
Internacional
Estados Unidos
Estados Unidos captura cinco petroleros vinculados a Venezuela
Estados Unidos desde diciembre del pasado año ha aplicando sanciones de manera unilateral contra embarcaciones vinculadas al comercio de crudo venezolano mediante actos de retención y captura de embarcaciones ligadas al crudo venezolano.
En diciembre, EEUU habría comenzado con las embarcaciones Skipper y el Centuries dichas operaciones, mientras que, recientemente, el Marinera, fue detenido cerca de Islandia cuando llevaba varias semanas siendo perseguido después de que la Guardia Costera hubiera intentado abordar y confiscar la embarcación en el mar Caribe. La embarcación, anteriormente denominada como Bella 1, cambió de nombre a Marinera al cambiar su registro a Rusia. Esta, a su vez, pidió a EEUU que dejara de perseguir la embarcación mientras desplegaba un submarino y otros buques navales para tratar de escoltar al petrolero vacío que habría estado tratando de evadir el bloqueo de Estados Unidos aunque no pudieron llegar a tiempo antes de su captura [1].
De manera paralela, se interceptó al M Sophia, en el mar Caribe, bajo el mismo pretexto de las sanciones impuestas a Venezuela y la retórica estadounidense de lucha contra el “narcoterrorismo”.
Finalmente, el pasado viernes 9 de enero, el Comando Sur del ejército estadounidense confirmó haber “aprehendido” al petrolero Olina “sin incidentes”, poco después de la incautación, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, publicó imágenes no clasificadas de un helicóptero estadounidense que aterrizó en el barco y obligó a usar lo que parecía ser un dispositivo explosivo en la puerta del barco.[3]
Desde EEUU justifican sus acciones esgrimiendo que todas estas naves pertenecen a la llamada “dark” o “shadow” fleet” (“flota oscura” o “flota fantasma”) es decir, una red de buques, petroleros y empresas pantalla que tratan de evitar las sanciones mediante técnicas de evasión como como apagones o manipulación del AIS –para dificultar el seguimiento–, cambios frecuentes de nombre y bandera, propiedad y gestión deliberadamente compleja –a través de cadenas de empresas pantalla– o transbordos barco a barco (STS) para mezclar o “borrar” el origen del crudo antes de que llegue a compradores o refinerías [2].
Mientras algunas voces en Naciones Unidas repiten una vez más la ya manida frase de estar preocupados por las violaciones del derecho internacional por parte de EEUU al imponer sanciones unilaterales a través de un bloqueo armado y al vulnerar el derecho de los venezolanos a su autodeterminación ante la gestión de la industria petrolera venezolana por parte de un agente externo, la incautación del Marinera añade una nueva dimensión al conflicto al añadir a Rusia en la ecuación.
Aunque este conflicto pueda clasificarse como relativamente menor, abre la puerta a cuestionarse si Rusia puede abrir un nuevo frente de conflicto, esta vez en alta mar, para seguir manteniendo relaciones comerciales con el que ha sido uno de sus socios tradicionales.

Japón
Japón plantea adquirir armas nucleares y aumenta la tensión con China
Continúa la escalada de tensiones entre China y Japón que comenzó a raíz de la postura militarista e intervencionista sobre la cuestión taiwanesa de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi como ya analizamos trás su recién nombramiento en el artículo: La primera ministra japonesa crea tensiones militaristas con China por su postura sobre Taiwán.
El gobierno chino, después de recomendar a sus ciudadanos evitar viajar a Japón y la suspensión de importación de algunos productos japoneses (principalmente productos pesqueros) [1], ha contestado a las provocaciones japonesas de obtener armas nucleares con la prohibición de exportaciones de productos de doble uso, es decir, que tengan uso tanto militar como civil, según ha hecho saber el Ministerio de Comercio de China a través de un comunicado: «Las exportaciones de todos los artículos de doble uso a usuarios finales militares japoneses, con fines militares o para cualquier otro uso final que ayude a mejorar las capacidades militares de Japón, están prohibidas».
La prohibición, incluye más de 800 artículos en 10 categorías, incluye no solo productos, componentes y tecnologías clave con usos y aplicaciones militares obvios (productos químicos, minerales, productos electrónicos, sensores, sistemas de navegación, software y tecnologías aeroespaciales), sino también una serie de productos, a priori, más rutinarios y de uso “más civil” como, por ejemplo, cámaras de alta velocidad [2].
El portavoz oficial del ministerio de comercio chino, He Yadong, ha mostrado preocupación debido a que el entorno de la primera ministra japonesa, en concreto uno de sus principales asesores, ha declarado públicamente que japón “debería poseer armas nucleares” sin que la primera ministra tomara medida disciplinaria alguna [3] y por lo que, además, el sector “pacifista” de la población japonesa y la oposición política ya le ha reprochado recientemente en una manifestación frente a la Oficina de la Primera Ministra de Japón en Tokio [4].
Así mismo, He Yadong, recalca que China se ha sometido estrictamente al derecho internacional en cuanto a la política de no proliferación y considera que las sanciones están en conformidad con las leyes y regulaciones al respecto.Por último, cabe reflexionar si las injerencias unilaterales tomadas recientemente por parte de EEUU en “su patio trasero” – es decir, la incursión en Venezuela y secuestro de Nicolás Maduro así cómo del control por parte de EEUU de los recursos energéticos venezolanos por la vía militar e ignorando flagrantemente el derecho internacional – han podido provocado que China tome mayor conciencia y precauciones con tal de evitar injerencias en su soberanía y su integridad territorial, teniendo en cuenta no solo la escalada militarista japonesa, sino también la presencia militar de EEUU en el pacífico [5].
