
Muro de solidaridad y denuncias:
-Entrevista en profundidad A Pablo González
La vida de Pablo González Yagüe cambió por completo el 28 de febrero del 2022. Ese día fue detenido en la frontera entre Polonia y Ucrania por los servicios secretos polacos, acusado de ser un espía ruso. Pablo ha pasado más de dos años y medio encarcelado en Polonia, sin que, como él destaca, “nadie haya presentado ni una prueba”. Ahora, poco más de un año después de su salida de la cárcel, Pablo González habla con la revista ALDA en su número 32, en una larga e interesante entrevista (que publicamos en dos partes) sobre lo vivido durante 30 meses en las cárceles polacas, sobre lo que está sucediendo en Ucrania y sobre geopolítica.

1ª parte
-Ha pasado poco más un año desde que saliste de la cárcel. ¿Cómo estás tanto físicamente como psicológicamente?
Cada vez mejor. Parece que el día que te suelten y estás libre estás de vuelta a tu vida. Pero no es así. La vida cambia. Ha pasado tiempo y cuesta aterrizar. Estos meses he estado tratándome de problemas que tenía en los pulmones, pero ya estoy bastante bien. Después está el tema psicológico, que también va poco a poco. Sigo adaptándome a la nueva realidad, viéndolas venir e intentando disfrutar y ser feliz en la medida de lo posible.
-El 28 de febrero del 2022 te detienen en la frontera entre Polonia y Ucrania, mientras trabajabas como periodista. ¿Cómo vives esa detención?
La detención la viví en un primer momento con sorpresa. Al principio no le di mayor importancia. Como periodista me han encañonado en diferentes sitios, me han parado en checkpoints, he tenido charlas con diferentes servicios de seguridad… No le di mayor importancia hasta que en cuestión de 72 horas me meten tres meses de arresto sin estar presente mi abogado, habiéndome violado todos los derechos habidos y por haber y sin presentar ninguna acusación formal.
Entonces pasé de la sorpresa al estupor. Seguramente era muy ingenuo y pensaba que estas cosas en la Unión Europea ‘de los derechos’ no pasaban. De repente me vi esposado, tirado en una celda, luego en otra celda, que no me daban las gafas, que no me daban nada, que me trataban, como quien dice, de puta pena y sin poder hacer absolutamente nada. Estuve en aislamiento casi desde el comienzo, con un contacto muy limitado con el exterior.
El primer contacto con mi abogado lo tuve a los nueve meses, y no pude verlo en persona hasta un año y un mes de mi detención. Son cosas que a uno le llaman la atención, que no se las cree, que se cree que son de película.

-Pasaste 30 meses encarcelado en Polonia. ¿Cómo fueron esos meses?
Ha sido muy duro, pero el ser humano se adapta a lo que sea. Poco a poco me fui haciendo a la idea, fui entendiendo que en Polonia no existe la presunción de inocencia, que la prisión provisional puede ser eterna. He pasado meses sin poder hacer ninguna gestión, tirado en la celda. Al principio estuve en prisión mes y pico solo. Luego me cambiaron de prisión, en la que estuve ya dos años y pico. Ahí estuve con un compañero de celda. Al compañero de celda y los presos, en general, también debería agradecerles, porque es lo más humano que he visto en la cárcel, aparte de mis abogados o las pocas visitas familiares que he tenido. Tal vez si hubiera estado en una cárcel común habría sido diferente, pero estaba en una de máxima seguridad, y la gente con la que he estado me ha apoyado mucho.
