
Memoria histórica imprescindible:
-«EL DEBER DEL CAMPESINADO».
Por Miguel Hernández.
(Fuente: «AL ATAQUE». Órgano de la 1ª Brigada Móvil de Choque. Año I – Núm. 3 – Página 1 y 2. Madrid, 23 de enero de 1937).
«Los hombres que han trabajado las tierras de España; las tierras generalmente duras y poco productivas del agro español. Los hombres que se han dejado sus fuerzas y su salud, en el cultivo de esas tierras, por un jornal reducido o un arriendo que no han podido pagar más que quitando el pan de su boca y la sangre de sus venas; esos hombres y los hijos de esos hombres, vosotros campesinos, que hoy empuñáis el fusil, sabéis poco o sabéis nada la victoria que representa para vosotros derrotar a las clases adineradas que están frente a nuestras trincheras, bajo el nombre del fascismo. No quiero creer que la mayoría de vosotros peleáis por diez pesetas; no quiero creer que os habéis hecho milicianos por dar de lado al arado y a la yunta o porque no habéis tenido más remedio. Sería indigno de los campesinos honrados que fuera así. Creo que habéis dejado la aldea, la mujer, el hijo y el barbecho, porque habéis visto que Juan, que Alonso, que Saturio, vuestros vecinos labradores más honrados y más perseguidos por lo que han sido explotadores y dueños de vuestras haciendas, las han dejado; y los habéis seguido con el presentimiento de que junto a ellos lucháis por un porvenir de abundante pan, y justicia abundante. Pero en las trincheras veis que corre la sangre, que mueren compañeros, que se pasan malos días. Juan, Alonso, Saturio, han muerto con los dientes apretados, y unas palabras de aliento para vosotros y un insulto para sus asesinos, han sido el último rumor de sus vidas. Y vosotros no sabéis si llorar, si insultar también a los asesinos, si dejar el fusil y marchar a done no se oiga la guerra o si dejaron matar cobardemente. ¿Por qué este decaimiento de ánimo? Sencillamente: porque no tenéis plena conciencia, pleno sentimiento de la muerte de Juan, Alonso y Saturio; de la vida de vuestros hermanos y vuestros hijos y de la maldad de los que han explotado vuestros cuerpos esclavos. En una palabra; «porque no queréis la tierra».
Por hambre que pasemos, por muertos que veamos, por sangre que se nos derrama en estos días, no podemos reaccionar como borregos, a los que todo se les va en lamentos en baldíos tristes. Hemos de reaccionar como hombros que somos: hemos de salir de cada momento difícil con más empuje, con más serenidad, con más alegría. La muerte de cada compañero nuestro, debe ser un puñado más de rabia acumulada en el fusil, que siempre ha de estar atento y vigilante contra las cabezas enemigas.
A vosotros, campesinos, corresponde alentar y disciplinar a vuestros compañeros de trinchera. No los dejéis decaer, agachar la cabeza, encoger las piernas, decir palabras de desaliento. Vosotros, campesinos, por experiencia lo sé, sois los que más sabéis de sufrimientos y necesidades; sed los que sepáis dar mejores lecciones de hombría. Que ni un solo fusil se acobarde a vuestro lado. Que a nadie importe morir por la defensa de su barbecho libre, de sus manos libres para recoger el trigo y la viña.
A vosotros, campesinos, corresponde ocupar el lugar primero en los puestos de combate. A vosotros pertenece la salvación de España. Cada baja que ocasionéis al enemigo, es un palmo de tierra que se libra de tiranos y de imposiciones. Cada muerto fascista, es un montón de estiércol que tenéis para las cosechas venideras. ¿Qué abono más fino podéis desear para vuestros cultivos? Que caiga principalmente sobre vosotros campesinos, la gloria de ahogar en las trincheras al fascismo como ha caído siempre la de ahogar en los surcos a la cizaña. La tierra, vuestra, España vuestra, y no de italianos y alemanes. Deseadlo con todo el corazón y lo será. Y no penséis en la muerte cuando la tengáis cerca mas que deciros: «¿Cómo la he de temer, si es solo un trago?».

*Miguel Hernández, un gran poeta del pueblo en las trincheras.
«Nací en Orihuela hace veintiséis años. He tenido una experiencia del campo y sus trabajos, penosa, dura, como la que necesita cada hombre, cuidando cabras y cortando a golpes de hacha olmos y chopos, me he defendido del hambre, de los amos, de las lluvias y de estos veranos levantinos, inhumanos de ardientes. La poesía es en mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí, como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando a cada paso a dignificarme a través de sus martilletazos.
Me he metido con toda ella dentro de esta tremenda España popular, de la que no sé si he salido nunca. En la guerra, la escribo como un arma, y en la paz será un arma también, aunque reposada.
Vivo para exaltar los valores puros del pueblo, y a su lado estoy dispuesto a vivir como a morir.»
(Breve nota autobiográfica de Miguel Hernández, aparecida el 22 de agosto de 1937 en «Nuestra Bandera», acompañando a la publicación del discurso del propio Miguel Hernández el 21 de 1927, en un Acto celebrado en el Ateneo de Alicante).

*Miguel Hernández lee un relato de aquel acontecimiento:
He pasado por Extremadura. Allí se defienden los hombres como leones, comiendo hierbas. Vi morir uno con un brazo podrido, y me decía, creyéndose que no tenía nada: «He atravesado, atravieso por España y su guerra con dolor, con alegría, con orgullo. ¿Ganaremos la guerra? Yo no la podré perder. Es mucha la sangre que me grita que hemos de ganarla.» Aquí está una voz cantando el heroísmo de España desde el 18 de julio de 1936 hasta que quede un soplo de aliento.
(Hernández, entre el entusiasmo del público, recitó algunas de sus poesías de guerra, y terminó con estas palabras):
El poeta es el soldado más herido en esta guerra de España. MI sangre no ha caído todavía en las trincheras, pero cae a diario hacia dentro, se está derramando desde hace más de un año hacia donde nadie lo ve ni le escucha, si no gritara en medio de ella.