
Muro de solidaridad y denuncia
Desalojan el CSR²A Diskordia de Carabanchel
El pasado miércoles 4 de febrero fue desalojado el CSR²A Diskordia en Carabanchel, Madrid. Este es un paso más en la campaña de destrucción de los espacios autogestionados y de organización independiente de la clase obrera por parte tanto del Estado como del ayuntamiento y comunidad madrileños, aunque tampoco podemos menospreciar la importancia de la crisis de vivienda y gentrificación que se vive en los barrios de la capital.
El Centro Social Ruidoso Reokupado Autogestionado
El Centro Social Ruidoso, Reokupado y Autogestionado Diskordia nació en 2023, con un marcado carácter punk y que, durante más de dos años, ha sido un punto de encuentro cultural y político del barrio.
Durante sus dos años de recorrido el espacio llevó a cabo más de ochenta eventos: presentaciones de libros, charlas, debates, jornadas de políticas y sobre todo conciertos, especialmente de punk. “Se reokupó desde un entorno muy musical, relacionado con las okupas, con la idea de generar conciertos y dar espacio al punk politizado”, explican desde el centro social. Muchos de sus integrantes son músicos y hacen hincapié en la importancia de tener prácticas que sean consecuentes con la historia del punk: “No queremos salas del centro que te exprimen, que te obligan a pagar y te sacan los cuartos. Aquí la idea era apoyar a proyectos afines, no ganar dinero”.
Para el colectivo, la okupación no se entendía como una solución habitacional puntual, sino como una confrontación política directa con la propiedad privada, el modelo productivo y el capital. “Pretendemos salir de la postura de víctimas para pasar a la ofensiva y decirlo claro: okupas y anarquistas”.
Desalojo del CSR²A Diskordia
Según ha informado la asamblea del espacio, el desalojo se produjo alrededor de las siete de la mañana y cooperaron las fuerzas represivas junto con una empresa privada de matones llamada OPS2 Desocupaciones. La misma asamblea ha explicado que no eran conocedoras de ningún proceso u orden de desalojo y no han recibido ninguna notificación previa. Esto no impidió que la policía desplegara un amplio cordón policial con cinco furgones policiales para impedir cualquier apoyo desde el exterior y posteriormente forzase la puerta principal.
Tras forzar la puerta la policía entró en el centro social y agredió a quienes se encontraban dentro. “Entraron con escudos y me apuntaron con cinco pistolas, cuando yo estaba sentado en una silla con las manos levantadas”, cuenta una de las personas presente en el desalojo antes de añadir que “no era necesario darme una patada en la rodilla, un golpe detrás de la cabeza con la porra y arrodillarme al suelo cuando no representaba ninguna amenaza”.
En el momento del desalojo, a pesar de las agresiones cometidas por los cuerpos represivos, no hubo ninguna detención y más tarde se permitió a algunas personas de la asamblea volver a entrar para recuperar material y pertenencias que había quedado dentro del edificio.
Respuesta al desalojo
La misma tarde del desalojo se convocó una concentración de repulsa a las 20h en la plaza de Oporto, en Carabanchel, que, tras una hora de concentración, comenzó a avanzar en dirección al centro social. La policía, que ya se había dedicado a hacer identificaciones, intentó cortar el paso de los manifestantes, lo que rápidamente se convirtió en una sucesión de carreras, cortes de calles y cargas. “Estábamos caminando tranquilamente y de repente empezaron a cargar y escuchamos disparos”, cuenta una manifestante.
Según varios testimonios, la policía fue cerrando vías y empujando a la manifestación hacia la avenida General Ricardos. En las calles cercanas a la EKO, otro centro social okupado del barrio, se levantaron barricadas y se produjeron enfrentamientos. Finalmente, los disturbios se saldaron con la detención de por lo menos dos manifestantes, aunque aún se desconoce el número final.
Desde la asamblea de Diskordia lo tiene claro: “Para nosotrxs, desalojos son disturbios. Sus ataques no quedarán impunes y hagamos lo siguiente para que se lo piensen dos veces”. Lejos de asumir el cierre como un final, reivindican la respuesta colectiva y la confrontación directa frente a la especulación y la represión.