
Muro de solidaridad y denuncias:
Torturas y consecuencias
-Fallece Iker Aristu, reconocido oficialmente como víctima de torturas por el Gobierno de Navarra.
El pamplonés, detenido en 2008 en una operación contra la denominada kale borroka y absuelto en el juicio, relató a través del teatro las secuelas psicológicas sufridas.
«La tortura acabó con su vida», afirman sus allegados
Iker Aristu, quien fuera detenido en el año 2008 en el marco de una operación contra la kale borroka y luego absuelto en el juicio, falleció el 6 de septiembre a la edad de 38 años. Aristu fue arrestado por la Policía Nacional bajo las órdenes del entonces juez de la Audiencia Nacional y actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Tras denunciar haber sido sometido a graves torturas, ingresó en prisión, donde permaneció recluido durante unos meses.
Siete años después de su arresto, Aristu y otras nueve personas fueron juzgadas bajo la acusación de pertenencia a la organización juvenil Segi. Durante dicho proceso judicial, varios de los encausados se ratificaron en las denuncias por los malos tratos sufridos durante su incomunicación. Un juicio que culminó con la absolución de todos ellos porque no quedó probado que ninguno formara parte «activa» de la organización y «menos aún» que dirigiesen ningún talde en Pamplona para dinamizarla, sentenció la Audiencia Nacional.

Desde su puesta en libertad, Aristu reconoció haber padecido de manera recurrente episodios de miedo, angustia y ansiedad. Con el objetivo de visibilizar estas secuelas, recientemente plasmó sus vivencias en la obra de teatro corta titulada Gau Ilunak (Noches Oscuras), producida por la entidad cultural Escenika. En una entrevista concedida a Euskalerria Irratia el pasado curso, Aristu, residente en el barrio pamplonés de San Juan, defendió que «el arte es una vía muy adecuada para dar a conocer sucesos tan crudos» y subrayó la necesidad imperiosa de romper el tabú social existente en torno a la salud mental.
Su entorno más cercano ha publicado un comunicado en redes sociales, en el que vinculan directamente su muerte con las secuelas de los malos tratos. «La impunidad para los torturadores sigue siendo absoluta, mientras nosotros seguimos pagando con años de cárcel o, como en este último caso, incluso con nuestras propias vidas», reza el escrito. Sus allegados aseguran que el conflicto «sigue causando estragos hoy en día» y concluyen el mensaje denunciando que «la tortura sigue matando».
En el ámbito institucional, en junio de 2024, el Gobierno de Navarra reconoció oficialmente a Iker Aristu Echeverria como víctima de violencia de motivación política,

Lunes por los presos saharauis
-En Madrid se reanudan los lunes las concentraciones semanales por los presos políticos saharauis.
El Movimiento por los Presos Políticos Saharauis reanudó sus concentraciones semanales en Madrid el 7 de septiembre, exigiendo la libertad de los presos saharauis y una intervención del Gobierno español.
Las concentraciones se celebran todos los lunes desde hace más de cinco años. El pasado 2 de marzo el MPPS conmemoró el quinto aniversario de una protesta que mantiene de forma continuada ante la sede de Exteriores para denunciar las condenas, el aislamiento, los malos tratos y las condiciones de encarcelamiento que sufren los presos saharauis y para exigir al Ejecutivo español que interceda por su liberación.
La reivindicación mantiene el mismo contenido que durante estos años: recordar la situación de los presos políticos saharauis, denunciar las violaciones de derechos humanos vinculadas a su encarcelamiento y señalar la responsabilidad histórica y jurídica de España respecto al Sáhara Occidental. En concentraciones recientes han participado activistas saharauis y representantes políticos españoles.
Movimiento por los Presos Políticos Saharauis (MPPS)

Convocatorias
-Presentación fotolibro Maybe never again
Ateneo Madrid 16 de septiembre.
En el proyecto de Espe Pons gestado durante tres años Maybe never again, la historia de fondo es la Guerra Civil española, y más concretamente el papel desempeñado por mujeres extranjeras que llevaron a cabo enormes sacrificios personales para unirse a la lucha republicana contra el fascismo, ya fuera en el frente, en los improvisados hospitales o atendiendo a los milicianos heridos de las Brigadas Internacionales. Entre estas mujeres había nombres muy conocidos junto a otros que han permanecido invisibles: desde las británicas Nan Green –administradora médica y enfermera– y la enfermera Thora Silverthorne; las enfermeras estadounidenses Esther Silverstein Blanc y May Levine; la doctora polaca, activista e historiadora Dora Lorska; la destacada fotógrafa italo-mexicana Tina Modotti; la filósofa y política activista francesa Simone Weil; la periodista suiza Clara Thalmann; y la escritora, historiadora y ambientalista norteamericana Fredericka Martin. Espe Pons empieza fotografiando los lugares donde trabajaron dichas mujeres, Brunete, Albacete, Huete y Mataró, entre otros. La historia se materializa en sus ausencias: en paisajes áridos, pueblos en ruinas, interiores vacíos. En pasillos con sillas vacantes, vestíbulos con azulejos y escaleras que conducen a estancias desconocidas. Escalones y pilares marcados con surcos, ¿provocados por el clima o por una guerra brutal? La fotógrafa yuxtapone primeros planos de interiores con las inmensas vistas abiertas de paisajes igualmente vacíos e implacables: matorrales y torres de alta tensión; una playa despoblada casi por completo; una vía férrea y una pequeña estación rural: una finca en ruinas enmarcada por altos cipreses; grafitis y bloques de hormigón.