
Entrevista a Arenas
V de VII
-Bueno, y viniendo a un tema actual, el famoso feminismo que se está promocionando ahora, en el que es más importante que en un comunicado inclusivo haya una E, y no se hable de la condición concreta que te hace explotada o explotado. O como lo quieran llamar. Frente a este género postmodernista, que para mí diluye de todo contenido al propio feminismo, ¿qué se dice?, ¿qué hay que hacer por esa línea concreta?
Bueno, nuestro Partido tiene elaborados numerosos trabajos sobre la cuestión femenina, y creo que desde siempre ha estado muy claro que lo que debe predominar, lo que hay que poner siempre por delante es la condición de clase de las mujeres.
O sea, son mujeres, por supuesto que hay problemas de género, pero ante todo son explotadas, pertenecen a la clase que es explotada y oprimida en todos los sentidos, y los problemas que tienen ellas son nuestros problemas también.
Y si han de resolverse lo van a hacer de una manera conjunta con nosotros. No por su parte. Esa es la división, ese es el enfrentamiento que busca la burguesía.
Ahora bien, aquí entramos ya en otro terreno, claro, nuestra clase procede, ha nacido, vive en un determinado tipo de sociedad, la sociedad burguesa, en la que la cultura dominante es la cultura burguesa, y quieras que no eso nos afecta muy directamente en muchos casos. Entonces el llamado machismo, que es el propio de la ideología burguesa, el predominio del hombre sobre la mujer, que se corresponde al predominio de la burguesía sobre el proletariado en general, la explotación de clase, eso también de alguna forma nos influye en nuestras relaciones con la mujer,relaciones de familia, etc., y en el partido, al mismo tiempo que reafirmamos el carácter unitario de clase de nuestra gente, hombres y mujeres, al mismo tiempo tenemos en cuenta esos aspectos, esa influencia que ejerce la cultura y la ideología burguesa en nuestras filas. Es un reflejo de eso. Claro, es un reflejo que se transmite aquí, y eso se manifiesta de muchas maneras.
“Es muy normal”, entre comillas, y no es normal. Es muy común, que ya desde jóvenes, en la infancia, hemos visto en nuestra familia que nuestro queridísimo padre viene del trabajo, el hombre viene cansado, se sienta allí y la madre es la que hace todo: atiende, hace la comida, pone los platos, hace las compras, barre y tal, y el hombre está allí viendo la tele o se va al fútbol los domingos. Y eso quieras que no tú lo estás viviendo también. Tú lo percibes ya desde tu infancia una división del trabajo de otro lugar, la ayuda del padre y de la madre, eso apenas se ve, y es tu educación. Tú te estás formado ahí, de manera que cuando ya llegas a adulto, si no tienes una educación política ideológica, que es lo que tratamos de hacer en el partido: «no, a las mujeres hay que ayudarlas, hay que incorporarse al trabajo de la casa, y ojo, ojo con la violencia hacia la mujer. cuidado. Eso es un delito. Pero lo que en mi casa he visto, a pesar de la explotación que he sufrido en mi infancia (empecé a trabajar a los 7 años, imagínate) fui un niño feliz. De verdad. Yo en mi casa me amaban mis padres y yo les amaba a ellos. Y tenía un montón de hermanos y todos nos llevábamos así. Nos amábamos unos a otros. De verdad, te lo digo con franqueza. Dentro de la miseria, del drama familiar muchas veces, y aún así yo no he visto a mi padre pegar a mi madre jamás. He visto situaciones de violencia, de palabras, pero eran más bien por desesperación. Yo he visto a mi madre quejarse de que con lo que mi padre traía no podía, no había ni para comprar pan, y mi padre decirle desesperado: “¿qué quieres que haga? ¿quieres que salga a la calle con un trabuco? ¿quieres que salga a la calle con un trabuco a asaltar a la gente?
¿Pero qué puedo hacer?”. Y eso genera violencia, inevitablemente, pero no sale en este caso del padre. Es la situación, la desesperación. El enfrentamiento.
Entre mi padre y mi madre hubo una relación estrechísima, tuvieron 13 hijos. Bueno, 14. Fíjate si se amaban. Pero claro, la miseria, la opresión que vivíamos, eso generaba una tensión tremenda en la casa. Fíjate, mi madre le reprochaba a mi padre que comprara alpiste para los pájaros. Y mi padre decía: pero sin los pájaros, ¿qué quieres, que me vaya a la taberna? Pero, ¿y qué pasa con el alpiste, si compro un cartucho de alpiste para los pájaros, eso no vale nada?. Sí, pero es un gasto. Fíjate ¡alpiste para los pájaros! ¡era un gasto! Mi madre se quejaba de lo que se gastaba mi padre en alpiste. Y decía mi padre: ¿qué quieres, que me vaya a la taberna? ¿es mejor eso? tú fíjate qué contradicción se genera ahí. Yo eso lo he percibido directamente.
