Carta de la compañera de Pablo Hasél: ‘no todo es negro, hay un camino para conseguir que los presos políticos salgan a la calle y no entre ni uno más: organizándonos y luchando de forma activa y constante por su libertad’

Dibujo de Gonzalo Royo. (Retrato de Pablo. «LIbertadPablo Hasél».)

Sobre la criminalización:

Carta de la compañera de Pablo Hasél

¡Hola!

Antes que nada, deciros que me encantaría empezar presentándome con mi nombre, pero optando por mantener mi privacidad y dado que hablaré del caso de Pablo de manera directa y cercana, me presentaré únicamente como su compañera. Esta palabra engloba un significado mucho más amplio que el sentimental y espero que así lo entendáis cuando me expreso en la carta. Por otra parte, preparaos para leer porque considero necesario extenderme en esta ocasión.

Lo primero de todo es daros las gracias a todas las personas que habéis hecho y estáis haciendo alguna cosa para frenar esta injusticia, esta vulneración de derechos constante, este atropello a las libertades y los derechos democráticos que viene sufriendo un grueso importante de la sociedad. No me centro en agradecer únicamente los apoyos que se han dado en el caso de Pablo porque quiero que seáis conscientes de que cuando lucháis por la libertad de expresión o cualquier derecho democrático (sin ser selectivos a la hora de ejercer la solidaridad), estáis luchando por la libertad de todas y cada una de las represaliadas políticas. Gracias, infinitas gracias a quienes no paráis de denunciar la represión que están sufriendo los artistas y el resto de personas con unas ideas políticas que cuestionan el régimen establecido. Si hay alguna esperanza de que esto cambie es gracias a personas que luchan día a día para que no haya ni un solo preso político en el Estado español. Gracias a vosotros por luchar desde la calle y a los que están en la prisión o el exilio (un abrazo desde aquí, Valtonyc), gracias por haberlo hecho hasta las últimas consecuencias y por seguir haciéndolo desde cualquiera que sea vuestra trinchera ahora mismo.

Y ahora os hablo de Pablo, la persona a la que más quiero en este mundo y a quien quiero recordarle desde aquí que nunca va estar sola en este camino de la injusticia que lleva atravesando ya muchos años. No voy a explicar el caso de mi compañero desde el principio porque tenéis en internet la información necesaria y precisa sobre sus dos condenas en la Audiencia Nacional, las cuales probablemente lo llevarán a la cárcel en un futuro más bien cercano (5 años y medio o más), pero sí quiero explicar cómo hemos vivido con él todo este despropósito, este acoso y derribo por parte del Estado español hacia una persona digna que no ha parado de denunciarlos pese a vivir en sus propias carnes lo que significa la represión. No esperéis de esta carta un resumen de las bondades de Pablo a nivel personal, íntimo; no voy a hablaros de cómo creció y se educó ni del chico bueno y normal que es. Espero de corazón que hayáis deducido ya vosotros mismos que el Estado no está reprimiendo a extraterrestres ni a monstruos sino a gente normal que se ha cansado de tanta injusticia y ha levantado la voz en algún momento para decir «¡basta!». No quiero apelar a vuestra bondad o lástima, no quiero que sintáis pena y simplemente penséis «pobre chico», quiero y debo apelar a vuestro sentido común y a vuestra conciencia para que entendamos que la lucha por los derechos democráticos es cosa de todos y un día podamos cambiar esto juntos.

