
Muro de solidaridad y denuncia
Los jueces avalan el acoso a las mujeres que abortan
Es una práctica común entre los grupos religiosos y conservadores el acudir a las clínicas donde se realizan abortos con carteles con frases como “no estás sola, podemos ayudarte” o “rezo por tu bebé y por ti” mientras pasan horas orando “por el fin del aborto” frente a las mujeres que acuden a interrumpir su embarazo. El objetivo de estos grupos es acosar y presionar a quien va a abortar para evitar que ejerza su derecho.
Esta escena, que ya ha protagonizado varios enfrentamientos entre grupos antiabortistas y feministas, ha llegado por primera vez a los tribunales a la luz de la reforma del Código Penal que en 2022 creó un delito específico para intentar frenar este acoso. Ha sido en Vitoria y Donosti, donde la clínica Askabide ha llevado a juicio a más de una veintena de antiabortistas que se concentraron en sus puertas entre septiembre y noviembre de 2022. Los dos casos son bastante diferentes ya que en uno el grupo de antiabortistas estaba compuesto por 21 personas y en el otro solo una mujer estaba molestando a las personas que intentaban ejercer su derecho a abortar.
En ambos casos el Juzgado de lo Penal 1 de Vitoria y 2 de Donosti han absuelto a los acusados ya que no consideran que hayan cometido delito de acoso con el objetivo de obstaculizar el derecho al aborto. Es significativo ya que es la primera vez que un juzgado evalúa la aplicación de este nuevo delito, que prevé penas de entre tres meses y un año de cárcel o trabajos comunitarios para quienes acosen a las mujeres con actos “molestos, ofensivos, intimidatorios o coactivos” que menoscaben la libertad de quienes acuden a abortar.
La jueza que ha dictado la sentencia no da credibilidad a los testimonios de las mujeres acosadas ni de los trabajadores de las clínicas y considera que los acusados “no hicieron otra cosa que ejercer su libre derecho de reunión”. Y para ello, escogieron una clínica de abortos “al entender que expresar sus reivindicaciones ahí era la vía más apropiada” para que su mensaje –“rezar por la vida y ofrecer su ayuda”– “llegara directamente a los destinatarios”, lo cual se hizo “de forma exquisitamente pacífica”, concluye la magistrada.
Estas resoluciones judiciales confirman las preocupaciones y críticas que ya se advirtieron hace tres años: que el delito podía volverse ineficaz para conductas en que los antiabortistas no utilizan una violencia explícita. Que la violencia no sea explícita no la elimina, en el juicio los trabajadores de las clínicas explicaban el ambiente de hostigamiento que sufrían y como las pacientes llegaban “alteradas y sometidas a presión”. Una paciente, que no iba a abortar, aseguró también que el grupo se le acercó y llegó a sentirse intimidada.