Las autoridades van jugando contigo, intentan destruirte moralmente. Cuando vieron que con el primer compañero más o menos estába a gusto, me cambiaron. Los siguientes nueve meses los pasé en la celda solo, en una celda individual. Se hace duro, porque en esas celdas no se abre la ventana, no hay ventilación, no hay nada. Yo estaba en la celda con cámaras 24 horas, incluso en el baño. No tienes ni un momento de intimidad, lo cual se supone que está prohibido. Tenía registros diarios de la celda, lo cual se supone que también está prohibido. Y todo el rato registros corporales; cada vez que sales de la celda, a lo que sea, te llevan a otro habitáculo, te tienes que desnudar, hacer sentadillas desnudo. Todo esto sin tener condena, sin tener ni acusación siquiera.
-Esos meses en prisión te han dejado graves secuelas físicas…
Gracias al apoyo de la familia y amigos pude ir comprando algo de comida dentro del penal, lo cual hace que no pases hambre. Con la comida que te dan en las prisiones polacas puedes llegar al mínimo de calorías teóricas, pero aún así pasas hambre y, desde luego, sano no sales. En mi caso los pulmones me quedaron bastante afectados, básicamente porque pasé otra vez la COVID. Ya había pasado la COVID, sabía los síntomas. Pero en Polonia no ten hacen ningún análisis, no te hacen una PCR, para que en las estadísticas no haya enfermos. Entonces, a menos que te estés muriendo del todo, te ignoran.
Poco antes de soltarme, las propias autoridades polacas, las de la cárcel, se pusieron un poco nerviosas. Cada X tiempo, creo que cada año o algo así, te hacen una placa del pecho para evitar tuberculosis y cosas así. Mi placa era horrible. Al principio pensaban que tenía cáncer, porque tenía muy mala pinta. Pero bueno, tuve suerte y al poco me liberaron. Ya en Moscú hice todas las pruebas, y mi situación era básicamente consecuencia de las malas condiciones en prisión. De todo esto poco a poco me voy recuperando y voy haciendo deporte. Con lo cual, ni tan mal. Sigo vivo, no me voy a quejar.
-¿Esas duras condiciones que sufriste eran una excepción o también las sufrían los otros presos?
Mira, puedo entender que me lo hagan a mí, que me tienen como enemigo del Estado. Porque soy ciudadano ruso, al igual que soy ciudadano vasco. Puedo entender su odio visceral, histórico. No lo comparto, pero lo puedo entender. Puedes pensar que lo mío fue un caso extraordinario, porque hay un conflicto en Ucrania etc. Pero no. Lo que me hicieron lo hacen de manera sistemática con sus propios ciudadanos, incluso cosas peores. Por mi aislamiento en celda he tratado con muy pocos presos, pero en el módulo, entre el patio y la zona de paseo, habré sabido de unas 40 ó 50 personas. Pues de esos presos, por lo menos un tercio ha recibido agresiones físicas por parte de los guardias. Sobre todo te pegan si protestas, si escribes quejas sobre la alimentación o sobre derechos básicos.
Hay mucha cámara en la celda, pero después hay los típicos sitios donde no hay cámaras. Te llevan allí y te pegan una paliza para que no denuncies nada. Y si lo haces te pueden meter en máximo aislamiento, es decir, sin contacto con el exterior durante semanas, sin que ningún médico ni abogado de fuera te pueda ver. Solo te pueden ver los médicos forenses de las prisiones polacas, que lo que suelen decir es que estás estupendo y que no pasa nada. Y si tienes algún moratón pues que son autolesiones, que has atacado a los guardias. Te preguntarás: ¿cómo puedes atacar a los guardias si estás esposado y ellos son dos o tres personas mínimo? Y no puedes decir nada, por supuesto, no va a ningún sitio.
Polonia pierde casi todos los casos que se abren en Europa, pero eso no les cambia nada. Prefieren pagar algo de dinero de multa que cambiar el sistema. Las cárceles polacas son así, está todo hecho para deshumanizar a la persona. No eres una persona, eres un número, un cero a la izquierda al que ni siquiera tienen que tratar como humano. Yo tenía suerte de que el caso era mediático y había cierta tensión. La mayoría de quienes pasan por esa situación se rompen, porque todo está hecho para romperte. En Polonia piensan que la mejor prueba de tu delito es una confesión. Entonces, ¿para qué trabajárselo demasiado si te pueden meter unos meses ahí, te ablandas y firmas cualquier cosa?
