
Muro de denuncias:
-23-F, los tres golpes
El golpe de Estado permitió presentar a Juan Carlos, designado Rey por el dictador Franco, como un defensor de la democracia
Francisco García Cediel.
El Otro País n.º 118, mayo-junio 2026.
(1º de 2 partes)

45 años después, el Boletín Oficial del Estado publicó el miércoles 25 de febrero la decisión del Consejo de ministros de desclasificar los archivos del caso, tras argumentar que ya no suponen un “riesgo para la seguridad y defensa del Estado”.
El anuncio, unos días antes, generó en principio una cierta polémica mediática no exenta de nerviosismo; la pregunta ¿Por qué en estos momentos se produce dicha desclasificación? Planeó la inquietud sobre todo en los más adictos al pesebre del sistema: las apelaciones a una posible “cortina de humo” del malvado Pedro Sánchez (un clásico), por parte de quienes aspiran a gestionar en lugar de éste los intereses del capital, enmascaraban una preocupación mayor, el miedo a poner en entredicho el papel de Juan Carlos I y de paso el posiblemente mayor mito fundacional del régimen del 78; el papel de la monarquía como defensor de la democracia.
Para alivio del bloque de poder, la pretendida operación de transparencia se quedó en unos magros documentos (153 “unidades documentales”), que no aportaban nada significativo en general respecto a dicha preocupación por parte de los adalides del sistema.
Más que cortina de humo, la iniciativa gubernamental fue un fuego de artificio destinado a respaldar el sistema y en particular la monarquía, algo muy en la línea de la trayectoria histórica del PSOE como defensor acérrimo de dicha institución. El gobierno queda bien con esa medida, alude a la transparencia, aunque no deroga la franquista Ley de Secretos Oficiales, ni desclasifica los documentos sobre la guerra sucia ni el papel de los GAL, y refuerza a una institución cuestionada en los últimos años por su naturaleza corrupta y parasitaria.
Paralelamente, se simplifica un episodio de nuestra historia que no solo ilustra sobre el pasado, sino que se proyecta sobre el presente de un modo innegable.
Ciertamente, analizar los acontecimientos ocurridos en torno a dicha fecha, requiere un ejercicio algo mayor que la versión reducida y edulcorada según la cual el rey salvó la democracia frente a un grupo de nostálgicos del franquismo.
Si nos retrotraemos a 1980, el Estado español estaba gobernado por la UCD, un conglomerado de sectores más o menos provenientes del aparato franquista, encabezado por Adolfo Suarez, existen tres aspectos a mi modo de ver que enmarcan y explican el 23F:
La debilidad e incapacidad del gobierno para llevar adelante el proyecto reformista, demostrando una dubitativa política autonómica, una ineficaz política económica, su incapacidad de resolver el problema de Euskal Herria y de la violencia política, divisiones en su seno, etc.
Además, la actuación contradictoria del propio Adolfo Suárez en el ámbito internacional, incluyendo la asistencia en septiembre de 1979 a la cumbre de los países no alineados en La Habana, siendo recibido por Fidel Castro, generaba una inquietud de la administración norteamericana sobre los derroteros de la llamada transición. A nadie se le escapa que la sombra de los Estados Unidos siempre ha sido muy alargada.
Y, por último, fruto también de la debilidad y fragilidad del propio sistema, la sensación de impunidad ante las ridículas sentencias por intentonas golpistas como la llamada Operación Galaxia (intentona golpista en noviembre de 1978).
En este clima, desde octubre de 1980 se comienzan a producir una serie de reuniones entre Generales y sobre todo coroneles golpistas para perfilar un proyecto en este sentido. Es importante detallar que los coroneles son quienes están directamente al frente de las principales unidades del ejército. Fruto de dichas reuniones se planifica un golpe para situar al frente una Junta Militar cuya fecha inicial es el 2 de mayo de 1981, cuyos pasos previos son sumar a los capitanes generales de las distintas regiones militares, así como políticos fascistas como el expresidente Arias Navarro.
Sin embargo, los miembros de la junta de jefes del Estado Mayor que no comparten dicho planteamiento comienzan a planear otra acción que pueda adelantarse a ellos, para tal propuesta buscan un hombre que la encabece y lo encuentran en el General Alfonso Armada, hasta hacía unos meses secretario de la Casa Real y persona ligada a Juan Carlos I.
Se trata de realizar un golpe blando monárquico y atlantista que auspicie la constitución de un gobierno de salvación nacional, integrando las distintas opciones políticas incluyendo el PSOE, con el apoyo del PCE, dirigido por el propio General Armada.
Se trata de un “giro de timón” dentro del marco constitucional. Es lo que se dio en llamar la “operación De Gaulle”, cuya fecha de consumación prevista es el 21 de marzo.
Tras esos planes se entra en la fase de crear un estado de opinión favorable a la operación; políticos como Alfonso Osorio, dirigente de Coalición Democrática (donde estaba Alianza Popular), lanza la propuesta de “gobierno de gestión”, mientras figuras como Ramón Tamames, entonces diputado del PCE, apunta públicamente a que dicho gobierno podría estar dirigido por un General.

A este respecto, es muy significativo el papel del PSOE y el controvertido almuerzo de Lérida celebrado el 22 de octubre de 1980, solo cuatro meses antes del 23-F, el general Alfonso Armada con Antoni Siurana, entonces alcalde de Lérida y anfitrión de la reunión, Joan Raventós, líder del PSC, y Enrique Múgica, por aquellas fechas portavoz del PSOE para los temas de Defensa.
El contacto del rey con el general Armada (destinado en Lleida al mando de la División de Montaña Urgel n° 4 y más tarde en Madrid, en el Estado Mayor del Ejército), era muy estrecho y durante el mes de febrero de 1981 conversaron o estuvieron reunidos en numerosas ocasiones, por lo menos los días 6; en esa fecha el Rey Juan Carlos que estaba en Baqueira (Lleida), cena con Armada hasta las tres de la madrugada, y también el 7, 11, 12, 13 y 17.
La reunión del 13 de febrero fue particularmente importante y Armada nunca desveló su contenido pero, según el coronel Martínez Inglés, hablaron del estado de las conversaciones con líderes de los partidos, de las medidas para, a través de la llamada “Solución Armada”, detener un golpe duro, que se estaría preparando para unos meses después.
El 23-F del 81 confluyen dos proyectos golpistas que se anularon mutuamente, el propio Tejero así lo manifiesta: “Yo al rey Juan Carlos lo jodí vivo. Él tenía preparado con Armada un Gobierno a su gusto. Pero hacía falta un militar que diera el golpe. Ese fui yo. Es decir: lo mío era necesario para poner el Gobierno de Armada y el Rey. Sin embargo, cuando vi lo que iba a ser aquello lo anulé, lo paré. Luego me traicionaron todos: el Rey, Armada, Milans del Bosch…” (Daniel Ramírez. El Español, 22-10-2023).
-Continúa mañana-