
Presos políticos escriben:
Israel Clemente López
Mansilla de las Mulas, 10 de enero de 2026
He tenido ocasión de estudiar la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América que fue hecha pública a comienzos de diciembre de 2025.
Presenta novedades relevantes con respecto a sus precedentes. Los acontecimientos recientes acaecidos en Venezuela, con el ataque alevoso de los imperialistas que conllevó el bombardeo de varias instalaciones militares y el secuestro del presidente venezolano, han venido a dar continuidad y llenar de contenido a diferentes planteamientos que ya avanzaba dicho documento.
Los acontecimientos se suceden a un ritmo vertiginoso. En tan solo una semana hemos asistido a lo que parece ser la consolidación del cerco corsario impuesto por los belicistas estadounidenses sobre el comercio naval venezolano, las amenazas y chantajes neocoloniales sobre su gobierno, la continuación de la campaña de asesinatos en aguas internacionales contra nacionales venezolanos y colombianos con la socorrida excusa de la lucha contra el “narcotráfico”, la exhibición impúdica de Nicolás Maduro y su compañera como trofeos de guerra, etc…
Ahora Washington extiende sus amenazas contra todos los gobernantes y Estados latinoamericanos que no se plieguen a sus pretensiones de ejercer un poder omnímodo sobre el conjunto del hemisferio occidental. Colombia, Cuba y México han sido colocados en el punto de mira.
Por si esto fuera poco, las pretensiones anexionistas sobre Groenlandia han vuelto a ser formuladas de forma inequívoca. Con un año de retraso el gobierno danés se ha visto obligado a salir de su letargo y expresar su oposición a dichas pretensiones. La vergonzosa abdicación danesa en la defensa de su soberanía e integridad territorial venía siendo paradigmática de la lacayuna sumisión mostrada por la burguesía imperialista europea con respecto a los EEUU.
Esta posición claudicante se hacía ya verdaderamente insostenible ante su opinión pública, y sobre todo, ante los ojos del conjunto del Sur Global, que sigue con gran atención todo el proceso de crisis y decadencia del Occidente imperialista.
Algunos imperialistas europeos empiezan a modular un discurso crecientemente antagónico con las prioridades de la política exterior estadounidense. El presidente francés, Emmanuel Macron, se ha visto obligado a contradecir y desafiar públicamente -a su pesar- el rumbo adoptado en Washington. Pese a todos los necesarios matices, esto tiene (y sobre todo puede tener) gran relevancia para el futuro de la OTAN y la UE.
Habrá que seguir atentamente la evolución de las contradicciones interimperialistas, que comienzan a manifestarse con cierta timidez, y aún de forma embrionaria, muy lejos todavía de su pleno desarrollo. En todo caso, ahí ha repuntado la tendencia, lastrada por las mil contradicciones de las burguesías imperialistas europeas y sus distintos grados de subordinación aún al imperialismo estadounidense.
De momento, las gesticulaciones del presidente galo parecen encontrar poco eco en la gran burguesía monopolista germana. Mientras Alemania siga tolerando ser tratada por los EEUU como un Estado parcialmente “intervenido”, fruto de su derrota en 1945, será muy difícil para los principales Estados continentales europeos el desvincularse del tutelaje estadounidense.
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Voy a hacer un breve recorrido por algunos de los principales aspectos contemplados en la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América 2025. No pretendo realizar un resumen de la misma de forma integral, sino detenerme en aquellos que nos ayudan a comprender cabalmente la situación presente y sus tendencias.
Resulta inevitable, e indispensable, abstraernos del tono triunfal, y exultante hasta la hipérbole, que impregna las partes más declarativas de dicho documento. No en vano se trata de un documento público, y contiene en ese sentido numerosos elementos propagandísticos.
Me voy a permitir comenzar por la impresión general que me ha transmitido lo expuesto en dicho documento. Contrariamente a la imagen de superpotencia militar apabullante, dotada de un poder militar omnímodo, que pretenden difundir los genocidas yanquis con sus recientes agresiones en Latinoamérica, a mí la lectura de su estrategia de seguridad nacional me da la sensación de constituir una admisión implícita de sus múltiples vulnerabilidades y de su incapacidad para seguir ejerciendo (o aspirando a) la hegemonía global (si es que alguna vez la ostentaron). Todavía más, parece apuntarse incluso su incapacidad para seguir ejerciendo la dirección del conjunto del Occidente imperialista.