Conmigo no les salió bien, porque sentía el apoyo de fuera, porque mi familia no estaba en Polonia. Esa es otra, para que confieses lo que sea pueden atacar a tu familia, meter a alguien en prisión, arrestarlos, destruir tu negocio, dejarte sin ingresos, etc. Como mi entorno no estaba en Polonia, pues relativamente ni tan mal.

-El 1 de agosto del 2024, tras un acuerdo entre Rusia con los Estados Unidos y varios países sales de la cárcel y regresas a Moscú libre y sin cargos. Rusia liberó a 16 personas (estadounidenses, rusos y alemanes) y los Estados Unidos, Alemania, Noruega, Eslovenia y Polonia a 9 personas con nacionalidad rusa, entre los que estás tú. ¿Cómo recuerdas ese momento?
No fue tan sencillo lo de la liberación. Espero con el tiempo poder contar algo más. Básicamente se me dio un ultimátum. El 22 de julio del 2024 se me dijo que existía una posibilidad, y esa fue la primera noticia. Se me dijo que tenía que confesar o admitir la culpa, y que solo entonces habría la posibilidad de que me intercambiaran. Dije que no, los mandé a tomar por saco. Durante un par de días me estuvieron diciendo que si no confesaba no sería posible la liberación.
Entonces les dije que en Polonia existe una fórmula: aceptar la condena sin admitir la culpa. Les dije: ‘si queréis os firmo el papel y vosotros hacéis vuestro paripé, porque no tengo ninguna esperanza en vuestro sistema judicial, con lo cual…’ Pero ellos, claro, que saben de esa fórmula jurídica, necesitaban y querían que hubiera una confesión por mi parte. De este modo podrían decir: ‘mira, este tío es culpable y ya está’.
Lo sucedido demuestra que Polonia no es un Estado soberano al 100%. Al final hicieron lo que les dijeron desde Estados Unidos, que básicamente fue: ‘nos importa una mierda vuestro sistema, tenéis que darnos a este tipo y ya está’.
Yo no he firmado nada, no he accedido a ningún intercambio. A mí básicamente se me libera de la cárcel, se me levanta el arresto y cuando voy a salir de la cárcel y se supone que soy libre, me cogen unos señores, me meten en una furgoneta, luego en un avión y me sueltan en Ankara (Turquía). No digo que prefiriese quedarme en la cárcel, pero elección no tuve. Por supuesto que si me hubieran dado la opción habría elegido salir. No hay duda que era mejor opción que quedarme en la celda, pero, dicho esto, no tuve opción de elegir. A mí se me llevó como un paquete, no hay un solo papel firmado por mí, más allá del que firmas para coger tus cosas cuando te sueltan de la cárcel.
Al principio no me lo creía… Era tan surrealista… Parecía de película. Yo estaba viéndolas venir y alucinando, porque no es tan sencillo recobrar la libertad de golpe. A mí ni me han juzgado ni han presentando pruebas de ningún delito, más allá de decir que yo sea un agente de inteligencia o chorradas de estas. ¿Cuál es mi delito? Es lo que sigo sin entender. La presunción de inocencia se la pasan por ahí. Repito. ¿Cuál es mi delito? ¿Qué es lo que he hecho? ¿Cuál es el mal que he hecho? ¿He sobornado a alguien? ¿He robado algo? ¿Me he tirado en paracaídas a lo James Bond y he hecho no se qué? Todo esto ahora lo llevo más tranquilo, pero es verdad que cuesta aceptarlo y vivirlo. He sufrido un linchamiento brutal, con el que sigo alucinando. Porque, repito: ¿Cuál es mi delito?
Continúa mañana…