
Presos políticos escriben y opinan…
Pablo Hasel.
Prisión de Lledoners. Agosto 2026

GOLPES DE SOBREEXPLOTACIÓN
Recientemente salió a la luz que un jornalero de 64 años falleció por un golpe de calor, trabajando en plena ola de calor en una finca agrícola de Serás (Lleida). Se suma a la larguísima lista de trabajadores empujados a la muerte por las condiciones infrahumanas impuestas. En el caso de los crímenes por obligar a trabajar bajo temperaturas peligrosas, las cifras continúan siendo invisibles en la Estadística de Accidentes Laborales al carecer de una categoría específica para el golpe de calor. Imposibilitando así que conozcamos cuantas víctimas provocan por golpes que realmente son de sobreexplotación. El calor no mataría en el puesto de trabajo si se tomaran las precauciones necesarias. Lo que mata es que los explotadores pongan en serio riesgo a los trabajadores sabiéndose impunes.
En este caso corno en la inmensa mayoría, los verdugos han salido de rositas. Cuando en rara ocasión reciben condenas, estas son ridículas. Salvo dignas excepciones, tampoco existen numerosas protestas y luchas para enfrentar el exterminio constante. Todo ello explica que lejos de poner fin a semejantes atrocidades, vayan en aumento. Una impunidad que no sería posible si el Estado no estuviera en manos de los peores explotadores. Que cuentan con la gran ayuda de partidos políticos, sindicatos, medios de desinformación y cuerpos represivos.
Las sangrantes condiciones laborales en el campo -sin olvidar las que padecen tantos otros sectores- también son invisibilizadas por sus perpetuadores. Estas, que aún se ceban más con la población migrante mientras lo callan los racistas, llegan al punto de forzar a muchos temporeros a dormir al raso tras largas y extenuantes jornadas de trabajo. Sin ofrecer alojamiento decente a menudo y con sueldos miserables (muchos de estos, en negro e incumpliendo el pírrico convenio), una parte de los jornaleros no tiene ni donde alojarse. Así, las ciudades, pueblos y alrededores de los campos de sobreexplotación, están llenas de jornaleros sin techo. Algo que han permitido y permiten absolutamente todos los partiduchos del Régimen que han ocupado las instituciones. De ahí que cuando los falsos progresistas de la «izquierda» del capital quieran ganar votos yendo de ayudantes de los migrantes y de los trabajadores, haya que recordar este tipo de cosas.
La grave vulneración del derecho a la vivienda digna y aún más tras desempeñar algunos de los trabajos más duros, provoca que muchos jornaleros levanten chabolas. En Huelva ardieron cientos de estas en dos incendios. Murieron cinco trabajadores que estaban sobreexplotados en la recogida de la fresa, donde muchas trabajadoras denunciaron agresiones sexuales por parte de los patrones. Las instituciones siguen sin poner solución volviendo a recordar al servicio de quienes están.
Este panorama totalmente opuesto a lo que encima llaman «Estado del bienestar», demanda ser denunciado sin medias tintas. A la par que combatido con organización que realmente enfrente la raíz del terrorismo explotador. No permitamos que culpen al calor o hablen como si tanta barbarie fuera inevitable. Su criminal sobreexplotación tiene fecha de caducidad si trabajamos por la revolución, si la acercamos logrando que mientras no sea posible sus golpes no queden tan ocultos, normalizados e impunes.