
Memoria histórica imprescindible:
Canarias bajo el fascismo:
-Comienzo del exterminio.
El día 20 de julio de 1936 tras el golpe de estado fascista y ante los conatos de resistencia armada en el norte de Gran Canaria, el avión nazi Max von Müller, “confiscado” a la Lufthansa, lanzó octavillas desde el aire firmadas por el General Luis Orgaz, Comandante Militar de las Islas, cuyo texto sería publicado al día siguiente en el Diario de Las Palmas, actual Editorial Prensa Canaria, en las que se advierte a la población de las consecuencias de su actitud, conminándola de este modo:
“Al pueblo de Gran Canaria
Hombres y mujeres de canarias de todas las clases sociales. Españoles leales y patriotas. El movimiento militar y el levantamiento unánime de todos los hombres amantes de su nación, del orden, de la Justicia y del Derecho, es arrollador. Todas las guarniciones, absolutamente todas, se hallan unificadas en el sentimiento españolista y viven una misma emoción: la de salvar la patria de sus enemigos.
Las falsas noticias lanzadas por el gobierno faccioso y antiespañol del Frente Popular desde la Unión Radio, último reducto de los que asedian a España y la invaden con una ola de miseria, sangre y anarquía, no son bastantes para contener el levantamiento total de todos los hombres de bien.
Con el fin de someter en el más breve plazo algunos focos rebeldes existentes en esta isla de Gran Canaria, y una vez localizados, saldrán fuerzas numerosas con ametralladoras y bombas para aplastar fulminantemente con toda la energía todo conato de resistencia imponiendo medidas de rigor en proporción a los excesos que cometan y nuestros barcos les cañonearán desde el mar. A los que depongan su actitud y entreguen las armas serán respetados. Los que no se sometan en el acto o se encuentren con las armas en la mano serán fusilados inmediatamente.
A los patriotas os digo que levantéis los ánimos y confiéis en que el Movimiento triunfará. A los traidores a la causa de la patria: os intimido a que os rindáis inmediatamente.
Ya no habrá más gritos de Muera España ni la bandera que ondee será una de sangre. Serán sustituidos por gritos de Viva España y Viva la República y la bandera única será la auténticamente española llena de gloria y honor.
Gritemos pues. Viva España, Viva la República.
El General Comandante Militar de las Islas Canarias Luis Orgaz.”
Evidentemente los Vivas a la República no eran más que una manipulación al pueblo trabajador que recibía desde el aire esa proclama sediciosa. Lo que se estaba haciendo presente era una brutal y criminal dictadura fascista que se llevó por delante las vidas y la libertad de miles de canarios defensores de la democracia.
Al día siguiente martes 21 de julio el guardacostas Arcila abrió fuego con sus cañones contra las posiciones de las escasas fuerzas de resistencia en la carretera que va de los municipios de Arucas a Guía (Los Gallegos). Más tarde dispara hacia las montañas de Gáldar y Amagro, lo que generó el pánico generalizado de la población, que sacó sábanas blancas de rendición por ventanas y azoteas. Luego vinieron las ejecuciones, los encarcelamientos, las desapariciones. Fue el comienzo del brutal exterminio y de una represión desmedida.
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-Emilio en su universo
Dame un plato de caldo cilantro antes de que lleguen- dijo el joven pocero Emilio Santana Armas, mientras se escuchaba el camión del Conde y los alaridos de los falangistas deteniendo hombres en la cuesta de La Almatriche.
Saboreaba en silencio el guiso preparado por su abuela Rosita con la vista fija en la vela que utilizaba para estudiar cuando llegaba de trabajar de sol a sol en los tomateros de Los Giles.
Afuera sonaban insultos, llantos, quejas de los que sacaban a golpes de sus casas las Brigadas del Amanecer:
-Mi niño tu tranquilo que no hiciste nada, seguro en unos días estarás de nuevo con nosotras- le susurró Luisa, su madre, al oído en un abrazo fuerte y tierno cuando empezaban a golpear la puerta gritando su nombre.
El muchacho parecía envuelto en una paz difícil de explicar en momentos tan terribles:
-Guarda los libros y la carta que escondí debajo del gallinero y si no vuelvo dáselos a Lupe cuando todo esto afloje-
Las dos mujeres se quedaron en el patio desoladas debajo de la higuera cargada de higos blancos en aquel agosto del 36. Ambas sabían que no lo verían más cuando les sonrió entre el tumulto con las manos amarradas a la espalda.
«Ya lo mataron al chiquillo, le cortaron las orejas y la lengua al pobre Emilio en El Secadero, luego lo arrodillaron y le destrozaron la nuca de un disparo para tirarlo al pozo de la Finca La Noria en Jinámar.» Cristóbal Hernández Suárez.
Foto: Mujeres suplicando a las tropas de Franco por la vida de sus familiares prisioneros. Constantina (Sevilla), verano de 1936.
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-Luciña y Pino.
Las dos putas rojas estás no me las maten todavía, pónganlas aparte, que quiero darme gusto con ellas- le dijo el jefe falangista Pablo Frade a los torturadores mientras revisaba las cámaras de maltrato en el Colegio Los Jesuitas del barrio colonial de Vegueta.
Las dos muchachas se mantenían pegadas una a la otra, desnudas, sus cuerpos llenos de llagas y heridas, temblando de frío en un rincón de la sucia estancia, donde solo había un camastro de paja y ganchos en el techo utilizados para colgar por los ojos a los hombres detenidos en aquel infierno. Actual centro educativo religioso, que fue cedido temporalmente como comisaría para la detención y el exterminio por la Iglesia Católica a la organización paramilitar.
Lucía Ferreira, la más joven de las dos, gallega de nacimiento, era maestra en el barrio de La Isleta, apenas había cumplido los veinticinco años y había venido a la isla desde niña con sus padres que eran funcionarios en el Gobierno Civil, ambos desaparecidos el 24 de julio del 36.
La otra chica, María del Pino, era costurera y casada con Juan García, un jornalero miembro del Frente Popular y del sindicato UGT, también asesinado.
Luciña, como la solían llamar en el claustro, logró soltarse sus muñecas de las ataduras de soga de barco, miró por un instante con ojos llorosos y tristes a su compañera, se levantó tambaleándose, acercándose a una mesita donde agarró una navaja barbera y se cortó el cuello
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Dibujo: Castelao ¡Arriba España!

Les Escoles Racionalistes durant la Guerra Civil.
-L’Escola Acràcia de La Sagrera i el seu Refugi, l’Ateneu que la tutelava i el CENU.
L’Escola Acràcia de La Sagrera va ser una de les moltes escoles racionalistes que van sorgir durant la Guerra Civil espanyola, representant un model d’educació laica i llibertària en plena revolució social.
Aquesta escola va ser impulsada per l’Ateneu Racionalista de La Sagrera i va funcionar en un edifici confiscat conegut com La Torre, on es va establir també un refugi per als treballadors i militants.
Durant els primers anys de la guerra, l’Ateneu va gestionar tant l’escola com la remodelació de l’edifici, seguint les normatives vigents de la CNT, tot i les dificultats i la desconfiança envers els poders institucionals.
Les escoles racionalistes com Acràcia van jugar un paper fonamental en l’educació revolucionària, lluitant per una educació lliure i sense influències religioses.
Aquesta escola, a més, va rebre finançament de sindicats i de la Federació d’Escoles Racionalistes, tot i la por que la derrota imminent generava entre els seus membres.
La història de l’Escola Acràcia il·lustra no només les tensions polítiques de l’època, sinó també la capacitat d’adaptació de les institucions llibertàries davant d’un context de guerra i repressió…