En realidad, dicho documento expone, articula y caracteriza todo un amplio movimiento de redefinición de objetivos y prioridades geoestratégicas que, en rigor, no puede ser descrito más que como un REPLIEGUE. Es, efectivamente, un repliegue con respecto a su sobreextensión anterior.
Veamos de qué manera ingeniosa vienen a admitir implícitamente el imparable proceso de declive en el que se hallan inmersos:
«Dado que Estados Unidos rechaza el desafortunado concepto de dominación global para sí mismo, debemos impedir la dominación global y, en algunos casos, incluso regional, de otros».
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La nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense comienza por su pretensión de ejercer un dominio continental sobre el conjunto del hemisferio occidental: «Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental (…). Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio».
Es decir, EEUU deberá «reconsiderar su presencia militar en el hemisferio occidental», lo que implica «un reajuste de nuestra presencia militar global para hacer frente a las amenazas urgentes en nuestro hemisferio (…) y alejarnos de los teatros cuya importancia relativa para la seguridad nacional estadounidense ha disminuido en las últimas décadas o años».
De hecho, esta redefinición de prioridades en la estrategia militar del imperialismo yanqui conllevará un reposicionamiento de sus tropas con vistas a reforzar los dos escenarios principales (el hemisferio occidental y Asia Oriental) en detrimento de otros teatros de operaciones considerados secundarios o de menor interés.
El dispositivo militar acumulado para su agresión y chantaje a Venezuela es un primer paso en esa dirección. Las pretensiones anexionistas sobre Groenlandia el segundo.
Sin embargo, al imperialismo yanqui se le ven las costuras. Sus pretensiones hegemónicas le quedan grandes con respecto a sus capacidades militares reales. Como bien reconocen, refriéndose al hemisferio occidental, «algunas influencias extranjeras serán difíciles de revertir, dada la alineación política entre ciertos gobiernos latinoamericanos y ciertos actores extranjeros».
Por ejemplo, el contingente desplegado en el Caribe, frente a las costas de Venezuela, puede llevar a cabo un bloqueo naval del país y perpetrar diversos actos de piratería contra su marina mercante, e incluso bombardear objetivos en tierra con aviones de baja detectabilidad y misiles de crucero. Todo esto puede realizarlo con relativa facilidad (que no impunidad). La situación se les complicaría mucho si se ven enfrentados a escenarios de guerra asimétrica. Basta con recordar el fiasco de la Armada yanqui frente a los hutíes yemeníes en el Mar Rojo.
Es un dispositivo militar destinado a amenazar, chantajear y ejercer presiones (matonismo neocolonial) sobre el gobierno venezolano. No está concebido para invadir el país, pues su dimensión relativamente reducida le incapacita para acometer dicho objetivo militar con alguna garantía de éxito.
Todo dependerá de la voluntad de resistencia a la agresión que muestren los dirigentes venezolanos. Si reculan, dicho despliegue militar habrá sido suficiente para conseguir los objetivos políticos buscados por Washington. Pero si no ceden al chantaje imperialista y empiezan a desplegar crecientemente una defensa activa contra ese cerco naval, los “cercadores” pueden enfrentarse a importantes dificultades.
Se evidenciaría, de esta manera, la inadecuación de su despliegue militar actual a los objetivos políticos que pretendía conseguir. La gran pregunta aquí es si los EEUU están en condiciones de hacer mucho más de lo que ya han hecho. Pueden, ciertamente, seguir bombardeando centros de mando político-militares en Venezuela, pero poco más por el momento.
Llevar a cabo un despliegue militar mucho más masivo, con vistas a la invasión de un país de una extensión como la de Venezuela, llevaría muchos meses de preparación; una pesadilla en términos logísticos y de intendencia, y un gasto colosal. Y eso que el teatro de operaciones estaría relativamente próximo (en lo geográfico) a los EEUU.
Tendrían que comprometer importantes fuerzas aeronavales en detrimento de otros escenarios. ¿Realmente pueden hacerlo sin debilitar sus fuerzas en Asia Oriental?
Los EEUU no tienen actualmente la capacidad para librar de forma simultánea dos guerras en escenarios alejados frente a Estados de entidad regional (potencias regionales). Mucho menos para echarle a China (designada como “rival sistémico”) un pulso en el estrecho de Taiwán o en el Mar de la China Meridional al tiempo que desvían fuerzas significativas a otros escenarios.