En el año 2011 empezó todo este calvario que no ha parado no un solo día. Más de diez policías registrando la casa de un chico de 22 años que hacía canciones y las subía a internet. Lo revolvieron todo. Se llevaron libros, camisetas y discos duros suyos y de sus familiares ante la incrédula mirada de una madre que aún tenía la ilusión de que vivíamos en democracia. No explicaré mucho más del caso porque he comentado antes que había ya información en internet (buscad en medios alternativos, por favor), pero quería hablar un poco de esta primera detención porque se realizó en un año en el cual gobernaba el PSOE y no existía la famosa «ley mordaza». Con esto quiero decir que, evidentemente debemos luchar por tumbar cualquier ley injusta, pero no todo empieza con el Partido Popular ni con la ley mordaza, no es una cuestión tan simple como un cambio de gobierno y una ley concreta, es una cuestión de Estado que llevamos padeciendo desde 1939 y que llena desde entonces las cárceles de presos políticos. No olvidamos a quienes encerraron por avisarnos que la transición supondría una falsa democracia. A día de hoy la represión se ha extendido hasta abarcar diversas capas de la sociedad; raperos, independentistas, políticos, anarquistas, comunistas, estudiantes, trabajadores organizados y personas antifascistas en general. Porque una cosa hay que tener clara, el fascismo tiene impunidad total para enaltecer lo que le dé la gana, para eso ganaron una guerra y se instalaron hasta hoy los abuelos de quienes controlan el poder político-judicial. Perdonad que me alargue hablando esto, pero me molesta sobremanera cada vez que alguien dice que para acabar con la represión política hay que acabar sólo con la ley mordaza o «echar al PP». A Pablo lleva acosándolo la policía sin descanso con el PSOE y luego el PP al mando mientras la «oposición» lo denuncia con escasa frecuencia y la boca pequeña tras la insistencia de muchas personas para se pronuncien al respecto.

No sabéis lo desprotegido que veo a mi alrededor y a mí misma, lo que es sentir miedo de quien va con uniforme y supuestamente nos protege, de pensar «ojalá no sea la policía» cada vez que llaman a la puerta y saber que hay encargados especiales que se dedican exclusivamente a controlar todo lo que escribimos y decimos por teléfono. Que esto lo están leyendo antes de que lo publique en internet, que no tenemos privacidad alguna y que cualquiera que esté sentado en la cafetería de abajo puede ser un policía secreta. Espero que nunca tengáis que derrochar lágrimas viendo cómo le joden la vida a la persona más empática y solidaria que conocéis, que no tengáis que ver cómo llaman a salas de conciertos y actos solidarios para prohibir una actuación o una charla, que no tengas que sentir miedo cada vez que estás en una manifestación y la policía cargue contra ti y presuma después entre risas de haber dejado sus babas en tu cara. Espero que nunca le abran el coche a tus amigos para poner algún micrófono o localizador, que no tengas que ocultar quién eres ni a quién defiendes por miedo a perder un trabajo o que ni siquiera puedas acceder a uno porque tienes una condena injusta de cárcel que te lo impide o el alcalde de tu cuidad hace un par de llamadas para que así sea. Espero que nunca te sigan hasta la puerta de entrada al avión, que no vigilen tus pasos como si fueras un terrorista de Al Qaeda y que la prensa del régimen no se invente noticias diciendo que apoyas a quien desprecias (a Al Qaeda, por ejemplo) para ponerte en contra a la opinión pública. Espero que tengas sentido crítico y sepas que para defender la libertad de expresión de otra persona no tienes que firmar cada una de sus palabras porque la solidaridad consiste en no dispersarse y unirte a una causa para defender un objetivo común.

Por Pablo y por todos los demás represaliados me encantaría poder deciros que cambiar esto será fácil, que cambiando de gobierno y pidiendo indultos todo será una fiesta. Pero no. No aceptaremos indultos porque no hemos cometido ningún delito y tantos años de fascismo no se echan abajo en unos días. Pero no todo es negro, hay un camino para conseguir que los presos políticos salgan a la calle y no entre ni uno más: organizándonos y luchando de forma activa y constante por su libertad. La movilización social no debe parar sino crecer. No controlamos los grandes medios de comunicación así que la única forma que tenemos para hacernos oír es saliendo a calle de manera organizada, reclamando la amnistía total para cada preso político y no parar hasta verlos a todos fuera.

Voy a acabar como empecé, dando las gracias a todas las personas que lucháis por una democracia verdadera y animándoos a no desistir. Por todas y cada una de las personas que han sufrido la represión, porque mañana puedes ser tú o cualquiera de las personas que te rodean, pero sobre todo porque tenemos la obligación de dejarle un futuro mejor a las nuevas generaciones si no queremos que sigan viviendo en una dictadura fascista que cada vez se disfraza un poquito menos de democracia. Me despido con una frase que llevo tatuada en lo más profundo de mi conciencia y espero que os ayude tanto como a mí a resistir a toda esta barbarie con algo de esperanza: «cree en el hombre y la mujer que llegan, cree en el futuro que nunca verás».

¡Un abrazo!

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