
Internacional
Sahara Occidental
Entrevista al representante del Frente Polisario en el Estado español
Los saharauis llevamos 50 años resistiendo y aguantando lo inaguantable
Abdulah Arabi fue delegado saharaui en Euskal Herria desde 2016 a 2020, cuando le nombraron representante del Frente Polisario en el Estado español. Desde entonces, la causa saharaui ha sufrido varios reveses y ha quedado sepultada por un mundo en guerra que se inclina hacia la ley del más fuerte. Arabi recibe a Gara en el campamento de refugiados saharauis de Auserd, en el desierto de Argelia, donde se ha celebrado la 19ª edición del festival de cine Fisahara cuando se cumplen 50 años de la ocupación marroquí de la excolonia española.
Fue delegado del Frente Polisario en Euskal Herria y esta edición del Fisahara cuenta con bastante representación vasca. ¿Cómo es el apoyo social e institucional vasco al pueblo saharaui después de 50 años?
Enorme y muy consolidado, solo tenemos palabras de agradecimiento. Hay muchísimos proyectos con apoyo vasco que nos han ayudado a consolidar las instituciones del futuro Estado saharaui al que aspira nuestro pueblo. Algunos son muy sencillos, pero los hay de gran envergadura en cooperación al desarrollo que nos han permitido consolidar una infraestructura de transporte desde Rabuni [capital administrativa de los campamentos saharauis en Argelia] hacia los campamentos para la distribución de ayuda humanitaria, proyectos de abastecimiento de agua, de mantenimiento de esa red de transportes...
Montar un festival internacional de cine en el desierto parecía una locura, pero Fisahara ya cumple 19 ediciones. ¿Cómo lo valora?
Es la prueba de que sus objetivos se están cumpliendo con creces. Es un festival de suma importancia que ha permitido al pueblo saharaui participar no solo en el ámbito cultural y cinematográfico español, sino también en otros festivales en todo el mundo.
Está siendo clave para la difusión de nuestra realidad, la de un pueblo que está viviendo en campamentos de refugiados como consecuencia de una descolonización inacabada, mal llevada por parte de la potencia administradora, que es España, que sigue teniendo responsabilidades y obligaciones con respecto al pueblo saharaui, pero lejos de cumplir con ellas, se inclina cada vez más hacia las pretensiones de Marruecos.

¿Cómo afecta a la causa saharaui el rumbo que está tomando un mundo en el que se está derrumbando el orden internacional?
La actual coyuntura es peligrosa no solo para el pueblo saharaui, sino para las democracias y la soberanía de los países y de los pueblos. Nosotros no hemos tenido nada fácil en estos 50 años. Hoy, el sendero del derecho internacional, sobre el que siempre ha caminado nuestra lucha, está amenazado por las potencias occidentales que anteponen sus intereses económicos a la legalidad internacional. Es preocupante. Creo que todos los países que creen en un mundo basado en la legalidad deberían tomar al pueblo saharaui como ejemplo.
Llevamos 50 años aguantando lo inaguantable, resistiendo en campamentos de refugiados y viviendo de la ayuda humanitaria para defender el derecho internacional, nuestra autodeterminación e independencia, y la soberanía del territorio del Sáhara Occidental.
Nuestros recursos naturales están siendo saqueados desde hace medio siglo y así lo ha sentenciado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea al declarar ilegales los acuerdos comerciales UE-Marruecos por incluir recursos saharauis sin contar con el consentimiento del propio pueblo.
Y sin embargo, la renovación de la Misión de la ONU para el referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso) habla por primera vez de la soberanía marroquí como una posible solución. ¿Se lo esperaban?
Es un reflejo más de la actual situación internacional. La resolución pone en riesgo el derecho internacional, que es donde se sostiene la cuestión de la descolonización del Sahara, recogida en la Cuarta Comisión de las Naciones Unidas. Marruecos quiere establecer el statu quo de la ocupación, y para ello necesita algo que valide su ocupación de nuestro mediante la fuerza y el saqueo.
Lo intenta condicionando los posicionamientos políticos de los países influyentes, y en eso entra esta resolución. Es un texto muy ambiguo en el que todos podemos encontrar nuestra reivindicación como posible opción. Marruecos intenta dar a entender que ha sido aprobada su propuesta de autonomía cuando no es así. Cualquier solución tiene que ser elegida única y exclusivamente por el pueblo saharaui. Por lo tanto, esta resolución no descarta la autodeterminación ni tampoco aboga por la autonomía dentro de Marruecos como única solución.
