Tras la errática postura del PCE, en 1932 se abordó el problema nacional desde una perspectiva de la revolución democrática-burguesa.

Dibujo (dos puños estrechándose)

La solidaridad, arma imprescindible entre los pueblos

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Posición del Partido Comunista ante el problema nacional

Durante los primeros años de vida del Partido Comunista de España, su postura ante el problema nacional fue la de ignorar su existencia. Lo que llevó al PCE a boicotear los Estatutos de Autonomía y a combatir sin distinción a todos los nacionalistas, so pretexto de su carácter de clase burgués, para pasar más tarde a propugnar lisa y llanamente la independencia para Catalunya, Euskal Herria y Galicia, dándole la vuelta al sentido que tiene para los comunistas la defensa del derecho a la autodeterminación.

Ante esta situación la Internacional Comunista, en mayo de 1931, envió una carta al PCE en la que planteaba la importancia que el problema nacional tenía en el Estado español, advirtiéndole que si no se trataba correctamente podría acarrear graves consecuencias para el proceso revolucionario que se había abierto. En ella decía:

«La situación presente, en la cual la lucha nacional de Cataluña, Vasconia y Galicia se ha convertido en uno de los factores más importantes del desarrollo de la revolución democrática española, crea el deber al Partido de operar un viraje serio en su política nacional […] el Partido debe propagar por todo el país el derecho de Cataluña, Vasconia y Galicia a disponer de ellas mismas hasta la separación. Debe defender este derecho con gran energía entre los obreros de España, para destruir su mentalidad hostil al nacionalismo catalán, vasco y gallego. En Cataluña, Vasconia y Galicia, los comunistas deben hacer comprender a los obreros y campesinos la necesidad de su estrecha unión con los obreros y campesinos revolucionarios de España para llevar con éxito la lucha contra el imperialismo español, desenmascarar las vacilaciones de los nacionalistas, llamando a las masas a usar libremente de manera absoluta de su derecho de disponer de ellas mismas hasta la separación…»

Fue en el IV Congreso del Partido Comunista (1932) cuando se corrigieron todos estos problemas y se abordó el problema nacional desde una perspectiva de la revolución democrática-burguesa. Un punto esencial en aquel momento era el apoyo a la tramitación de los Estatutos de Autonomía, por cuanto estos suponían un paso adelante en las transformaciones democráticas que permitirían el acceso ulterior al derecho a la autodeterminación. No obstante, a la vez que apoyaba a los sectores democráticos nacionalistas en sus justas demandas nacionales, el Partido insistía en la necesidad de que la clase obrera conservara su independencia política y organizativa respecto a estos, concretada en la formación del Partido Único del proletariado. Esta postura se vio reflejada en el programa que el PCE lanzó para la formación del Frente Popular y que fue el artífice de la unidad de las fuerzas republicanas y de las burguesías nacionales gallega y catalana.

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