
Muro de solidaridad y denuncia
Entrevista sobre la juventud del Camarada Arenas
En esta entrevista Manuel Pérez Martínez habla de su juventud en el Madrid de la posguerra

Manuel, cuéntanos cómo fue tu juventud en el franquismo
Bueno, más que mi juventud, yo hablaría de mi adolescencia, que transcurrió principalmente aquí en Madrid, cuando nos trasladamos de Marruecos, de Tetuán, mi familia y yo aquí a Madrid después de la independencia de Marruecos.
Fue mi primer choque, se puede decir, con la sociedad, con el mundo, ¿no? Allí en Marruecos las relaciones sociales son de tipo, eran de tipo, semifeudal, una sociedad muy atrasada. Incluso cuando empecé a trabajar allí en un pequeño taller la relación con el patrón era casi de tipo paternal. De manera que cuando nos trasladamos a Madrid y empecé a trabajar en la construcción... En fin, el choque fue terrible, conocí por primera vez lo que es la explotación, no sólo la explotación, sino lo que es el patrón, lo que es la política económica llevada al terreno de la clase obrera, de los sectores más explotados. Entonces era los inmigrantes que veníamos en diversos puntos del territorio.
Y luego añadir a esto las condiciones de vida que teníamos en el pozo del Tío Raimundo. Mi familia vivíamos en una chabola, éramos muchos hermanos y no teníamos más recurso que lo que llevábamos y lo que trajimos desde Marruecos, ¿no? Es decir, la maleta con los cuatro trapos, etcétera. No había agua, no había electricidad, no había pavimento… era lo que entonces era el Pozo del Tío Raimundo, que prácticamente se hacía de noche la chabola, la gente se metía allí y malvivía, ¿no?
Eso yo creo que fue lo que primeramente me creó la conciencia, mi condición de clase. Porque si bien en Tetuán ya había sufrido la explotación, pero la relación con el patrón era casi paternal, no era tan dura.
Mi adolescencia transcurrió en estas condiciones. No tenía una conciencia política, por supuesto, pero sí empezó ya a penetrar en mi, en mi cabecita lo que podido decir la rebeldía, ¿no? El descontento, la idea de que esto no era justo, etcétera. Lo primero que te viene a la mente. Incluso llegué a pensar algunos momentos en proyectos utópicos de sociedad, etcétera.
Luego la juventud ya fue algo diferente, ya me rehíce, ya conseguí salir de ese abismo. Y ya, pues bueno, me relacioné con la juventud, con lo propio de la edad. Aprendí el oficio muy pronto, porque empecé a trabajar con 12 años aquí. Y bueno, ganaba con dinerito trabajando a destajo y bueno, me permitía el goce de ir a bailar como un chico más.
Pero el primer periodo fue en la adolescencia fue lo más duro. Todo debido al choque que se produjo de unas relaciones de tipo semifeudal y paternalista con el patrón a unas relaciones de tipo capitalista donde aquí era la lucha de todos contra todos. Yo recuerdo que mi hermana mayor me decía cuando estábamos en casa, en el chabolo, yo no salía de casa prácticamente, venía del trabajo y no salía del chabolo, porque no era una casa, y sobre todo los domingos que cuando era día de fiesta me decía, "Manolo, ¿por qué no sales?" Y yo le decía llorando, "Es que no tengo amigos." ¿Y cómo que no tienes amigos? Yo le respondía, "Es que aquí la gente es muy mala”. La gente es muy mala.
No entendía por qué era la gente así. La insolidaridad, la lucha de todos contra todos, la situación que había generado el Régimen dentro de la clase y más en concreto en este sector de inmigrantes que venía prácticamente huyendo de los pueblos donde el hambre era terrible y aquí encontraba pues por lo menos un mínimo de subsistencia, trabajando muy duro.
Y eso es todo lo que puedo decir este periodo
¿Cuándo decidiste militar políticamente? Es decir, ¿cuándo pasas de ese estado de solamente ver lo que tienes a tu alrededor a tomar una parte activa en lo que está ocurriendo a tu alrededor? Es decir, a plantearte cambios, que tienen que cambiar determinados aspectos de lo que estamos de lo que estabas viendo.
Bien, es precisamente, yo diría al final de este período. Todavía seguía siendo joven, por supuesto, podía yo tener 16 años, aunque la conciencia ya la tenía anterior. Hay un detalle importante, pero ya en Marruecos, cuando yo trabajaba allí en Marruecos, en el taller, era un taller pequeño, había un marroquí que tenía una carbonería y el carbonero se acercaba algunas veces al taller y hablaba de los rojos.
