Nuevo libro: ‘¡O todos o ninguno!’, poemario y láminas de esculturas de Pepe Balmón Castell.

Portada “¡O todos o ninguno!” (foto obreros en manifestación).

Poemas y láminas de obras de Pepe Balmón Castell

Nuevo libro “¡O todos o ninguno!”

100 páginas. 7 €. Edición de enero 2019.

Todos las mañanas de domingo del año en el puesto de Tirso de Molina, Madrid.

*28 láminas a todo color, de algunas de sus obras escultóricas, y los siguientes poemas:

-A luchar por los hijos

-La ventana

-Amigo guerrillero

-Asesinato democrático

-Nanas del pan

-El traslado

-Felicidades

-Día de la madre

-Mi cama

-Vete, luna

-La fábrica

-Veredicto

-Relevo

-Reinosa

-Mi viejita

-Mentira

-Mi calle

-Vuelva mañana

-La fragua

-Los nuestros

-A la calle

-El patio

-Solidaridad

-Gota a gota

-Lección de moral

-Mis hijos

-Autobiografía

-Reencuentro

Contraportada poemario. (foto de Pepe y pequeño texto de un poema).

*Y la biografía de Pepe Balmón:

Soy Pepe Balmón Castell, natural de La Herrería, una aldea de Fuente Palmera, (Córdoba). Nací en 1942 en una familia de jornaleros. Me tocó crecer en los años de “La Jambre”, del terror, del silencio, de mujeres deluto…, (mi propia madre quedó viuda con cuatro hijos pequeños, tras el paso de los “nacionales”, y luego se “juntó” con mi padre).

Mi padre me decía, “aunque reviente, no serás un destripaterrones como yo”. Y aunque cayeran rayos no permitía que faltara a la escuela. A los 14 años me llevó a Córdoba, a la Escuela de Aprendices de la SECEM, superé el examen y entré; mientras, él trabajaba en los cortijos, de sol a sol, para pagarme la pensión, así que no podía decepcionarlo…, no era el más listo pero si el más constante. Como en la fábula de la liebre y la tortuga. ¡Qué buen invento la constancia!

En el barrio, yo era un extraño, un “cateto”. Conocí a chavales que andaban cercanos a la JOC, que me aceptaron bien y acabé participando. Tras superar los cuatro cursos, entrabamos a trabajar en la fábrica como oficiales de 3ª, en mi caso como ajustador. Por entonces había más de 3.000 obreros…; por mis buenas calificaciones fui destinado al Taller Mecánico, y tuve la suerte de tener como maestros a los compañeros más conscientes y solidarios, (después supe que algunos eran del PCE), que me enseñaron el oficio y el valor del compañerismo, la amistad y la rebeldía de clase. Pronto me fui integrando y como íbamos haciendo reparaciones por todos los talleres y naves, fui conociendo a muchos otros… Ahí fue cuando hice el descubrimiento que ha marcado mi vida: Descubrí el NOSOTROS, descubrí a mi CLASE y descubrí que si nos uníamos, podíamos LUCHAR y CAMBIAR las cosas.

Tras el paréntesis de “la mili”, de la que se volvía “hecho un hombre”, (hablo del 65), es cuando empezamos a ir planteando reivindicaciones más o menos colectivas y dando cuerpo a una “red” por toda la fábrica. Por entonces, con la Ley de Convenios Colectivos, elaboramos una tabla reivindicativa que se discutió en “el bocaillo”, en todos los talleres y en asambleas. En el 66, el PCE lanzó la consigna de ir a las elecciones y “transformar el vertical desde dentro”. De hecho, la mayoría de los que salimos elegidos ya éramos “alternativos” y, durante un tiempo, nos sirvió para impulsar las reivindicaciones, siguiendo una línea asamblearia y de consulta permanente con los compañeros. Esto me acarreó varios expedientes, el acoso policial y una corta detención…, y el despido, contra el que hubo una respuesta impresionante de todos los compañeros encerrados en la fábrica…, y acabé siendo readmitido… ¡Cuánto puede la unidad!

Fui comprendiendo que la lucha económica, por sí sola, no va a ninguna parte. Lo poco que conseguíamos con mil esfuerzos, era anulado de un plumazo, con un decreto. Así, el propio Estado me enseñó que la clase obrera tenía que tener su propia Organización Política, y ya se veía venir que no era el PCE, embarcado en su Eurocomunismo y sus trapicheos con el régimen, mendigando su legalización para integrarse en él como un lacayo fiel.