Bueno, es natural que en las clases obreras, en las clases proletarias, todos los problemas, económicos y sociales, no hablo ya de las condiciones de la fábrica, del trabajo, de los niños, de la explotación de la mujer, eso no entro ahí, que es lo fundamental y es lo que la burguesía pretende: No. El problema viene de ahí. Eso no existe. La explotación de la mujer en la fábrica, o en las casas, eso no aparece por ningún lado. La explotación de los niños, las condiciones en que se ve obligada a desarrollarse una familia, eso no es un problema, esa pobre mujer que está machacada por el hombre, el machista o tal.

-Lo encorsetan en el género…
Claro, o el techo de cristal famoso. Que no sube más. Eso es para la mujer burguesa. Hay que luchar porque las mujeres burguesas también exploten a placer. Es que es increíble.
¿Qué obrera tiene, no ya la posibilidad, ni siquiera el sueño de alcanzar, de traspasar ese techo de cristal? es increíble, es asqueroso, pero es la publicidad. Es lo que se oye. Es la propaganda. Nosotros planteamos las cosas de otra manera, y de hecho la historia lo ha demostrado.
En la Unión Soviética la mujer se liberó en todos los planos, y se puso en un plano de igualdad con el hombre, lo cual no quiere decir que no haya casos concretos, pero eso es con el tiempo, eso es inevitable, los crímenes pasionales, eso va a seguir ahí, más o menos extendido. Pero de eso no se puede culpar a la ideología marxista ni a la posición de clase.
Al contrario. Nosotros, primero, combatimos todo eso en cuanto aparece, y segundo, nuestra política, nuestra causa, nuestra revolución, el Partido, busca acabar con las causas que genera todo eso, que es lo esencial. Busca acabar con las causas que generan esos comportamientos, que vamos a llamar antisocialistas, anticomunistas, antiproletarios, inhumanos, como quieras llamarlo. Pero solo se van a eliminar con la revolución socialista. No hay otra vía.
Y lo que busca el feminismo oficial, el feminismo burgués es preservarlo, es eternizar esas relaciones, porque claro, eso no se puede mover, eso depende de la propiedad privada y de la explotación, y eso es intocable, y como es intocable, pues nos vamos a limitar a picotear por ahí, a denunciar los abusos y tal, y atribuir al marxismo lo que es propio de la burguesía. Con lo cual nosotros estamos, no solo en desacuerdo. Estamos luchando a la manera comunista, no a la manera reformista, pequeño burguesa, confusa. ¿ves la relación?
En el Partido, un ejemplo, no hay discriminación ninguna. O sea: tampoco hacemos demagogia barata de poner como responsable por ser mujer a una persona que no rinde en el trabajo por las condiciones que sea. Si bien procuramos establecer una especie de discriminación positiva, ¿no? Es igual que con los obreros. O sea, esto lo hemos planteado muchas veces. Sabemos su situación, sus condiciones, su formación, pues. Está limitada. ¿ves? Entonces el Partido debe esforzarse por facilitar, por promover, por ayudar al desarrollo tanto de los obreros como de la mujer hacia los puestos de dirección. De responsabilidad. Sobre todo a las mujeres. Y más si son proletarias. Por la vía de los hechos, facilitarlo al máximo. Pero no decir, por el hecho de que seas mujer, aunque no estés preparada, o no lo sepas, te vamos a dar una responsabilidad. Eso es traicionar…
-Eso contravendría el espíritu que decías tú antes de los profesionales de la revolución…
Claro, de los profesionales, claro, y a la causa, eso perjudica a la causa, incluso a esa mujer también. O sea, como a todas ¿no? Eso no es correcto, es injusto. Y la burguesía hace mucha demagogia con eso.
-Claro, con la paridad, ¿no? La famosa paridad…
Esto es, cincuenta y cincuenta. Bueno. Se cuenta así, partimos de lo que partimos, si es posible. Ojalá fuera así, pero, normalmente, en nuestro caso, claro, la incorporación de la mujer no es equiparable a la de los hombres. Es mucho menor pero aún así las mujeres en nuestro Partido desempeñan una labor muy importante. Yo diría que en algunos casos supera a la de los hombres. En muchas cosas, ¿eh? y como el resto, ejercen una responsabilidad. Y no hay ningún prejuicio. Ninguna tendencia machista, y, independientemente de lo que cada uno tenga en su relación personal, ahí no vamos a entrar. Ahora, si trasciende que hay un comportamiento impropio, indigno, por supuesto, aquí no, de eso nada. Eso contraviene a nuestros principios. Y si eso se extiende como norma, no vamos a donde queremos ir.
Continúa mañana.