
África esclavizada, colonizada, esquilmada y Resistente
Agenda.
La Neocolonización
Cambiar algo para que la dominación pueda seguir
Las victorias de los movimientos de liberación en numerosos países y la movilización generalizada contra el colonialismo en todo el mundo, alentados por el surgimiento de numerosos países socialistas tras las dos guerras mundiales, obligó a la dominación colonial clásica a retirar su presencia militar para continuar esa misma dominación recurriendo a una “descolonización” de fachada o una “independencia negociada”, con la complicidad de los políticos corruptos locales o de las castas militares con sus matarifes al frente. A través de “ayudas al subdesarrollo” y de contraer deudas impagables, se ha mantenido la dependencia económica, conocida como neocolonialismo. Así ha proseguido la sobreexplotación de todo un continente, eternamente colonizado, lleno de riquezas que no alimentan a sus pueblos.

En los numerosos intentos por realizar cambios, revolucionarios o reformistas, con los que poder ejercer una soberanía real, los países africanos se encontraron con circunstancias adversas derivadas del subdesarrollo social y la pobreza extrema a causa del continuo expolio de las potencias coloniales. Las pretensiones hegemónicas de EE.UU. que, al poco de finaliza la II G.M., llevaron a la rivalidad con la URSS y con la comunidad de países socialistas, supuso para los países africanos una dificultad añadida. Para los que optaron por un desarrollo de inspiración socialista y aceptaron ayuda de esos países, sufrieron el acoso yanqui desde el primer momento. Pero incluso aquellos países que no pretendían más que desarrollarse, sin depender de uno u otro bloque, ese derecho tampoco se lo permitieron. “Si no estás conmigo y con mis reglas, estás con mis enemigos y así te voy a tratar”, podrían haber dicho los mandamases yanquis.
Y esas reglas han consistido en disponer de libertad total a la inversión extranjera, sin barreras arancelarias, para ocuparse tan solo de la extracción de sus recursos, arruinando cuantos terrenos de cultivo hiciera falta; hacer de los países un reservorio de mano de obra barata, sin dejar de fomentar las rivalidades y disputas étnicas o religiosas, para dejar sembradas estas discordias a las generaciones venideras.
Sin embargo, en África no existen guerras tribales o religiosas, son conflictos provocados por grupos de piratas o terroristas creados por las potencias imperialistas que, a su vez, son confrontados por ejércitos mercenarios o tropas regulares, que justifican la necesidad de bases militares y su permanente intervención. Se arman a unos africanos contra otros para que peleen entre sí y así poder seguir robando sus materias primas.

En estas guerras impuestas, como siempre, los muertos los ponen los pueblos, causando miles de víctimas y de refugiados que son obligados a desplazarse de sus localidades para quedar en manos de las ONGs o de variopintas organizaciones religiosas. Estas caritativas e hipócritas “ayudas humanitarias” nunca terminan de erradicar las crónicas enfermedades como el VIH-sida, el paludismo o la tuberculosis.
Allí donde se han mantenido los sistemas de explotación y opresión colonial o neocolonial, se han producido cambios drásticos, traumáticos y acelerados de la vida social, cultural y económica de las sociedades africanas. Han provocado el desgarramiento y destrucción de las sociedades tradicionales generando proletarización, emigración, sequía y pérdidas de las producciones agrícolas más básicas, abandono del campo y urbanización salvaje, deterioro familiar… Todo esto ha provocado la aparición de barrios de viviendas precarias, de guetos y una marginación creciente por lo que, este continente, continúa siendo el que padece la mayor explotación y pobreza de todos.
Frente a esta permanente y deshumanizada barbarie, están surgiendo países que, alentados por unas situaciones internacionales más favorables e inspirándose en experiencias y luchas pasadas y en líderes nunca olvidados, se muestran dispuestos a lograr su verdadera soberanía. El ocaso de la hegemonía neocolonial parece haber comenzado. Los imperialistas ya no pueden mantenerse impunemente en los históricos territorios africanos.