Fue entonces cuando conocí a la OMLE y comencé mi militancia política. Por ello, fui detenido en 1974, saliendo absuelto a los 6 meses. En 1975 participé en el Congreso Reconstitutivo y pasé a la clandestinidad. En 1976, fui detenido y torturado por los Willy el Niño, los Conesa, etc. y fui al Hospital Penitenciario “reventado”, saliendo en el 77 con la “amnistía”, por error, por lo que pasé a la clandestinidad sin ni poder ver a mi mujer y tres hijos pequeños. Volví a ser detenido junto al Comité Central en Benidorm, a finales del 77, coincidiendo con la firma de los Pactos de la Moncloa: ellos, a las instituciones, nosotros a la tortura y las prisiones… Fui condenado a 5 años por “asociación ilícita”. Es la diferencia entre colaborar con el fascismo, o mantener la línea de ruptura y denuncia del continuismo fascista.

Cuando salí en el 82, era la famosa campaña psoista del “Cambio”, que propició bastantes ilusiones, y parecía que iba a abrirse una etapa en la que el PCE(r) podría hacer su labor más abiertamente… Incluso los GRAPO declararon un alto el fuego, pero la respuesta fué el asesinato de Juan Martín Luna, principal actor del alto el fuego. Ya venían hablando del PCE(r)=GRAPO y habían asesinado a bastantes compañeros y camaradas con la excusa de combatir el “terrorismo” en defensa de la “democracia”, así que temí por mi seguridad y pasé de nuevo a la clandestinidad.

Volví a ser detenido en el 84, mentira, me secuestraron y desaparecieron durante 3 días, me torturaron “clandestinamente” hasta el límite, pero ya había democracia, el Cambio es que había un médico que ordenaba parar a los torturadores… A los tres días, me empujaron adentro de la Comisaria y registraron mi detención, que me negué a firmar. Contar estos horrores sería largo y penoso… Y como ya había “democrassia”, no podía haber Presos Políticos, así que ahora, por la misma militancia comunista, me metieron 42 años de condena: ya era todo un Terrorista…

¿Qué decir de 24 años de prisiones? Para los “demócratas” no basta con meterte en la cárcel, te tienen que hundir, destruirte como militante, hacerte la vida imposible para que te arrepientas hasta de haber nacido, eres un mal ejemplo que hay que erradicar: Dispersiones, aislamientos, acosos, restricciones de visitas, cartas y todo lo que huela a Solidaridad. Contra eso, hemos tenido que hacer decenas de Huelgas de Hambre; una vez eché mis cuentas y me salían ¡3 añossin comer! Dos camaradas murieron en ellas y un buen número han quedado con secuelas muy graves de por vida.

En esos largos años con sus noches eternas, uno tiene todo el tiempo del mundo… Y yo, como otros muchos, empecé a escribir algunos de estos “poemas”. En alguna ocasión, hasta pude hacer “muñecos” con papel de periódico y pasta del arroz “a la cubana”… Luego casi al final de la condena, que ya me dejaron más tranquilo, pude acceder al taller de cerámica y hacer Bellas Artes por la UPV, así que salí mú leído y mú estudiado y con 60 tacos, pero puño en alto… No pudieron pudrirme la sonrisa…, y con ella espero despedirme de vosotros, pero sin prisa…

Y es obligado decir, que no es solo mérito propio: Además de mis convicciones de Clase, siempre han estado ahí mis Camaradas. Y siempre estuvo ahí la Solidaridad de mis Compañeros, Amigos y Familiares… Nunca estuve solo, ni en el agujero más negro de la celda de aislamiento: La Solidaridad es el arma más eficaz contra la represión.

Por cierto, de los 42 años de condena, la ley franquista limitaba a 20 los que había que cumplir, y por otra ley franquista, se “redimía” pena por trabajo o por estudio, así que pagué 18 y medio. Ahora, con los “demócratas”, ya vamos por la cadena perpetua, ¡manda carayo! A esto lo llaman “progreso”. Progreso fascista, naturalmente.

Córdoba, diciembre 2018.

Pepe Balmón

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