
Memoria histórica imprescindible:
-Asesinados por el fascismo en Lugo, y fosa desaparecida.
De las 5.805 fosas de asesinados en todo el Estado, 106 están en Galicia, y 26 en Lugo.
Primer mapa interactivo y abierto que documenta los enterramientos sin sepultura de las víctimas tras el golpe de estado fascista de 1936.
De 140.159 represaliados por los franquistas, sólo en Galiza, se logró registrar 4.878 víctimas mortales, a pesar de estar desde el primer momento en manos de los golpistas, la guerra tomó la forma de represión, ejercida solo por el bando franquista, hasta esa horrible matanza.
La contabilidad quedó troncada al quedar paralizado el proyecto por falta de financiación. Pero ya este proyecto había localizado 94 fosas comunes en el territorio gallego.
Pero, ¿qué pasa con las fosas?.
De las fosas inscritas en este mapa estatal en la provincia de Lugo, cuatro fueron intervenidas sin éxito.
Una de ellas habría desaparecido. Sería la del cementerio de Recesende, en Baralla, donde se encontrarían dos militantes del PCE que habían llegado a Lugo para establecer contactos con otros grupos de la resistencia antifranquista. El mismo cura dejó constancia de su enterramiento en 1946. Probablemente desapareció por la ampliación de la necrópolis.
Como parcialmente exhumada, el mapa destaca la del cementerio de Teilán, en Bóveda, que albergaría los cuerpos de tres guerrilleros, del que solo se exhumaron los restos de uno de ellos, a petición de la familia.
Exhumadas en su totalidad hay diez fosas en la provincia de Lugo, las de A Penela (O Vicedo), Argomoso (Mondoñedo), Castroncelos (A Pobra do Brollón), Cereixido (Quiroga), Cortapezas y San Mamede do Río (Portomarín), O Acevo (A Fonsagrada) -con 13 hombres del Batallón Galicia, la mayor parte afiliados a la CNT-, Ribadeo, Santa Mariña de Lagostelle (Guitiriz) y Vilavella (Triacastela).
Los restos de otras cinco fosas fueron trasladados al Valle de Cuelgamuros que, como destacaron las últimas investigaciones, albergan más víctimas del bando republicano que del bando fascista.
Pero otras cinco fosas en la provincia de Lugo aún no fueron intervenidas. Se trata de las de Candedo (Ourol), en la que habría tres mujeres asesinadas en su domicilio, de la misma familia; O Incio, donde aún se desconoce el lugar exacto donde está enterrado Manuel Díaz, conocido como ‘o médico dos pobres’ o ‘o pequeniño do O Incio’; Retizós, en Baleira, donde habría cinco víctimas asturianas; Remeite, donde estaría un vecino de Ribas de Sil, y Seoane del Courel. donde estaría Manuel Cela, más conocido como Manuel de Ribadaira, por el nombre de su casa en Parada do Courel. Es precisamente la este vecino que Novoneyra dedicó el ‘Romance de Manuel de Ribadaira’, que cuenta el ‘paseo’, eufemismo para el asesinato, del que él mismo presenció el final, con el llanto de la madre y de la hermana después de saber de la injusticia, y que el poeta demoró 40 años en poder contar.
En la provincia de Lugo, el mapa de Memoria destaca dos historias. La de las botas de José Antonio Rivas Carballés, que aparecieron en muy buen estado en la fosa de San Mamede, en Portomarín, donde fue fusilado tras ser sacado de su casa junto con el hermano y el sobrino, y vídeos de la exhumación de los ‘del monte’, como se conocían los guerrilleros de Vilavella.

-León, la provincia de las 125 fosas con asesinados.
De ellas, 57 han sido exhumadas y otras 52 no lo han sido. Otras once fueron trasladadas al Valle de Cuelgamuros.
Por ahora van siendo exhumados 227 asesinados, 215 hombres y 9 mujeres. Otros 244, estarían localizados.

Recordemos además, que en las 4 fosas sin localizar del Cementerio de San Froilán en León, se estima que hay 1.493 asesinados.
O las 94 víctimas que se estiman en la fosa sin localizar en el Antiguo Cementerio Civil del Carmen. O en Santa Lucía de Gordón, en su Cementerio (extramuros), donde están sin localizar los 11 asesinados que se estiman. O los 9 de Paradilla de Gordón en fosa sin identificar ni localizar…

-Fotolibro
“Se conmemoran los 50 años de la muerte del dictador, pero se sigue sin hablar de la represión”
Diego Fernández González ha recorrido exhumaciones de fosas comunes al tiempo que descubría la historia de su familia, marcada por las desapariciones forzosas que ejecutó el franquismo.
Entrevista:
“Los crímenes del franquismo son crímenes de lesa humanidad que no prescriben. Una detención ilegal con una desaparición es un crimen que se sigue cometiendo, que no ha acabado. Entonces se deberían poder juzgar”
Todo ello lo plasma en el fotolibro ‘Cueste lo que Cueste’.
Timoteo Gómez Gutiérrez fue detenido por el régimen franquista en mayo de 1939. Se le acusó de “adhesión a la rebelión”. Gómez era alcalde de Fuentes de la Jara, un pequeño pueblo de la provincia de Toledo. Afiliado a la UGT, fue presidente de la colectividad agraria. En los primeros años de la guerra civil, los jornaleros se organizaron en estas colectividades para controlar la tierra que ellos mismos labraban. Este fue el principal delito de Timoteo, quien acabó sus días en el campo de concentración de Aranjuez, procedente de la Prisión de Partido de Talavera de la Reina. Dicen que murió de tuberculosis y sus huesos fueron a parar a una fosa común del cementerio.
Todos estos datos eran desconocidos para Diego Fernández González, autor del fotolibro Cueste lo que Cueste (Fundación Antonio de Nebrija, disponible en las librerías de Traficantes de Sueños). Un libro que recoge fotos y una ardua tarea de documentación, para plasmar la investigación sobre la represión, el silencio y la recuperación de la memoria en España que ha realizado Fernández y que se presentó en 2022 en forma de trabajo fin de carrera. El periodista recorrió buena parte del territorio documentando diferentes exhumaciones de fosas comunes. En mitad de la investigación afloró la historia del tío de su abuela, Timoteo Gómez, y todo cobro todavía más sentido.
Mientras acaricia el expediente del tío de su abuela, un documento al que llegó gracias a su insistencia, relata la importancia de ir recuperando el rastro de la historia de los represaliados. Una historia rota, resquebrajada, depositada en amarillos y roídos expedientes diseminados por todo el Estado en ausencia de un archivo central que aglutine toda nuestra memoria, 50 años después de la muerte del dictador.
