
Muro de solidaridad y denuncia
Acoso a los vecinos de La Cañada en Madrid
Dos juzgados madrileños han admitido a trámite recursos por vulneración de derechos fundamentales que cuestionan la legalidad de las acciones llevadas a cabo por el ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid.
Ambas actuaciones se llevaron a cabo en el sector 4 de la Cañada Real. Una de ellas es la destrucción parcial de la parcela colindante al colegio Mario Benedetti “en presencia del alumnado que asiste aterrado a la destrucción de los muros, los lamentos de las personas y la presencia intimidatoria de fuerza policial armada”, según un comunicado de asociaciones de vecinos del barrio. La segunda fue el derribo de media vivienda cuya inquilina, una mujer con discapacidad visual severa, fue, según testigos, conducida de la mano para firmar la orden de derribo.
La admisión a trámite de estos procedimientos es un nuevo capítulo en una lucha entre los residentes de la Cañada Real y las distintas administraciones y empresas que intentan expulsarlos de sus viviendas, mediante el acoso y el empeoramiento de sus condiciones de vida, unos mecanismos que los propios habitantes consideran incompatibles con el respeto a los derechos fundamentales y su dignidad.
Entre estos ataques se cuentan la aparición de la Guardia Civil a caballo y las órdenes de derribo nocturnas. También denuncian la actitud del ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, con ejemplos recientes como la destrucción de un pasillo escolar que permitía a los estudiantes acceder desde el sector 4 a la zona escolar de Rivas. Este pasillo había sido construido de forma comunitaria y un vecino había cedido el espacio de su propia parcela para permitir que los niños lleguen al colegio sin necesidad de dar un enorme rodeo. Desde la asociación vecinal Barrio Unido comentan que “Lo hizo muy bien, con unos vecinos, pusieron chapas para delimitar el pasillo, lo iluminaron para que por la noche hubiera luz, pusieron cemento para no pisar barro”. Sin embargo, y a pesar de las casi 300 firmas que reunieron para evitarlo, el pasillo fue demolido, afectando incluso a la parcela del vecino que la había cedido.
La Cañada es un barrio de más de 14 kilómetros que, como otros en Madrid, fue consolidado mediante décadas de autoconstrucción vinculada a la falta de acceso a la vivienda que sufre la clase obrera. Desde la asociación denuncian el acoso que sufren: “Nunca ha venido nadie a decirnos por qué estábamos construyendo aquí. Las administraciones, los políticos han hecho una dejación de funciones a lo largo de los años: si realmente esto era una cañada y no se podía construir, ¿por qué han permitido que se construyera? Y cuando ya está construido, ¿cómo vas a echar a la gente de aquí a base de acosarles y de meterles miedo?”.
Desde la asociación también niegan la mala imagen del barrio y afirman que el problema es el abandono que sufren “nosotros hemos estado sin luz, sin agua, nadie se ha preocupado por nosotros. El interés que hay ahora es por los desarrollos urbanísticos”.
Tanto las asociaciones barriales de la Cañada como otros colectivos de Madrid, entre los que se encuentran varias organizaciones de vivienda como la PAH Vallekas, se han movilizado por las condiciones del barrio y las campañas han llegado a amplios sectores de la población. No obstante la luz sigue sin restablecerse, en algunos sectores se cortó el suministro en 2020, y las coacciones de la administración continúan. Es necesaria la solidaridad y la lucha organizada desde los barrios para acabar con esta situación de acoso y que los vecinos de la Cañada puedan vivir en su barrio en unas condiciones dignas.