Nuevo libro: «Textos inéditos del Partido Comunista de España. PCE. 1949-1950». Prólogo de M.P.M. «Arenas».

Portada «Textos inéditos PCE».

Nuevo libro:

-Textos inéditos del Partido Comunista de España. PCE. 1949-1950

Prólogo de M.P.M. “Arenas”

Templando el Acero. Febrero 2024. 252 páginas. 10 €

En el catálogo de materiales y en la mesa dominical de Tirso de Molina, Madrid.

-Índice:

  • Prólogo
  • Editorial
  • Escritos de esos años de Vicente Uribe, Francisco Antón, Carrillo, Antonio Mije, Ángel Álvarez, Ignacio Gallego y Pedro Checa.
Portada y contraportada del libro.

-Prólogo:

Los textos que contienen esta compilación los hemos extraído del n.º 2, diciembre de 1949, y el n.º 5, abril de 1950 de Nuestra Bandera, revista de formación ideológica del Partido Comunista de España; la mayor parte de ellos se puede decir que son inéditos, ya que su publicación fue mu restringida.

Por extraño que parezca, inexplicablemente como consta en una breve nota que aparece insertada en la primera página del n.º 2 extraordinario, que conmemora el 70º aniversario de Stalin: “De este número de Nuestra Bandera se ha hecho una tirada especial de cuarenta ejemplar, sobre papel alfa, numerados del 1 al 40, y no destinados a la venta”. O sea, todo un lujo para uso exclusivo de los que entonces formaban la dirección del PCE.

Cabe pensar que carecieran de papel (dadas las penurias de aquellos días), o bien considerarlo como un claro síntoma de la llamada “desestalinización” que llegaría después. Pero nada hacía presagiar esto. Al contrario, como queda expresado con claridad en el editorial del nº 2 de la revista que hemos rescatado: “La figura gigantesca del camarada Stalin se alza certera en la historia, marcando al proletariado del mundo el camino de la liberación”.

Como los lectores podrán comprobar, esta serie de artículos (seleccionados por nosotros) son de enorme interés, sobre todo para los jóvenes militantes comunistas, por cuanto fueron escritos por los dirigentes del PCE cuando este aún no había degenerado y conservaba las “señas de identidad” marxista-leninistas.

Ni que decir tiene que estos materiales hubieran sido la mejor herencia ideológica que habríamos recibido los que, allá en el año 68, rompimos con la camarilla revisionista de S. Carrillo y nos pusimos a la tarea de la reconstitución del Partido que ellos habían destruido. Pero hasta ahora han permanecido ocultos, al menos para nosotros.

No creemos que haga falta extendernos para poder demostrar el interés de los carrillistas en mantener estos papeles “secuestrados”, ya que son la prueba más clara y concluyente de su revisionismo y su traición al movimiento obrero revolucionario. Aunque también es cierto que dicha ocultación ya no fue necesaria al marxismo-leninismo (en la práctica hacía mucho tiempo que lo habían abandonado), sin embargo, su interés seguía siendo no darlos a conocer (como hicieron con otros muchos materiales y documentos) al objeto de impedir que nos sirviéramos de ellos para denunciarlos y reconstruir el Partido.

Al leer estos escritos que aquí presentamos, uno se siente inclinado a reconocer la honradez y calidad de militantes comunistas de sus autores; una honradez y calidad que perdieron desde el momento en que, tras el XX Congreso del PCUS (1956), se dejaron arrastrar al pantano del revisionismo y la traición.

De manera que podemos considerar que hasta la celebración de dicho congreso, en el que N. Jrushchov lanzó su infame ataque contra Stalin, la mayor parte de la dirección del PCE, como demuestran sus escritos, eran marxista-leninistas. No sucedía con ellos lo que con esos oportunistas de tres al cuarto que hoy pululan entre los trabajadores haciendo la pose de “marxistas”. Los autores de estos textos inéditos demostraron tener amplios conocimientos de los principios marxista-leninistas (que trataron de aplicar a las condiciones de nuestro país) y venían defendiéndolos como bandera del movimiento obrero.