No debemos perder de vista la interrelación existente entre los distintos escenarios prioritarios de tensiones geopolíticas pues, dada su situación de creciente debilidad, condiciona enormemente las opciones militares de que puedan disponer los EEUU.
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Ello nos lleva, directamente, al siguiente apartado de la Estrategia de Seguridad Nacional Estadounidense: «ASIA: ganar el futuro económico, prevenir la confrontación militar»
«La región del Indo-Pacífico ya es y seguirá siendo uno de los principales campos de batalla económicos y geopolíticos del próximo siglo»
Tal y como reconoce el documento, una de las mayores prioridades militares de los EEUU es articular una coalición asiática de Estados hostiles a China que ayuden al esfuerzo bélico yanqui. No se recoge exactamente en estos términos, pero es lo que se desprende de afirmaciones como:
«Debemos seguir mejorando las relaciones comerciales (y de otro tipo) con la India para animar a Nueva Delhi a contribuir a la seguridad de la región del Indo-Pacífico, entre otras cosas con la cooperación cuatripartita con Australia, Japón y Estados Unidos (“el QUAD”)».
Ciertamente, con sus políticas de avasallamiento y prepotencia neocolonial esta política de alianzas, en lo que respecta a India ha cosechado resultados diametralmente opuestos a los esperados, impulsándola por el contrario a participar más activamente en los BRICS y a tender a una posición de neutralidad en los alineamientos de tipo militar.
Por el contrario, Japón ha adoptado un rumbo creciente de colisión con China en el conflicto por Taiwán y su deriva militarista le lleva a convertirse en un activo aliado y componente esencial del dispositivo bélico estadounidense en Asia Oriental.
Para mantener, e incluso escalar, su política de cerco y contención de China en Asia Oriental los EEUU necesitan forzosamente la colaboración de Japón, Australia, Filipinas y Corea del Sur. No obstante, el reciente Tratado de Asistencia Militar Mutua en vigor entre la Federación Rusa y la República Popular y Democrática de Corea ha alterado todo el equilibrio de poder en la región y el mismo sistema de alianzas. Corea del Sur ya tiene bastantes preocupaciones en su propia península.
India parece sacar partido de su posición de neutralidad y el cerco a China se debilita en lo que concierne a los aliados asiáticos. Para los EEUU todos estos problemas en un escenario tan principal no pueden por menos que afectar y condicionar su margen de actuación en otros escenarios.
Veamos cómo sintetiza el documento publicado en diciembre las tareas a llevar a cabo en tan amplio teatro de operaciones:
«Un equilibrio militar convencional favorable sigue siendo un componente esencial de la competencia estratégica. Es lógico que se preste mucha atención a Taiwán, en parte debido al dominio de Taiwán en la producción de semiconductores, pero sobre todo porque Taiwán proporciona acceso directo a la segunda cadena de islas y divide el noreste y el sudeste asiático en dos teatros distintos. Dado que un tercio del transporte marítimo mundial pasa anualmente por el Mar de la China Meridional, esto tiene importantes implicaciones para la economía estadounidense. Por lo tanto, disuadir un conflicto sobre Taiwán, idealmente preservando la superioridad militar, es una prioridad. (…)».
De hecho, éste parece configurarse como el nudo gordiano geopolítico del siglo XXI. China es bien consciente de ello y se viene preparando, en todos los terrenos, para llevar a buen término la reunificación del país en el horizonte temporal de las dos próximas décadas.
A diferencia de los años 1990, cuando la Armada estadounidense hacía gala de una amplia superioridad sobre la marina militar china, hoy la situación ha cambiado, y tiende a invertirse aun más aceleradamente. Los astilleros militares chinos trabajan sin descanso para dotar al país de una armada moderna capaz de asegurar el éxito de la reunificación de Taiwán con la China continental.
El término “disuadir” quizás constituya un buen indicador del estado actual de la relación de fuerzas existente entre la Armada estadounidense y la china. La inmensa mayoría de los “juegos de guerra” arrojan un resultado desfavorable militarmente para los estadounidenses en un conflicto aeronaval convencional (es decir, no nuclear) en las inmediaciones de la China continental. Motivos de peso para quitar el sueño en Washington y publicitar la necesidad de “disuadir un conflicto sobre Taiwán”.
¿Quiere esto decir que aspiren realmente a prevenir un conflicto bélico en Taiwán? Evidentemente, no.