Curiosamente, mi primer contacto, mi primer conocimiento de que existían los rojos fue aquel momento, y decía los rojos provocaba al patrón, que era muy católico e iba con ese fin. Yo era muy joven, era un chaval. Pero después pensaba en ello y me he dado cuenta que el moro llegaba al taller a provocar el patrón porque sabían que era católico y franquista. Y el moro llegaba allí y decía, "Rojos buenos". Y resulta, luego me enteré, de que había participado en la guerra al lado de Franco. Fue el de las harcas que llevó Franco allí. Este había participado y había entrado en contacto de alguna manera con el movimiento popular. Se había enterado, se había informado y de ahí le venía la idea de que los rojos eran buenos. El patrón cogía unos rebotes tremendos.
Bueno, yo entonces ya empecé a cavilar sobre qué eran los rojos, qué eran los comunistas, qué cosa más extraña que yo no conocía. No obstante, el patrón tiraba a matar a los comunistas. Y como había una relación de explotación a pesar de todo entre el patrón y yo, no me pagaba prácticamente, yo deducía que si el patrón decía que los comunistas, los rojos, eran muy malos, es porque en realidad eran los buenos.
Yo lo pensaba así ya desde entonces ya se puede decir que yo tomé conciencia.
Bueno, entonces al final de este periodo que he comentado antes, yo entré en contacto, en la capilla del padre Llanos, una capilla que hay ahí en el pozo. Entré en contacto con los comunistas. No es que yo anduviera buscándolo, sino simplemente surgió, yo fui allí a estudiar, en fin, una enseñanza básica, prácticamente a leer y escribir porque era analfabeto, no había ido a la escuela y allí empecé a conocer algunos que vivían en la capilla; era una especie de centro parroquial, la llamamos la capilla pero era un centro parroquial que tenía una especie de… le llamaban el común, una especie de pensión, para los migrantes jóvenes que venían de los pueblos y allí el cura Llanos había montado una pequeña comunidad para acoger a estos a estos inmigrantes.
Entonces, también había allí establecido una serie de curitas, que luego serían, al mismo tiempo, se convertirían en los curas obreros. Es un experimento muy interesante. Entonces, entre estos obreros que estaban en el común del Llanos, de la de la parroquia del Llanos, había comunistas y son con los que yo, que frecuentaba la capilla porque después de la escuela andaba por allí, había una especie de bar tal y donde se hacían pequeñas reuniones, en fin, los corrillos típicos de en aquella época no había otro sitio donde hablar. Y menos en el pozo. Y allí me relacioné con los comunistas y es con lo que empecé a entablar conversación, me facilitaron algunos textos. En fin, yo empezaba a leer, yo puedo decir que aprendí a leer en el manifiesto comunista.
Entonces, como yo ya había pensado más de una vez en una sociedad perfecta, desde muy joven, pues no le no le veía ninguna salida en mi planteamiento, siempre veía que fallaba algo, a partir de leer y de aprender a leer en el manifiesto comunista empecé a tomar verdadera conciencia. Es cuando yo me hice comunista, porque empecé a entender lo que en definitiva es el materialismo histórico. Yo lo entendí perfectamente ya desde muy joven. Entonces me hice comunista, me hice partidario del comunismo sin militar todavía. Así fue.
Es decir, estamos hablando de que tu militancia comienza después, es decir, primero hay una toma de contacto con las ideas, pero no hay una actividad política como tal.
Bien, y vamos a dar un paso más. ¿Cuál fue tu primer contacto con el antifascismo? Ya entendiendo antifascismo como ya una apuesta, es decir, hemos tenido una fase de formación, por decirlo así, y ahora después tenemos una fase más activa, es decir, una pequeña militancia, es decir, ¿Cuál fue cuál fue tu primer contacto con la militancia política, con el antifascismo?
Bueno, se puede entender que aquellos comunistas ya eran antifascistas. Entonces nuestras conversaciones giraban fundamentalmente en torno al antifranquismo, o sea, el régimen, la explotación, todavía no hablaban de manera clara de la militancia, pero ya de alguna forma me inducían, veían en mí un cierto potencial, por así decirlo. Y me sugerían, en fin, que había algo más allá de ellos mismos.
