
Memoria histórica imprescindible:
-Campillos, Málaga, exhuma dos fosas comunes del franquismo en las que podría haber más de 150 asesinados.
El 20% de los restos exhumados hasta ahora en la fosa común de Campillos corresponde a mujeres.
Campillos, en Málaga, está inmerso en la exhumación de dos fosas comunes de su cementerio municipal. En una primera ya fueron exhumados 73 cuerpos de asesinados por los golpistas franquistas. En total, calculan que en las fosas podría haber más de 150 personas.
Justicia y memoria. Es lo que quieren encontrar después de 90 años familiares de víctimas como Paqui González, cuyo bisabuelo fue asesinado en el cementerio de Campillos. «Le llamaban todas las noches para que fuera al cuartel, le pegaban una paliza y así estuvo durante varios días y mi abuela y su madre le llevaban la comida. Hasta que ya un día les dijeron que no hacía falta, que ya no le hacía falta comer». Lo único que tiene de él es un certificado de defunción con fecha de mayo del 37 en el que como motivo de la muerte se lee «traumatismo». «Ella se fue con la pena de que no habían empezado ni a buscar los restos de su padre».

Los arqueólogos están descubriendo cómo asesinaban a las víctimas y las amontonaban maniatadas. Los cuerpos hallados, ha explicado el arqueólogo Cristóbal Alcántara, «demuestran que los mataron y los arrojaron en el mismo momento».
Tras estos trabajos de exhumación, la cifra puede elevarse hasta los 200 asesinatos. En la fosa, además, el porcentaje de mujeres está por encima de la media. «Sumándoles los que hemos recuperado ahora podríamos estar hablando del 20% de mujeres, que está muy por encima de la media en Andalucía y, por ende, de España»

-Libro “País en ruinas. Historias enterradas de la España franquista (1939-1975)”
Alfredo González Ruibal .
“Mientras excavaba la tierra también lo hacía en la memoria”
El arqueólogo Alfredo González Ruibal repasa las numerosas excavaciones en las que ha participado para armar una nueva genealogía del sufrimiento causado por la dictadura, donde las personas anónimas, las más vilipendiadas, protagonizan las historias.
En los últimos diez años, por las manos de Alfredo González Ruibal han pasado los vestigios de esa historia que no tiene espacio en los grandes anales: las botellas descorchadas por los militares triunfadores de la Guerra Civil en la última trinchera excavada durante la contienda y el agua de lluvia que caía en ese momento, las latas convertidas en tazas por los presos en los campos de concentración, los enseres que acompañaron a los fusilados ante la muerte, la vida repleta de miseria de los perdedores.
Su experiencia se convierte ahora en libro con País en ruinas. Historias enterradas de la España franquista (1939-1975) (Crítica, 2026). En la monografía, este arqueólogo e investigador del CSIC desentraña un pasado que todavía brota de entre la tierra en homenaje a aquellos represaliados para los que sobrevivir siempre supuso su continua batalla política.
Comenzar esta historia subterránea por el final de la Guerra Civil nos introduce en la última trinchera, justo donde la República capituló y firmó su rendición, cerca del lugar que hoy ocupa el intercambiador de Moncloa, en el frente de Ciudad Universitaria. “Tiene una potencia simbólica brutal porque ahí comenzó una dictadura que se alargaría casi 40 años, pero es un lugar que continúa olvidado, enterrado”, comenta.
Parece que todo cupo en esa trinchera de 90 centímetros de ancho, incluso la fiesta de los vencedores. Así lo prueban las botellas de sidra y de vino con los que aquellos que impondrían su ideología reaccionaria durante décadas saludaron la llegada del nuevo régimen totalitario. “Por los restos sabemos que hicieron una especie de caldereta de cordero también. Con la retrospectiva del presente, podemos decir que después de aquella fiesta llegó una orgía de sangre, destrucción, hambre y sufrimiento”, apunta el investigador.

El siguiente pasaje no tiene lugar demasiado lejos. Estamos en Jadraque (Guadalajara), en uno de los tantos campos de concentración que el franquismo levantó tras su victoria para decidir el destino, siempre fatídico, pero en miles de casos con resultado de muerte, de sus prisioneros. Albergó a unas 4.000 personas y estuvo en funcionamiento no más de cuatro semanas, las suficientes para que los internos consiguieran convertir hasta ocho latas en tazas. “Les alimentaban a base de sopa o latas de conserva, pero no les daban cubiertos. Comían con las manos o de la olla. Deshumanizarles era parte de la lógica franquista”, comenta el arqueólogo.
También los guardas tiraban algún chusco de pan o cebollas para ver cómo se peleaban por ellas, tal y como recuerdan varios testimonios. “Estas tazas creadas con latas y un alambre que convertían en asa, auténticas obras de artesanía, muestran su capacidad de mantenerse dignos en última instancia”, añade. “De repente, vemos que a 3.000 kilómetros de distancia, en los campos en Polonia de prisioneros alemanes de la Primera Guerra Mundial, también están estas mismas latas. Queda la incógnita de si algún veterano de la Gran Guerra transmitió sus conocimientos en España a través de las Brigadas Internacionales, por ejemplo”.
El sonajero de Martín apareció junto al cuerpo de su madre, Catalina Muñoz, asesinada en septiembre de 1936. Él ya había escuchado sonar al juguete cuando tenía nueve meses y lo volvió a hacer 82 años después, cuando le devolvieron el objeto preciado. El arqueólogo detalla que “no hay un objeto que represente mejor la vesania y la maldad intrínseca de la dictadura que ese sonajero. Es nuestro contravalle de los caídos. Frente a ese monumento que levantaron para contar su película, nosotros tenemos el sonajero de Martín”.

Las zapatillas de Martina Barroso García, militante de las Juventudes Socialistas Unificadas condenada a muerte en 1939, se podrían decir que hasta hacen daño de la sensibilidad que transmiten. “Las hizo antes de ser fusilada para su sobrina Paloma. Es imposible verlas y no imaginarse a Martina en la cárcel, sabiendo que la matarán dentro de poco y utilizando sus últimos momentos para tejer a su sobrina”…