
Lecturas. Teatro y guerra
-Madre Coraje y sus hijos
Bertolt Brecht
Escrito en su exilio escandinavo en el fatídico año de 1939, y estrenada en Suiza en 1941 como obra de teatro, Brecht tuvo el acierto de levantar este magnífico retablo de la miseria de la guerra justo antes de que comenzara la más miserable de todas. Sin tener la seguridad todavía de lo que iba a pasar, Madre Coraje… forma parte, por lo tanto, del conjunto de piezas dramáticas que el dramaturgo alemán dirigió contra el expansionismo belicista del III Reich y, más en concreto, contra la sociedad germana que había favorecido el ascenso de Hitler. Hay que relacionarla, por lo tanto, con obras como Terror y miseria del Tercer Reich (1938) y La resistible ascensión de Arturo Ui (1941). Sin embargo, mientras que en esas obras el autor se centra sin apenas disimulo en la descripción y crítica del tenebroso mundo del nacionalsocialismo, Madre Coraje… tiene la ambición de superar el marco histórico concreto de los años 30 y se presenta como un alegato atemporal y permanente contra el mercado de la guerra.

Un SARGENTO y un RECLUTADOR:
RECLUTADOR.— ¿Qué gente se puede reclutar aquí? Hasta en el suicidio pienso a veces, sargento. Antes del doce he de tener listas cuatro banderas para el Maestre de Campo, pero la gente de estos contornos está tan resabiada que no pego el ojo ya ni una noche. Pongamos que por fin atrapé a uno; ni caso hago de su pecho esmirriado o de sus varices. Consigo emborracharlo y hacerle firmar; mientras me quedo a pagar el aguardiente se larga a hacer sus necesidades, y yo arreo detrás porque me escamo; pues ni rastro de él. Se escapó como el piojo cuando te rascas. Ya no hay palabra, ni buena fe, ni honor. Aquí he perdido mi confianza en la humanidad, sargento.
SARGENTO.— Lo que pasa aquí es que estuvieron mucho tiempo sin guerra. Así ¿cómo va a haber moral? Con la paz todo se relaja y hasta que no hay guerra no vuelve el orden. La humanidad se corrompe en la paz. La gente y el ganado se despilfarran como si no valiesen nada. Cada cual traga lo que le peta: una rebanada de queso sobre el pan candeal, y encima una loncha de tocino sobre el queso. Nadie sabe cuántos mozos y caballos habrá en esa ciudad: nunca loscontaron. En sitios estuve yo donde no habían tenido guerra lo menos en setenta años. Pues la gente ni siquiera tenía nombre; nadie sabía ni cómo se llamaba. Sólo donde hay guerra hay listas y registros como es debido, y se guardan las botas en fardos y el trigo en sacos, y se recuentan y se requisan los hombres y el ganado. ¡Ya se sabe! ¡Sin orden no hay guerra!…
1939, estrenada en 1941. 82 páginas. Descarga:
–https://drive.google.com/file/d/1uzqwXY4xXLYy7Pta6qfHj676-egtQSu1/view?ts=691f5ed7