«Así se templó el acero», de Nikolai Ostrovski. ¿Cómo se puede templar el carácter, hacerlo más fuerte que el acero, firme en la desgracia, leal en la amistad y fiel en el amor? Descarga.

Portada ‘Asi se templó el acero’.

Biblioteca Popular:

“Así se templó el acero”

Nicolai Ostrovski

El acero se templa al fuego… Pero ¿cómo se puede templar el carácter del hombre, hacer a este más fuerte que el acero, firme en la desgracia, leal en la amistad y fiel en el amor?

A esta pregunta responde el libro de Ostrovski ‘Así se templó el acero’. La mayoría de los personajes de la novela concuerda con prototipos reales, y la vida del protagonista, Pável Korchaguin, coincide en mucho con la del escritor, quien vivió una vida corta (1904-1936) pero heroica.

Fue a consecuencia de graves heridas que sufriera en los frentes de la guerra civil, a los veinte años comenzó a perder la vista y, condenado a la inmovilidad, cuando decidió escribir este magnífico libro acerca de sus amigos, los primeros komsomoles soviéticos.

Obra maestra dentro del socialismo realista. Esta no es una novela de arte burgués, más bien el ardiente acero que lo derrite.

Fragmento:

Allí terminaba la ciudad. Calma y tristeza por doquier. Tenue susurrar del bosque y primaverales olores de la tierra que renacía. Allí habían muerto valerosamente sus camaradas para que fuera más bella la vida de quienes nacieran en la pobreza, de aquellos para los que el propio nacimiento era ya el comienzo de la esclavitud.
Pável se quitó lentamente la gorra, y una inmensa tristeza embargó su corazón.
«Lo más preciado que posee el hombre es la vida. Se le otorga una sola vez, y hay que vivirla de forma que no se sienta un dolor torturante por los años pasados en vano, para que no queme la vergüenza por el ayer vil y mezquino, y para que al morir se pueda exclamar: ¡toda la vida y todas las fuerzas han sido entregadas a lo más hermoso del mundo, a la lucha por la liberación de la humanidad! Y hay que apresurarse a vivir. Pues una enfermedad estúpida o cualquier casualidad trágica pueden cortar el hilo de la existencia».
Sumido en estos pensamientos, Korchaguin abandonó la explanada…

Descarga:

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