
Lecturas imprescindibles:
-Crónica del alba. 2
Ramón J. Sender
En este segundo volumen:
«El mancebo y los héroes»,
«La onza de oro» y
«Los niveles del existir».
Igual que los anteriores, este relato es verdad. Los lectores que tengan un poco de memoria recordarán algunas circunstancias patéticas, que refiero tal como mi memoria me lo permite. Recuerdo algunos nombres, pero otros se me olvidan porque deben estar archivados en esa parte del cerebro donde repercute la onda explosiva de las granadas. Y se han disuelto quizá en la perplejidad de lo tremendo…
358 páginas. Descarga:
–https://drive.google.com/file/d/1aQfQdgfFjsi7LM5ecIrm5S-Dv20WxiMY/view?ts=686d54a0
Hay que tener cuidado con los escritores que se reivindican. Ramón J. Sénder tiene una parte de su obra muy interesante. «Crónica del Alba» no es bajo mi punto de vista parte de ella. En algunos pasajes de esta obra hay una evidente reivindicación de Joaquín Maurín, dirigente del POUM que fue hecho prisionero por los fascistas y que salió de prisión en unas circunstancias «peculiares». El papel de propio POUM durante la guerra fue también «problemático», sin entrar en más detalles, pues sería largo y tedioso abordar esa «problemática». Raúl J. Sénder es un personaje profundamente oportunista. Estuvo cerca del anarquismo; se acercó al PC; luego flirteó, ya desde el exilio, con el POUM, para finalmente convertirse en un furibundo anticomunista una vez se asentó en EEUU, donde ejerció como profesor universitario.
Hay autores sobre los que se pueden reivindicar obras concretas, pero que en ningún caso pueden reivindicarse de forma global. Raúl J. Sénder tuvo momentos positivos en su trayectoria. Pero, juzgada esa trayectoria en su conjunto, yo la definiría como errática, oportunista, sin principios y sin moral, sobre todo en sus últimos años. Maurín, como él, acabó exiliado en EEUU. Y el lugar donde se exiliaron algunos dice mucho sobre los propios exiliados. Los miembros del PC se exiliaron sobre todo en México, los del PSOE o cercanos al PSOE en Reino Unido y los que, en general, carecían de moral y de principios, acabaron en muchos casos en EEUU, donde debían pagar el correspondiente peaje anticomunista para poder permanecer allí.