
Muro de denuncias:
Auge punitivo
-Entrevista a Alberto Cordero, autor de «Políticas del castigo. Una anatomía del auge punitivo»
En un contexto global marcado por el endurecimiento penal, la centralidad de la policía en nuestras vidas y el auge de discursos autoritarios, el libro Políticas del castigo. Anatomía del auge punitivo irrumpe como una intervención militante contra el sentido común punitivo. Lejos de una aproximación académica neutral, el libro se posiciona como una herramienta crítica para pensar el presente y abrir horizontes antipunitivistas.
Desde Briega entrevistan a su autor, Alberto Cordero, que presentó el libro en CSA La Libre de Santander en abril.
-En un momento donde cuestionar el castigo parece ir a contracorriente, el texto que escribes nace como una intervención explícitamente política y que tu defines como un “libro militante “¿Qué urgencia política o personal te ha llevado a escribirlo y qué implica escribir desde esa posición y no desde la academia?
Creo que nadie es ajeno a la intensificación del punitivismo en los espacios políticos, podría decir que a mí me ha afectado la misma pero ¿Realmente a quien no le ha afectado? Ya sea a través de los espacios seguros, sean lo que sean, la gestión de conflictos o violencias o diferentes formas de criptocastigo social que se podrían parecer al mobbing o el bullying. En determinado momento, y en mis análisis de la extrema derecha, me doy cuenta de que las lógicas punitivas son centrales en el discurso reaccionario. Sin embargo, también es la parte con un mayor consenso, el famoso consenso punitivo, en los movimientos sociales. Esto me hace ver que estas dinámicas forman parte de una derechización de las políticas emancipatorias, en las que en algunos casos preferimos el control a la libertad. Mi texto está escrito como una herramienta militante porque me parece que el punitivismo desfasado es parte de una izquierda, aunque no me guste mucho este término, que se ha adherido al orden por su propia debilidad. Ha decidido que ante la imposibilidad de ganar hay que apostar a caballo ganador.
También creo que parte de la diferencia entre un trabajo académico y uno militante. La militancia en distintos espacios te ofrece un punto de vista rico, a veces se traduce en debates y otros no, pero desde luego el libro es un proceso permeado por una práctica política militante. También porque el texto, y ya lo veréis al leerlo, no es neutral, ni lo pretende. De hecho, el mismo parte con una cita de Bertolt Brecht, que fue pronunciada originalmente contra el fascismo, ‘‘No pudimos ser amables’’. Cuando las antipunitivas planteamos nuestros debates producimos malestares, a veces incluso se menciona que removemos el dolor de las víctimas o se nos menciona que no lo tuvimos en cuenta. Mi idea es que el punitivismo, la obsesión por el castigo a través de las instituciones o el deseo, es el hijo privilegiado de la reacción. Ante ello, como digo, no podremos ser amables, removerlo todo será necesario porque la tranquilidad no puede ser a cualquier precio.
-¿Cómo se ha instalado esa forma de pensar que convierte el castigo en respuesta casi automática a cualquier conflicto?
Lo primero es ¿Qué es el castigo? Tendemos a tener definiciones muy amplias o bien definiciones muy estrechas de esta palabra. Para mí son distintas formas de coacción, violencia, represión, autoorganización reaccionaria y privación. Además, normalmente tendemos a pensar que estos términos analíticos, y otros que se le suelen sumar, proveen al neoliberalismo de una racionalidad fría e inmoral. Nada más lejos de la realidad, nuestra sociedad es profundamente moralista, no hay mayor correlato de la sociedad de mercado que el moralismo, y, de hecho, ante la deflación de la economía o, directamente, su crisis, la moral también se vuelve más restrictiva. Esto ha sido una constante, tras el crack del 29 en el auge de los fascismos clásicos, se da una intensificación de los valores morales asociados a la etnia alemana, cuya exaltación sirve de punta de lanza para atacar a las partes degeneradas de la nación. En el caso de los gobiernos de Thatcher y Reagan que decir, sus gobiernos se construyeron sobre un gran número de pánicos morales racionalizados. Hoy, en nuestro momento de aceleración derechista, nos encontramos en un punto similar.
-El auge de discursos de “mano dura” no se limita a figuras como Nayib Bukele o Donald Trump, sino que parece haberse generalizado. ¿Qué condiciones sociales y políticas explican esta expansión del imaginario punitivo?
Los proyectos emancipadores han sido ampliamente derrotados, lo que normalmente llamamos realismo capitalista en referencia a Fisher parece haberse impuesto. No obstante, el sueño neoliberal de una sociedad pacificada es siempre un proyecto por realizar, la paz nunca se obtiene del todo. El clima de securitarismo ha leído muy bien la cartografía afectiva de la época, sabiendo como mutar la depresión post-derrota en paranoia, estableciendo marcos de lucha horizontal donde el Estado oscila entre árbitro, arma y armadura. Por ello, también observamos que el derecho penal y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se han incrementado en los últimos años, han ganado en dureza a la par que la criminalidad desciende. La cuestión es que estas políticas del realismo penal no responden tanto al crimen, como a una operación semiótica sobre el crimen y los sujetos asociados a él…

XIV JORNADAS POR LA AMNISTÍA ![]()
Comenzamos la presentación de las ponencias de este año con la CTM, que nos harán un repaso a cómo el movimiento obrero gaditano resiste a la represión y lucha por sus derechos.
¡¡Organicemos la solidaridad!!¡¡Difunde y pásate!!
Sábado 23 de mayo
@CSOlaCasiKa. Móstoles.