
Del poemario “El arte de resistir”
Pablo Hasel
ADELANTO
Cuando nadie padezca represión
por defender la dignidad colectiva
y las cárceles solo sean
para los enemigos de esta,
ya llevaremos mucho tiempo
siendo huesos o ceniza.
Pero también seremos
la justicia celebrada a diario
en las calles que hoy sangran
barrios maltratados.
Entonces, los herederos
de quienes nos machacan,
sabrán que estaremos
mucho más vivos que su cloaca.
Como entonces no podré celebrarlo,
lo celebro ahora,
brindando con las lágrimas
que me ahorra
saber que el tiempo
en su mazmorra acerca
nuestra hora.

MARCAS
Las marcas de las esposas en nuestras muñecas
nos recuerdan la piel que nos dejamos,
pero a otros se la arrancaron torturados
y el ardor de las ansias de justicia
que pone a hervir la sangre,
en las madrugadas más heladas,
aún abriga porque cuando uno pelea
se calienta.
Las marcas de las esposas en nuestro corazón
dejan profundas grietas
desde las que pueden verse
los latidos que nos impiden compartir,
pero nunca el sepelio de la empatía.
Las marcas de las esposas en nuestra conciencia
son un mapa hacia el lugar que prohibieron
y no dejamos de leerlo
ni con ojos llenos de escarcha.
No dejamos de recorrerlo
ni con las piernas inmovilizadas
y no dejamos de señalarlo
ni con las esposas puestas.

DEMASIADO TARDE
Intentan ahogarme,
pero ya es demasiado tarde,
tragué lágrimas a mares
y el agua no puede ahogarme,
como lluvia, fluye imparable.