
Memoria histórica imprescindible:
No olvidar jamás:
-Terror y eliminación
“Debemos sembrar el terror… eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”
Emilio Mola. Genocida fascista.

-Matanza de rojos en Canarias
“(…) En la cárcel de Las Palmas los presos comían una vez al día, dormían en el patio y en los pasillos, y durante la noche, para doblarse o para cambiar de posición debían hacerlo todos a una, debido al hacinamiento. Muchos no se volvieron a levantar y eran enterrados en fosas comunes, y se produjeron algunos desesperados suicidios que los expresos antifascistas prefieren no recordar. Apaleamientos diarios, torturas practicadas por los funcionarios y, peor que todo eso, las salidas para ya no volver.
Tanto de la prisión de Las Palmas como de los dos campos de concentración salieron muchos presos, sobre todo los que no estaban procesados -muchos se salvaron por estarlo, para terminar siendo despeñados por algún barranco, en los acantilados marinos -Marfea, Tinoca, Malpaso—, en alguno de los pozos de agua -Tenoya y Cardones, sobre todo- o desaparecidos por la sima de Jinamar…”
José Luis Morales “Matanza de rojos en Canarias” (Interviú, 1977)
Imagen del campo de concentración del Lazareto de Gando en Gran Canaria (de Fernando Caballero Guimerá)
De: Francisco González.

-Más y más fosas
Identificados los primeros restos de represaliados en el cementerio de Xàtiva.
Los cuerpos de Manuel Cháfer y José María Blanch podrán ser entregados a sus familias 86 años después, tras confirmarse su identidad con las pruebas de ADN.
L’Associació Víctimes del Franquisme del Cementeri de Xàtiva ha anunciado que se ha corroborado genéticamente la identidad de los restos pertenecientes a los setabenses Manuel Cháfer Cháfer y Jose María Blanch Maynou, ambos víctimas de la represión franquista.
El trabajo fue realizado por los forenses y arqueólogos de ArqueoAntro, que recuperaron a 2 de los 45 fusilados cuyos cadáveres se cree que fueron a parar al subsuelo del cementerio municipal, en fosas sin identificar.
El caso de Manuel Cháfer Cháfer es el ejemplo más brutal de la represión franquista en la capital de la Costera, y el único caso probado hasta el momento de ejecución extrajudicial, acaecida un dos de octubre de 1939, varios meses después de concluida la Guerra Civil. Análisis de los restos de Manuel confirmaron su asesinato con tortura previa. La autopsia oficial practicada por los doctores Ubeda y Cuquerella en su época describió una muerte violenta causada por arma de fuego, que remató las consecuencias de un linchamiento previo: Cháfer sufrió quemaduras de primer, segundo y tercer grado por todo el cuerpo. El citado informe que contradice la versión de la Guardia Civil, sobre que su muerte se debió a un suicidio, al verse Manuel Cháfer acorralado por las fuerzas de la Benemérita.
José María Blanch Maybou fue ejecutado en la primera saca de la Casa blanca, el 15 de mayo de 1939, donde la “justicia” franquista condenó a muerte a decenas de setabenses en rápidos juicios militares, y cuyos cadáveres fueron arrojados a una fosa común nunca localizada.

-Sobre los granujas y lúmpenes
«Todos los rateros y granujas del barrio son falangistas, así como los vagos de profesión. En efecto, la Falange reclutaba para sus filas a los lumpen proletarios, a la escoria de la barriada, incluso a elementos presidiarios».
Juan Ambau. Comunista.

