La 2ª República alfabetizó a más de 1 millón de personas / Manoli del Arco, comunista, la mujer que más tiempo pasó en las cárceles franquistas, 19 años.

Foto. Escuela mixta en la 2ª República.

Memoria histórica imprescindible:

-2ª República: La aportación republicana al mundo educativo.

El problema del analfabetismo.

La Segunda República se encontró con un alto porcentaje de personas analfabetas al tener un sistema educativo inconexo, con un insuficiente número de maestros y escuelas. Por ello:

La escuela, centro de educación y cultura, será uno de los campos prioritarios de actuación de los nuevos gobernantes que veían en el analfabetismo la mayor lacra del país, con la que había que acabar si lo que se quería conseguir era un pueblo culto, base para consolidar la democracia.

Para solucionar este problema, era necesario abordar dos elementos clave. El primero de ellos era el trabajo infantil. La siguiente idea al respecto de la asistencia a la escuela era arrasadora: “[…] el absentismo de buena parte de la población escolar, debido bien a razones geográficas, al desinterés o a las necesidades económicas de los padres”.

El segundo elemento, era el número de escuelas con el que se contaba. En los comienzos de la Segunda República no había un censo de escuelas, por ello, Rodolfo Llopis, director general de Primera Enseñanza, encargó a los inspectores que lo realizaran. En base a los resultados, se comenzó un Plan Quinquenal con el objetivo de construir 27.000 escuelas por todo el territorio español, así como la mejora y ampliación de los puestos docentes.

Se ha de señalar que es difícil encontrar unanimidad en el recuento de escuelas construidas durante los primeros años de la República. En los archivos de UGT hablan de 7.000 en el primer año de la República, mientras que otras fuentes consideran que se acercarían a unas 4.000.

Es importante recoger, que España pasa de tener 10.024.939 personas de ambos sexos analfabetas en 1930 a 8.760.694 en 1940, pasando a ser el decenio, en la horquilla entre 1860 y 1960, que representa el mayor incremento de personas alfabetizadas. En este sentido, entre la población de mayores de 10 años, España registraba en 1930, un porcentaje de alfabetización de un 59,4 % en mujeres y de un 74,7 % en hombres, pasando a obtener unos valores de 71,5 % en mujeres y un 82,7 % en hombres en 1940.

Revista de Formación del Profesorado e Investigación Educativa Facultad de Formación del Profesorado y Educación Universidad de Oviedo Enero-diciembre 2022.

Foto. Manolita del Arco.

-Manoli del Arco, la mujer que más tiempo pasó en las cárceles franquistas.

La militante estuvo en múltiples cárceles del país a lo largo de los 19 años que pasó recluida. Un tiempo en el que se enamoró de otro preso, Ángel Martínez, ambos alimentaron su amor mediante cartas hasta que salieron de prisión.

14 de abril de 1931. Las mujeres celebran la proclamación de la República. Durante los siguientes años, ellas podrían disfrutar de los derechos políticos y sociales por los que llevaban años luchando: sufragio femenino, ley del divorcio, igualdad en derechos laborales o el acceso igualitario a empleos y cargos públicos. Unas libertades que serían usurpadas de repente tras el estallido de la Guerra Civil y la derrota de las fuerzas democráticas. La defensa de estos ideales llevó a muchas a permanecer años en las cárceles franquistas durante la dictadura, pero eso no impidió que continuaran con su lucha.

Una de ellas fue Manuela del Arco Palacios (Bilbao, 1920), quien pasó casi dos décadas en las cárceles franquistas, siendo la mujer que más tiempo continuado permaneció encarcelada tras la guerra. El motivo: ser comunista.

Manuela siempre quiso que le llamasen Manoli o Manolita. Había nacido en Bilbao, pero fue criada en el barrio madrileño de Chamberí. La política le interesó desde muy temprana edad. Mientras estudiaba el bachillerato se incorporó a la FUE (Fundación Universitaria Escolar), al Socorro Rojo Internacional y a la Agrupación Mujeres Antifascistas. Comenzaría a militar en el PCE y a trabajar en la oficina del Estado Mayor del batallón de milicianos U.H.P. (Unión de Hermanos Proletarios) tras el estallido de la guerra.

La primera vez que Manoli pisó una cárcel aún no habían llegado las fuerzas de Franco a Madrid. La militante fue detenida tras el golpe de Estado de Casado, el 5 de marzo de 1939, una lucha golpista que marcaría el fin de la resistencia republicana. El golpe casadista, encabezado por Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro, salió victorioso tras derribar el gobierno republicano del socialista Juan Negrín, que defendía continuar resistiendo.

Manolita, al encontrarse con un miliciano con el traje del Ejército republicano en la entrada de la oficina del Estado pensó que se trataría de un chequeo rutinario. Sin embargo, tras enseñar su carné de afiliada, fue llevada a la prisión de Ventas junto a muchas otras compañeras de partido.