Sin embargo, la postura marroquí sí que fue respaldada por el Gobierno de Pedro Sánchez. Un giro que contrasta con su posicionamiento en conflictos como el palestino y las guerras en Irán o en Líbano.
El discurso de Sánchez sobre Oriente Medio, incluso con Ucrania, es perfectamente aplicable al Sahara Occidental, y ahí está su gran incoherencia. Está defendiendo el derecho internacional en unas partes del mundo mientras lo ignora deliberadamente en el Sahara Occidental. En la defensa de la ley frente a la violencia y la guerra no podemos ser una excepción.
¿Cómo son las relaciones entre el Polisario y el Estado español tras este cambio de postura?
Nuestras relaciones oficiales con el Gobierno español quedaron rotas a raíz del giro del presidente Sánchez. Nos hubiera gustado que España, que sigue siendo potencia administradora del Sahara Occidental, hubiera liderado iniciativas que rompieran el impasse actual.
Lejos de hacerlo, se ha inclinado hacia las pretensiones de Marruecos y eso se desmarca del derecho internacional, rompe el consenso que siempre hubo en la política exterior española y la inhabilita como mediador. La ocupación fue consecuencia del abandono de España, que dejó al pueblo saharaui abandonado a su suerte hasta hoy.
Tan a su suerte que tampoco ha incluido en el proceso de regularización de migrantes a los saharauis que viven sin papeles en España. ¿Cómo valora esta exclusión?
El decreto excluye a los solicitantes de apatridia, que en España son en un 95% ciudadanos saharauis. No tiene ninguna explicación aceptable, no responde a una cuestión jurídica, sino que tiene una inmensa connotación política producto de esa manipulación y presión que siempre ha hecho Marruecos en las relaciones bilaterales con España. Es otra forma de profundizar en el sufrimiento de los saharauis en el exilio, porque les impide acceder a unos derechos que ahora no tienen en España.

En 2021, varios periodistas pudimos presenciar la reactivación, a mucha menor escala, del conflicto armado entre el Polisario y Marruecos tras la ruptura del alto el fuego de 1991. ¿Cuál es la situación actual en el frente?
Lamentablemente, la guerra existe desde 2020, se cobra vidas humanas diariamente, Marruecos utiliza armamento moderno como drones, no solo contra soldados saharauis, sino contra población civil. Pero hay un manto de silencio. Los periodistas que nos acompañasteis en esa visita a las regiones militares constatasteis la existencia de esa guerra que Marruecos intenta ocultar o minimizar.
Solo a raíz de esas informaciones publicadas, la ONU empezó a hacer referencia a la guerra, a pesar de que la Minurso está presente y la ve con sus propios ojos. Se ha sacrificado muchísimo por la paz y la autodeterminación, pero tenemos todo el derecho a reivindicar nuestra libre autodeterminación e independencia mediante todas las vías del derecho internacional. Y la acción bélica es una de ellas. Es un derecho a la defensa para los pueblos bajo ocupación.
¿Hay algún cambio en la dinámica y estrategia que vimos en 2021? No parece que las operaciones saharauis estén forzando a Marruecos a sentarse a negociar.
También se puede interpretar de otra manera. A pesar de su superioridad militar, Marruecos no ha podido terminar con el pueblo saharaui en todos estos años. Seguimos ahí, existimos, y por eso formamos parte indispensable de la ecuación. Nadie desea la guerra y nosotros queremos una solución por la vía pacífica, pero dentro del marco del derecho internacional como una cuestión de descolonización.
La única fórmula que contempla el derecho internacional para ello es un referéndum en el que el pueblo saharaui decida lo que quiere ser. Intentar imponer una solución sin contar con nuestro pueblo no va a tener ningún recorrido, no traerá estabilidad y paz a la región del norte de África, que no solo es necesaria para la propia región, sino para Europa y, particularmente, para España, que es la puerta de entrada a la UE desde aquí.
Nadie quiere la guerra, pero tenemos todo el derecho de exigir nuestra independencia por la vía bélica