-Portugueses en la guerra contra el fascismo en España.
Refugiado en la España republicana, el exilio político portugués fundaría dos organizaciones en esos años, la União dos Antifascistas Portugueses y el Frente Popular portugués. En octubre de 1936 los antifascistas portugueses difundían el manifiesto, Mensagem do Verdadeiro Portugal – A ditadura de Salazar inimiga de Espanha e do povo português, un documento que pretendía dar voz al Portugal antifascista, presentado como la verdadera nación portuguesa.
Mientras el fascista Salazar* prestó desde julio de 1936 apoyo a Franco, muchos antifascistas lusos vieron en la República la oportunidad de liberar a sus país del fascismo.
Portugueses en el bando antifascista.
Como los brigadistas italianos o alemanes, los portugueses también tratarían de “limpiar” con su lucha el “honor nacional” de sus respectivos países, “mancillado” por sus respectivas dictaduras, aliadas con Franco. La Guerra en España les ofrecería la oportunidad de dar, aunque fuera en suelo extranjero, la batalla que no podían dar en sus países.
A diferencia de los combatientes de otras nacionalidades, los portugueses no llegaron a formar unidades propias. ¿Cuántos fueron? Resulta difícil de estimar, ya que como explica María José Oliveira, investigadora del Instituto de Historia Contemporánea- Universidade Nova de Lisboa, muchos españolizaron sus nombres y apellidos, o se casaron con españolas, por lo que localizarlos en los archivos resulta como “encontrar una aguja en un pajar”.
Oliveira, autora de una tesis doctoral sobre el tema y que prepara una monografía sobre el antifascismo portugués en la Guerra Civil, distingue entre un grupo de militantes que acude expresamente a España a luchar, o que ya se encuentran refugiados en el país por motivos políticos, y otro colectivo mucho más numeroso de emigrantes económicos que con el estallido del conflicto se unen a las milicias anarquistas, socialistas o comunistas.
La colonia portuguesa, dedicada a distintos oficios, se encontraba repartida en Madrid, Barcelona, Galicia y otros territorios. No hablamos de una comunidad menor. Solo en Asturies residían unos 5.000 trabajadores portugueses, la mayor parte de ellos trabajadores de las minas de carbón. En el frente asturiano también combatirían algunos portugueses afincados en Galicia que tras el triunfo del golpe de Estado buscarían refugio en la provincia vecina.
Algunos de estos antifascistas portugueses llegarían a jugar un papel destacado en España, como Germinal de Sousa. Con una biografía militante a caballo entre el anarquismo portugués y español, durante la Guerra Civil llegó a ser un importante dirigente político y militar de la CNT y la FAI. Otros casos conocidos son los del militar portugués Alberto Alexandrino dos Santos, exiliado en España desde 1927, y que llegaría a ser un alto mando del Ejército de la República o el del médico y escritor Jaime Cortesão, participante en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y uno de los promotores del Frente Popular portugués.
Mención aparte merece el caso de Jaime de Morais, oficial de la armada portuguesa, acogido en España desde el triunfo del golpe de Estado en su país, y que en 1938 trataría de organizar sin éxito una expedición armada de exiliados a Portugal, para así desestabilizar el régimen de Salazar con el apoyo de la República española y la oposición interna. La evolución de la guerra frustraría el plan.
Más allá de estos grandes nombres, la guerra sería, según Oliveira, la escuela de muchos portugueses y portuguesas de clase trabajadora, emigrados en España por razones económicas, y que en algunos casos incluso aprenderían a leer durante el conflicto, gracias a los programas de alfabetización desplegados en las trincheras y la retaguardia por el Gobierno de la República. Muchos unirían sus destinos a los del bando antifascista, sufriendo con ello cárcel, exilio o muerte, tanto en el frente como en los pelotones de ejecución.
El final de la guerra no supondría el fin de esta profunda identificación con España de muchos de estos portugueses antifascistas. Exiliados otra vez tras la derrota de la República, en el destierro francés, explica María José Oliveira, “bastantes renunciaron a la nacionalidad portuguesa para ser enterrados como republicanos españoles, a veces con la bandera tricolor cubriendo el féretro”.
*10.000 voluntarios portugueses lucharon en la Guerra Civil española en el bando golpista fascista. Fue el tercer contingente extranjero más importante tras los fascistas italianos y los nazis alemanes. Fueron conocidos como Os Viriatos.
–https://www.nortes.me/2025/07/09/portugueses-contra-franco/