Manolita del Arco no saldría en libertad hasta dos semanas más tarde, apenas un par de días antes de la entrada de los sublevados en Madrid.

«Al salir, es consciente de que en cualquier momento la van a volver a detener y entonces decide escapar hacia el norte, al País Vasco, y ahí está huida durante un año y medio, permaneciendo en contacto directo con la militancia del Partido Comunista. En 1942 resultó nuevamente detenida, esta vez en A Coruña, y fue trasladada a la cárcel de Ventas. Desde ese momento, empieza a pasar por un carrusel de cárceles por toda España», relata su hijo Miguel Martínez del Arco.

Foto. Manoli, en la cárcel de Ventas.

Fue condenada a pena de muerte en 1943 por sus ideales antifascistas; una sentencia que le sería conmutada a cambio de 30 años de prisión. «Si bien, antes de recibir la conmutación, tuvo que pasar cinco largos meses en el sótano de penadas de Ventas esperando cada noche que la sacaran a fusilar», explica el historiador Fernando Hernández Holgado.

«El apoyo mutuo entre las presas fue clave. Mi madre resistió con alegría, con convicciones y con mucha relación entre todas las mujeres presas. La sororidad entre ellas les permitió generar un universo afectivo, la relación entre las propias mujeres que pelean. Se crearon grandes amistades, como si fueran hermanas, incluso más allá del tiempo que estuvieron en la cárcel».

Manoli era todo un ejemplo de rebeldía y lucha antifranquista hasta dentro de las propias cárceles, donde las militantes republicanas siguieron organizadas en la medida de lo posible. Allí hacían cursillos de formación política y conservaban representantes de la dirección general del partido para mantenerse organizadas. «Las mujeres tuvieron la capacidad de organizarse tanto en los aspectos emocionales humanos como en temas políticos para hacer frente a la represión brutal que se daba en las cárceles y así continuar luchando todo el tiempo. Además, siguieron formándose, lo que les permitió poder analizar la sociedad de otra manera y entender la realidad».

Ella colaboró en la organización de huelgas de hambre dentro de las cárceles de Ventas y de Segovia. De hecho, «su participación en la huelga en Madrid provocó su traslado a la cárcel de Málaga en 1946».

Durante sus años de interna, Manolita mantuvo una relación epistolar con Ángel Martínez, otro encarcelado perteneciente a su mismo expediente y al que había conocido durante su juicio en 1943.

«Prisión de Segovia, 24 de mayo de 1950 […] ¿Te haces una idea de cómo será nuestro encuentro? ¿Recuerdas lo que me dijiste cuando nos despedimos en el camión? ‘Tú y yo hemos de hacer grandes cosas’. No lo olvido y mil veces me he preguntado: ¿cuándo? No encuentro la respuesta justa, así que siempre confío que será pronto. Más allá de la exigua realidad. Te abraza tu Manoli», escribía en una de sus cartas a Ángel, que se pueden leer en la obra Memoria del Frío de Miguel Martínez del Arco.

Cuando Manolita salió de la prisión de Alcalá de Henares en junio de 1960, después de haber permanecido 19 años interna, Ángel, que había salido en libertad dos meses antes, la estaba esperando. Era la segunda vez que se veían, desde 1943, cuando ambos fueron condenados a muerte por su defensa a la República.

La pareja se casaría a los pocos días de que Manoli saliese de la prisión y tuvieron un hijo, pero las buenas nuevas no duraron demasiado. Ángel fue encarcelado de nuevo por su militancia en el PCE, y Manolita tuvo que hacer frente a los duros últimos años de la dictadura franquista sola, señalada y con un niño de meses de edad.

Las adversidades no vencieron a la infatigable republicana, que continuaría con su militancia de manera clandestina mientras trabajaba en los comités pro-presos y pro-amnistía, luchando por la libertad de su marido y otros presos políticos.

Su hijo fue una víctima directa de la dictadura franquista. «Siendo menor he estado detenido muchas veces. Iban a por mis padres, pero yo también acababa en la comisaría. Llevaban a los niños con el único interés de amedrentarlos. Los niños hijos de republicanos fueron víctimas de la represión franquista y no había otra posibilidad más que la de sentirte protegido dentro del marco afectivo de tu familia y de la gente cercana y seguir haciendo tu vida en la medida de lo posible. Había momentos de mucho dolor, pero también otros de mucha creatividad».

Cuando por fin Ángel sale de la cárcel en 1968, lo hace muy enfermo y tocado por la represión sufrida durante tantos años y fallece poco tiempo después. Manolita, tras la legalización del PCE, colaboró en las áreas de Internacional y Sanidad. Además, formó parte del colectivo feminista Sororidad hasta su muerte el 20 de enero de 2006.

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