
Memoria histórica imprescindible:
-2.500 milicianos gallegos en la defensa de Gipuzkoa. La solidaridad entre los pueblos, arma imprescindible.
29 de julio de 1936: gallegos en la defensa de Donostia.
Desde el año 1920, se había instalado en Pasaia una importante colonia de marineros gallegos, que se concentraban en el barrio de Trintxerpe y que en su mayoría pertenecían al sindicato Avance Marino, integrado en la CNT. Estos marineros nada más tener conocimiento del golpe fascista comenzaron a movilizar a sus militantes para las tareas de vigilancia y para conseguir armas y explosivos. En la mañana del 19 de julio fue asaltado el cuartel de la Guardia de Asalto de La Brecha para hacerse con las armas, camiones y material militar.
A este contingente de marinos gallegos afincados en Gipuzkoa, se unió los que llegaron al puerto de Pasaia, huyendo de la guerra, otros arribaron a las costas francesas y desde allí entraron por Hendaia para continuar la lucha. Los milicianos gallegos, unos dos mil quinientos, estuvieron en diferentes frentes abiertos en Gipuzkoa: Rentería, Peñas Aya, Erlaitz y en la defensa de Irún.
En el periódico Frente Popular apareció un artículo titulado: Cómo cooperan los entusiastas pescadores de Trincherpe a la obra común; en él se narra su participación: «Esta sufrida gente de mar ha sido la primera que se ha puesto en plan de lucha. Acudieron a la capital en cuanto tuvieron noticia de que su presencia era necesaria. Hicieron otros trabajos de metalurgia a los que no se habían dedicado nunca (…) Por otra parte, dos parejas de pesca salen a la mar con objeto de procurar pescado para los hospitales de sangre y enfermos, así como para los compañeros que lo necesitan. Otros dos turnos de treinta hombres trabajan en los barcos de la Pysbe descargando el bacalao almacenado en las bodegas (…)».
La inclusión de este grupo de milicianos en el Ejercito republicano controlado por el Gobierno Vasco no fue fácil, ya que la burguesía vasca no dejaba de ver en ellos una clase obrera revolucionaria y combativa a la que venía combatiendo. El siguiente texto, justificando los motivos de su inclusión en el ejército de los milicianos gallegos, es un ejemplo de su reaccionaria ideología:
«Entre otras ventajas que nos proporcionaba la expedición, era una de ellas la de retirar de la ciudad, del puerto y de la frontera a unos cuantos cientos de gentes extrañas al País, singularmente gallegos, que imprimían un sello de violencia exótico e inconveniente a nuestra causa, que era la defensa de la República (…) Realmente controlábamos mal a aquellos grupos armados, extraños y pintorescos que daban un tinte extraño a la amable vida guipuzcoana y al carácter y maneras de producirse del país».
Mientras tanto fue entre la clase obrera y los sectores populares donde se daban las muestras de solidaridad. «Donostiarras y gallegos simpatizaron rápidamente. El mismo ideal les unía”, recogía un periódico de la época.
PRES.O.S. Agenda de 2019.

-La antigua cárcel de Huelva para homosexuales y trans, lo que la memoria no quiere recordar.
En el corazón del barrio onubense de Isla Chica, entre multitud de gente, se encuentra una estructura abandonada mientras pasa el tiempo. Un edificio olvidado: la antigua cárcel provincial de Huelva.
Lo que hoy parecen escombros, fue durante décadas un instrumento de represión y castigo.
Los muros de la antigua cárcel provincial de Huelva todavía custodian los ecos de quienes, en tiempos del franquismo, fueron encerradas por amar. Construida en 1930, la prisión de Huelva fue designada a finales de los años sesenta como centro de internamiento para homosexuales y personas transexuales. Situada en el barrio de Isla Chica, en pleno corazón de la capital onubense, acogía a condenados en cumplimiento de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970. Décadas después, la prisión dejó de albergar a víctimas de la represión. En 2013, la Junta de Andalucía la declaró Lugar de Memoria Histórica, pero lejos de convertirse en un símbolo de reconocimiento a la memoria, el edificio se deterioró hasta volverse un lugar de olvido. Los archivos que documentan la persecución del colectivo desaparecieron entre sus ruinas.
