
Muro de solidaridad y denuncia
El fondo de inversión Vencar Capital busca expulsar a los vecinos de Valverde 46
Los vecinos del número 46 de la calle Valverde, en el céntrico barrio de Malasaña en Madrid, se han visto obligados a luchar por mantener su hogar tras la compra del edificio por parte de un fondo de inversión que pretende sacar la máxima rentabilidad al edificio a costa de expulsar a los actuales inquilinos, un total de 16 familias. Algunos de estos inquilinos llevan más de dos décadas viviendo en el bloque y pagan entre 500 y 900 euros al mes. Según denuncian los vecinos, el plan del fondo de inversión es vaciar progresivamente el edificio para transformarlo en viviendas de lujo o pisos turísticos.
La lucha de estos vecinos comenzó el pasado noviembre con la compra del inmueble por parte del fondo de inversión Vencar Capital, que fue muy claro con sus intenciones desde el primer momento: «Ellos nos han dicho claramente que su objetivo es que nos vayamos, que no existe ningún tipo de posibilidad para la negociación», explicó uno de los vecinos, que asegura que ni siquiera existe la opción de renegociar los alquileres cuando finalicen los contratos. «No existe la posibilidad de quedarse. Nos han dicho que en cuanto se acabe nuestro contrato, nos vamos».
Además de la pérdida de la vivienda, los vecinos denuncian que también les están expulsando de una vida que han construido durante años en el barrio donde habitan. Los vecinos aseguran que los nuevos alquileres podrían alcanzar los 4.000€ mensuales una vez que les hayan expulsado. Con estos precios los vecinos no solo tendrán que buscar un nuevo hogar, tendrán que irse del barrio, algunos de ellos hasta se verían obligados a cambiar su trabajo: «En el momento en el que me tenga que marchar de aquí me tendré que ir también de este barrio. Tendré que pedir un traslado e irme a la periferia para poder asumir los precios» se lamenta uno de los vecinos.
Este bloque en lucha se ve reflejado en la lucha que llevaron a cabo en Barcelona en la Casa Orsola, donde, tras tres años de movilización vecinal y una intensa presión social, el Ayuntamiento de Barcelona y la Fundación Hàbitat3 compraron el edificio para evitar la expulsión de sus inquilinos.
Desde Barcelona, uno de los vecinos de Casa Orsola recuerda que la movilización vecinal fue clave y el hecho de que el 40% de la población de la ciudad viva de alquiler hizo que el problema fuese comprendido y extendido por facilidad por los barrios que les apoyaron. Aun así, admite que el desenlace le dejó sentimientos encontrados: «Nosotros agradecimos el gesto, pero no entendimos que se premiara a un especulador con tres millones más».