De ahí su revisionismo; el giro de 180º que tuvieron que dar para pasarse a las posiciones del revisionismo moderno llevados de la mano por sus compadres jruschovistas: renegando así del marxismo-leninismo, de la revolución proletaria y de todo lo que hasta aquel momento habían defendido.

El ejemplo más claro y clamoroso de esta traición, lo tenemos en la trayectoria ideológica que siguió Santiago Carrillo. Conocemos la parte de su biografía política correspondiente al prolongado periodo que ocupó la secretaría general del PCE (ya degenerado) y muy particularmente el papel estelar que representó en la mascarada reformista del régimen. Sin embargo, sabíamos muy poco de sus ideas y andanzas de la época anterior. Y no se podrá negar que este conocimiento resulta necesario para poder calibrar bien al personaje.

Pues bien, en 1949, Carrillo escribió en las conclusiones de un extenso y muy sesudo artículo -que hemos reproducido en esta compilación- lo que sigue:

«Es interesante la actitud que los dirigentes anarquistas, coincidiendo con los dirigentes ‘socialistas’ de derecha, mantienen hoy respecto al Estado franquista, ¡Podéis rebuscar, no encontraréis una palabra, una sílaba contra el Estado franquista como tal, y sobre la necesidad de destrozar la raíz al Estado franquista!

A todo lo más que llegan es a criticar -cada vez con más suavidad- al bandido Franco, personalmente. Pero en cuanto al Estado que encabeza, órgano de la dictadura de la gran burguesía financiera y terrateniente -que en definitiva es lo que hay que derribar para construir sobre sus ruinas un Estado verdaderamente democrático- el más sepulcral de los silencios.

Y no se detienen ahí. Pretenden que el propio Estado franquista, se desembarace de Franco. No otra cosa significa llamar al ejército, a la aristocracia y a la iglesia a desalojar a Franco. El fondo de su criminal posición es: “¡Estado dictatorial, de los grandes capitalistas y terratenientes; no tenemos nada contra ti! Queremos tu salud y prosperidad. Pero Franco te perjudica, Franco es un impedimento para que el pueblo trague la píldora y tengo ilusión en ti. Libérate de Franco y podremos engañar tranquilamente a una parte del pueblo para que te sostenga. Y en recompensa te ayudaremos a calarte el bonete tradicional monárquico. Después de eso estaremos en condiciones de defenderte a bandera desplegada y de ayudarte a llevar al pueblo a la guerra yanqui contra la Unión Soviética y los países de democracia popular”.

Contraportada.

Como acabamos de leer, tras defender, como era de rigor, las ideas y planteamientos políticos del Partido, Carrillo pone en boca de los dirigentes anarquistas y socialdemócratas lo que, en realidad, no es otra cosa que el programa de un sector de la oligarquía española y de los imperialistas anglosajones para la “democratización” de España “después de Franco”. Un programa que, como es bien sabido, fue adoptado por los carrillistas a mediados de los años 50 y lo han estado aplicando (en lo que a ellos compete) hasta nuestros días.

Claro que para eso tuvieron que enmendarlo (a fin de que fuera aceptado por la militancia) añadiendo la llamadapolítica de reconciliación nacional” y otras martingalas por el estilo que exigían, de hecho, la liquidación del Partido. Esto lo entendieron bien los carrillistas desde el primer momento, ya que no existía otra manera de aplicar el referido programa contrarrevolucionario.

Así que podemos asegurar que poco tiempo después de comenzar la “guerra fría” emprendida por los EEUU e Inglaterra contra la Unión Soviética y los demás países socialistas; y antes de la llamada “desestalinización” (que abrió las compuertas a la avalancha revisionista que conduciría a la restauración del capitalismo en Rusia y en los países del Este de Europa), Carrillo ya tenía bien aprendida la lección sobre lo que él y su camarilla de renegados y vividores, tenían que hacer para ganar un puestecito “al sol” del régimen fascista y del sistema capitalista.

