El Pacto de Múnich, cuando las ‘democracias’ entregaban y partían países para los nazis y les animaban a enfrentarse a la URSS.

Texto y foto, paloma atravesada por una bayoneta.

Luchas, derrotas, victorias… Antifascistas

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El Pacto de Múnich

El Pacto de Múnich fue un acuerdo propuesto y firmado por Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña en la ciudad alemana de Múnich el 29 de septiembre de 1938 con la finalidad de dar “oficialmente” el visto bueno a la anexión de los Sudetes –zona industrial y estratégica– y al desmembramiento de Checoslovaquia, por parte de la Alemania nazi y que venía a ser una capitulación en toda regla de los países capitalistas “democráticos” ante los agresores nazis.

Los acuerdos de Múnich fueron el punto culminante de la política exterior seguida por las potencias imperialistas occidentales entre las dos guerras mundiales. Estos acuerdos tenían como objetivo principal empujar a Alemania a una guerra contra el Estado soviético. Calculaban que esta guerra destruiría a la URSS, y que Alemania consumiría en ella su potencialidad militar y económica y, por tanto, dejaría de ser un peligro para las potencias occidentales.

Esta política prosiguió después de septiembre de 1938, siendo sus acciones fundamentales el entendimiento con los fascistas alemanes e italianos para el estrangulamiento de la República española, la tolerancia ante la ocupación de toda Checoslovaquia por los hitlerianos y de Albania por los fascistas italianos, posiciones que culminarían en las negociaciones secretas del verano de 1939 entre los gobiernos británico y alemán con vistas a concertar un amplio acuerdo político y económico para delimitar las esferas de influencia.

Pero las agresiones fascistas no se detuvieron; en el transcurso de 1938 y 1939, cosecharon victoria tras victoria y cambió radicalmente la correlación de fuerzas en Europa y en el mundo a favor del bloque de las potencias fascistas. El peligro de que los intereses imperialistas y hasta la propia existencia de Francia e Inglaterra fueran el siguiente objetivo, empezaron a convertirse en una realidad. Fue esto lo que hizo tomar a Inglaterra y Francia ciertas medidas para frenar el avance de Alemania y a sus aliados.

Tal carácter tuvieron las garantías de ayuda en caso de ataque hitleriano que durante la primavera de 1939 dieron Londres y París a Polonia, Grecia, Rumanía y Turquía. Otra maniobra fue la propuesta de Inglaterra y Francia a la Unión Soviética de comenzar las negociaciones, que se prolongaron de marzo a agosto de 1939, en ellas se puso de manifiesto que las potencias occidentales no deseaban concertar con la Unión Soviética un acuerdo paritario y eficaz, único procedimiento para parar los pies a los fascistas. Todavía más, mientras continuaban, para cubrir las apariencias, las negociaciones en Moscú, los políticos ingleses y franceses intentaron secretamente aliarse con la Alemania hitleriana y concertar un acuerdo sobre la base de ofrecerle libertad de acción en el Este.

Pero el imperialismo alemán ansiaba una redistribución radical del mundo que lesionaba también los intereses de Inglaterra, Francia y los EEUU y ello hacía imposible una alianza entre las potencias occidentales y los Estados fascistas. Los antagonismos entre aquellas y el bloque fascista no podían resolverse a costa de terceros países y pueblos y desembocaron inexorablemente en la colisión armada entre las dos coaliciones de Estados imperialistas, en una nueva guerra mundial.

*Imagen:

“El significado de Ginebra”. Fotomontaje de John Heartfield.

Donde reside el capital no cabe la paz. (Sede de la Sociedad de Naciones).

2 comentarios sobre “El Pacto de Múnich, cuando las ‘democracias’ entregaban y partían países para los nazis y les animaban a enfrentarse a la URSS.

  1. Anonimo Contestar

    Curioso apunte también que ningún diplomático checoslovaco pudo participar en el Pacto de Munich, a pesar de que el destino de Checoslovaquia se marcara ahí.

    Ridícula también fue la actuación del gobierno checoslovaco. Los movimientos obreros y comunistas exigieron armar al pueblo para defenderse. Pero, como siempre, la burguesía tiene más miedo al pueblo que al fascismo y les negaron las armas, exiliandose y abandonando al pueblo a su suerte.

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