El internamiento de homosexuales en cárceles franquistas no fue un fenómeno aislado ni improvisado sino la culminación de una política sistemática de persecución que tuvo su origen en la década de 1950. Con la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes en 1954, la homosexualidad quedó oficialmente considerada como una amenaza para la sociedad, y su penalización se intensificó con la promulgación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social en 1970.
Durante los primeros años del régimen, según la Ley de Vagos y Maleantes, la homo y transexualidad se entendía como una amenaza al orden social y moral. La aplicación de esta tenía como fin limpiar las calles. Con la nueva ley de 1970, esta concepción cambió, y las personas gays pasaron a ser vistas como enfermos desviados. En este contexto, se empezaron a aplicar las terapias de reconversión y la creación de cárceles específicas. El régimen diseñó una estrategia de segregación carcelaria que se ajustaba a su obsesión por el control, para reprimirlos y sanarlos. Se pretendía no solo encarcelar a las personas, sino curarlas.
El discurso franquista sobre la homosexualidad se basaba en la ciencia y en una lógica cristiana, afines a su perspectiva, que utilizaban como base para la represión. Se calcula que entre 4000 y 5000 homosexuales y personas trans fueron encarceladas, de los que Vallejo-Nágera, referente de la psiquiatría durante el franquismo, decía que eran “degeneración, como algo biológico y transmisibles”, en su libro Psiquismo del fanatismo marxista. La dictadura presentó la homosexualidad como una enfermedad curable, influenciada por el contacto con extranjeros y el “desorden social” de la posguerra.
En la década de 1960, el psiquiatra Juan José López Ibor afirmaba con orgullo haber logrado curar la homosexualidad de varios pacientes mediante tratamientos como electroshock y lobotomías, que aplicaba en su clínica de Madrid. Uno de sus casos, según relataba, había quedado con serios daños cognitivos, incluyendo pérdida de memoria y dificultades para pensar, pero al mostrar una aparente atracción hacia mujeres, el médico lo consideró un caso exitoso. López Ibor dijo: “los homosexuales deben ser considerados más como enfermos que como delincuentes”…

1939-1975-2025:
-Así se pasó del fascismo franquista al fascismo coronado:
El politólogo, militante y periodista Lluc Salellas editó en 2015 el libro ‘El franquisme que no marxa’ (Edicions Saldonar) (El franquismo que no marcha).
El franquisme que no marxa és un viatge al cor mateix de les famílies responsables de la dictadura franquista. Un trajecte que posa davant la societat els noms i els cognoms de les persones amb més pes durant el franquisme que van sobreviure durant la Transició i hi van continuar manant, tot i carregar a l’esquena el pes d’una infàmia de quaranta anys.
El libro investiga cómo le fue a los que mandaban durante la dictadura:
“Investigué las vidas de los últimos 50 ministros de Franco y encontré que ninguno fue degradado por la democracia. Al revés, la mitad fueron a parar a los consejos de administración de las grandes empresas, y la otra mitad a la política”.
En la justicia hubo también puerta giratoria: «10 de los 16 jueces del Tribunal de Orden Público franquista ascendieron al Tribunal Supremo o la Audiencia Nacional.»
Sobre la policía torturadora: «Hubo muchos Billy el Niño. Todos intocables, impunes y ascendidos en democracia.»
Sobre la banca española golpista: «Ministros franquistas que firmaron asesinatos pasaron directamente a los consejos de administración de varios bancos. Lo decía Félix Millet. Somos 400 familias y siempre somos los mismos”, apunta Salellas en el libro.
Presos Revolucionarios.