Ante este resultado cabe preguntarse: ¿cómo fue posible que un partido revolucionario marxista-leninista, que dirigió desde la primera línea la lucha del pueblo contra la sublevación militar fascista, y después en la guerrilla enfrentando con valor el terrorismo del Estado, los fusilamientos, las torturas y las cárceles…; cómo fue posible que este Partido Comunista, forjado en la fragua al rojo vivo de la lucha de clases, sucumbiera a los cantos de sirena, a las intrigas y los engaños de los agentes de la burguesía infiltrados en sus filas, y acabara colaborando en la reforma del régimen fascista y en los planes contrarrevolucionarios de los imperialistas?

Muchas veces se ha dicho que el PCE no fue destruido por la represión que se abatió sobre él, sino por la actuación llevada a cabo en su seno por la canalla carrillista. Y esto es muy cierto. No obstante, hemos de tener en cuenta también (como lo hemos analizado en Aproximación a la historia del PCE), que para que dicha labor destructiva pudiera ser llevada a cabo hasta el final, se tuvieron que dar algunos otros factores, tanto internos como externos al Partido, que la favorecieron.

Entre esos factores hay que destacar el gran “apego” que sentían los comunistas españoles al PCUS y, sobre todo, al “padrecito” Stalin, es lo que se manifiesta en los elogios y la exaltación desmedida que se hacen de él en los textos que siguen a este prólogo. Además, sabemos que algunas de las decisiones políticas más importantes que tomó la dirección del Partido al finalizar la Il Guerra Mundial (recordemos las que fueron tomadas en apoyo de la guerrilla, así como para su posterior disolución) se debieron a los consejos del líder soviético. Aquellos consejos eran acertados (otra cuestión es la forma chapucera en que fueron aplicados), pero se originaron en una relación de dependencia que debería haber sido evitada.

Esto explica en buena medida el hecho de que el PCE se mostrara tan débil y vulnerable a los rabiosos ataques lanzados por Jrushchov en el XX Congreso del PCUS contra el llamado “culto a la personalidad de Stalin”; lo que hizo que cundiera en sus filas el desconcierto y la desmoralización.

Este golpe, asestado por la espalda por los revisionistas soviéticos al conjunto del movimiento comunista internacional, dejó noqueado al PCE; circunstancias que supieron aprovechar los carrillistas y los liquidadores (Claudín, Semprún y Cía.), que habían permanecido agazapados en el Partido, para sembrar la confusión, intensificar su labor de zapa y conducirlo finalmente a la destrucción.

Esta experiencia, que hemos tenido que pagar a muy alto precio, nos advierte de la necesidad de preservar siempre la independencia política del partido, a la vez que defendemos en todas las circunstancias (frente a las acechanzas de los revisionistas) los principios del marxismo-leninismo como guía y arma ideológica fundamental de la clase obrera en su lucha por la liberación.

Nos advierte también esta experiencia, sobre la atención y el cuidado que debemos poner en la “selección” de nuestros dirigentes. Por cierto, que esto es algo que, como está sobradamente demostrado, no se puede improvisar, pues a veces requiere de mucho tiempo. De manera que solo será posible a partir de la formación de un núcleo compuesto por verdaderos marxista-leninistas; es decir, por militantes comunistas probados en la lucha, que sean firmes en sus convicciones, sepan hacer bien (con iniciativa) su trabajo político, se mantengan vinculados a las masas, y practiquen la crítica y la autocrítica.

No existen soluciones fáciles ni fórmulas milagrosas para este gran problema que nos plantea la lucha de clases; ni otra garantía contra los errores graves y las desviaciones ideológicas y políticas y, además, para que podamos superar cuanto antes todas las dificultades que encontraremos en el largo y duro camino que conduce al socialismo y al comunismo.

Manuel Pérez Martínez (Arenas)

C.P. MADRID VI – Aranjuez, agosto 2023.

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