La tentación de utilizar a Taiwán como un “proxy” destinado a provocar un caos político en China, agravando su situación interna y ralentizando su crecimiento económico, es demasiado fuerte. El fracaso de su “proxy” ukronazi frente a la Federación Rusa debiera, idealmente, mostrarse como un ejemplo negativo que les desalentara de ello, pero no debemos confiar demasiado en la “racionalidad” de los imperialistas.
Son sus intereses los que determinan sus elecciones “racionales”. Y estos intereses dictan que la contención de China debe efectuarse asumiendo riesgos, so pena de resignarse al inevitable ascenso de su rival sistémico. La clave de bóveda de toda la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense descansa sobre la contención de China. Intentar ralentizar su ascenso por todos los medios.
El actual atraso estadounidense con respecto a China en relación con capacidades militares decisivas como las armas hipersónicas, incluidas las antibuque, en construcción naval y modernización de su flota y en las medidas de guerra electrónica y la capacidad de preservar las comunicaciones y ejercer el mando efectivo sobre las tropas en tiempo real, obligan a los imperialistas yanquis, por el momento, a conducirse con mayor prudencia con China en las tensiones militares en Asia Oriental de lo que desearían.
Ello no quita para que éstas sigan desarrollándose, alimentadas por otros actores regionales, como los belicistas nipones, embarcados en un acelerado proceso de rearme y dispuestos a implicarse directamente, tal y como han manifestado recientemente, en el conflicto por Taiwán.
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El escenario asiático es clausurado por el documento estratégico estadounidense en un ejercicio monumental de cinismo: «Un reto de seguridad relacionado es la posibilidad de que cualquier competidor controle el Mar de la China Meridional. Esto podría permitir que una potencia potencialmente hostil impusiera un sistema de peaje en una de las rutas comerciales más importantes del mundo o, lo que es peor, la cerrara y reabriera a su antojo. (…)».
Cuando es, precisamente, la Armada estadounidense la que amenaza constantemente las rutas mercantes de suministro chinas con su destacada presencia en los mares circundantes de China. Pieza clave en la estrategia de contención y, llegado el caso, de cerco de la China continental.
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El documento publicado en diciembre dibuja una panorámica de Oriente Medio que no hace pie con la realidad. Viene a concluir que ya no constituye la gran prioridad de la política exterior estadounidense, al haber culminado un proceso de paz en la región, así como de normalización de relaciones de los Estados árabes con Israel.
Cuando todos los indicios apuntan a la preparación de una nueva agresión americano-sionista contra la República Islámica de Irán, nada de eso se recoge en el documento. Hay silencios que son clamorosos, por todo el sentido y significado que encierran. Este es uno de ellos. No creo que tardemos mucho en comprobarlo.
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En cuanto a Europa, centran su prioridad en que: «Es un interés fundamental de Estados Unidos negociar un rápido cese de las hostilidades en Ucrania, con el fin de estabilizar las economías europeas, evitar una escalada o expansión involuntaria de la guerra y restablecer la estabilidad estratégica con Rusia (…)».
La administración Trump considera que su predecesora cometió el mayor error geoestratégico imaginable. Su acoso a Rusia condujo a que China y Rusia se acercasen y estrechasen su alianza. El objetivo de Trump, y los trumpistas, es separar a China de Rusia, aún a costa de hacer concesiones a Rusia en Ucrania. De forma pragmática reconocen que su “proxy” tiene perdida la guerra; así que la mejor forma de concluir el conflicto es hacer que sus secuaces imperialistas europeos paguen en exclusiva la abultada factura de su prolongación. Es cuestión de tiempo que la realidad militar se imponga.
No deja de ser significativo, en cuanto a cuáles son las prioridades estadounidenses, el siguiente párrafo dedicado a Alemania: «La guerra de Ucrania ha tenido el efecto perverso de aumentar las dependencias externas de Europa, especialmente de Alemania. Hoy en día, las empresas químicas alemanas están construyendo algunas de las plantas de procesamiento más grandes del mundo en China, utilizando gas ruso que no pueden obtener en su país».
De una forma u otra, todos los caminos parecen llevar a China.
MUCHÍSIMAS GRACIAS AL CAMARADA DEL GRAPO ISRAEL CLEMENTE LOPEZ POR SU NUEVO ANÁLISIS. ES UN GRAN PROFESOR, UN GRAN AMIGO UN GRAN DEMOCRÁTA UN GRAN LUCHADOR. UN IMPRESCINDIBLE COMO EL RESTO DE PRESOS POLÍTICOS ANTIFASCISTAS NO ARREPENTIDOS.