Se puede decir que mi primera reunión ya no como militante, sino primer contacto firme fue una reunión que hicimos en la Casa de Campos, venían los colegas del común, donde había algún otro más de Vallecas y esa reunión era una charla que daba una chica joven y eso no me sorprendió, eso me maravilló, ver que las mujeres estaban también metidas en en la lucha. Me acuerdo que hice una pregunta muy ingenua en la reunión aquella, y dije, "Ah, pero las mujeres también luchan." Y se empezaron a reír diciendo, "Este pardillo, ¿de dónde viene?"
Una anécdota, me quedé como diciendo, "Joder, vaya tontería que acabo de decir, ¿no?”. Efectivamente estaba allí la Moza, dándonos una charla, en fin, ahí ya era militante del partido, muy joven, pero ya era militante y se puede decir que es cuando ya a partir de ahí ya les pedí a estos colegas que me contaran algo más, que era clandestino el movimiento. Y había habido un periodo previo de conversaciones, de charlas, me conocían del barrio, era una persona, era currante. Y ahí ya me ligué a la organización del partido.
O sea, el antifascismo se convirtió ya en mi militancia prácticamente.
Entonces, ingresé en el partido en las juventudes, ingresé en una célula. Posteriormente ya, en fin, al poco tiempo ya formé parte del comité de Vallecas en el que contribuí al desarrollo de la organización del partido aquí en Vallecas. Y hubo otro periodo, pues yo me quedé a trabajar en el Pozo y en la parroquia fundamentalmente del Llanos y allí conocí a muchos jóvenes del barrio que eran católicos algunos, otros eran medio anarquistas y tal y formamos una especie de colectivo. Entonces seguíamos la consigna de trabajar para, crear una especie de alianza entre la juventud obrera católica y el partido, se trabajaba un poco por ahí y yo me me apliqué a aquello de lleno.
No tenía una formación todavía, tenía unos conocimientos muy superficiales, pero tenía un espíritu, eso sí, tenía ya un espíritu de clase bastante desarrollado, vamos a decirlo así. La formación vino después, la práctica, el estudio, aunque no había muchos textos, pero algún texto aparecía de vez en cuando, Mundo Obrero, Horizonte, creo que era la revista de la Juventudes, y ahí ya empecé a militar prácticamente en en el partido. Y empezaba a hacer una labor entre la juventud del pozo y la organización de Vallecas del partido de la juventud.
Ahí fue cuando de hecho me impliqué de lleno. Yo diría, porque esto después lo fui descubriendo, me di cuenta que entre muchos de los llamados militantes mayores, pues no militaban y era una cosa que yo no entendía. Yo estaba plenamente entregado a este asunto, al partido, a la actividad. Llegaba un fin de semana y había mucha gente con la que no podías contar. Yo decía, "Pero, ¿esto qué es?”. Tenía sus cosas, tenía que salir por la novia, tenía que ir a hidratar a un buen sitio y yo no lo entendía, porque para mí no había descanso. Para mí, como el Quijote, el descanso era batallar. Era así.
Aquello también me empezó… Mis primeros brotes críticos empezaron por ahí. Esto no me cuadra. Esta gente parece que tiene su pequeña vidita privada, que es lo primero. Ya por ahí yo no me cuadraba. Pero continué militando como casi siempre. Y bueno, luego hubo un proceso después de cumplir el servicio militar, estuve dos años en la Marina, allí pude estudiar todo ese tiempo porque tuve acceso a algunos materiales que aquí no existían.
En uno de los viajes que hicimos en el barco, era una fragata, a Francia, a Brest. Allí conocí a un militante del partido, que estaba emigrado allí y me llevó a su casa y me presentó a su familia y algunos camaradas del partido que estaban ahí y me ofreció libros de Lenin, de Stalin... Para mí eso era un tesoro, y me ofreció todos los textos básicos, se puede decir. Me los llevé al barco y eso constituyó para mí un material de estudio básico. En el barco formábamos también una especie de célula, compartíamos todo estos materiales en la panadería del barco. Fue muy interesante ese periodo.
Y allí fue donde ya me resolví porque me di cuenta de que la política carrillista no era una política marxista ni leninista. Hasta ese momento, bueno, había visto muchas cosas que no cuadraban con mi conciencia. Pero a partir de esa lectura ya más pormenorizada, yo diría más profunda de del marxismo y del leninismo y por supuesto de Stalin, me di cuenta el abismo que existía entre lo que predicaban los carrillistas, entonces ya empecé a llamarles carrillistas, no comunistas y lo que era el comunismo. De manera que cuando salí de, al cumplir el servicio, me licencié, ya salí decidido a romper con los carrillistas, de plano. Y es lo que hice.