981.

Veintidós años después es muy duro reconocer que la muerte de Juanjo no sirvió para humanizar el sistema carcelario, sino para evidenciar cuán profundo es el abismo de odio, intransigencia, inhumanidad y soberbia del Estado y sus lacayos, pero también para dar testimonio de que frente a ellos hay personas, como él, que nos impiden perder la fe en el ser humano.