Relato «El Regreso», de Pepe Balmón Castell. Descarga. “¡Guau. Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaaí ¡Uuuu. Aaaa!’’, Que no me arranquen nunca de tu corazón. Que no me borren nunca de tu memoria. Venceremos.

Portada «El Regreso» (preso viendo a través barrotes furgón)

Recuperando materiales:

El Regreso”

Relato de José Balmón Castell

Publicado por el SRI en marzo de 2016

Y enlace de descarga de “El Regreso” de J. Balmón.

¡Dios, que distinto a como lo había soñado durante largos años y más largas noches!

“¡Guau. Guau. Guau!” “¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa!” “¡Guau. Guau. Guau!” “¡Apártate imbécil! ¡A la derecha! ¡A las aceras!” “¡Aquí Puma 2 para Puma 1, aquí Puma 2 para Puma 1, más rápido!” “¡Aquí Puma 3 para Puma 2, hemos perdido de vista a Pumas 4 y 5!” “¡Aquí Puma 2 para Puma 3, ¿me recibes?; no os preocupéis, ya nos alcanzarán en el Punto Cero! ¡Adelante, más aprisa!” “¡Aquí Puma 2 para Puma 1, cuidado con ese coche que lleváis al lado, es sospechoso. Adelántalo. Échalo a la acera!” “¡Guau. Guau .Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Guau. Guau. Guau!”.

Las calles, mis queridas calles que pisé durante años entre vinos, amores y luchas, se deslizan raudas y heridas bajo las ruedas, sin ni siquiera tener tiempo para reconocerlas… Si, si; ésta es la Avenida de Carlos III, aquel el hospital militar, ahí las viejas y derruidas murallas… “¡Guau. Guau. Guau!” “¡Puma 2 para Puma 1, más deprisa, no quites la sirena, más deprisa!”. Ya estamos en el centro… la Torre de la Mal Muerta que se ha quedado sola ahí en medio con sus piedras y sus siglos…; los jardines de la Merced que quieren destrozar ahora; la Estación donde puse por primera vez el pié cuando llegué a Córdoba para hacerme obrero; ahí, sí, ¡qué gratos recuerdos! Ahí a la derecha están Las Margaritas, ahí estaba mi casa con mi mujer y mis hijos por los que comencé a luchar por una nueva sociedad… “¡Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa!”

Los jardines de la República donde venía a recrearme con las flores y los patos…; La Victoria, con su banda de música de los domingos por la mañana y los niños con sus globos; y las Ferias de Mayo; y sus aires perfumados de azahares; y las mujeres de Córdoba, las más guapas del mundo; el viejo Hotel Palas, Vallellano…

Estamos casi llegando al Punto Cero y no he tenido tiempo de ver tan siquiera una cara para recordarla: todos han tenido que huir del atropello para refugiarse en las aceras… Mi Córdoba, mis paisanos, mis amigos…, aquí estoy en medio de vosotros y no puedo veros; solo queda de mí una estela de destellos cegadores y el ulular de una formación de sirenas desbocadas sembrando la confusión en el tráfico y en el pánico en las calles y las gentes…, las gentes que tanto amo huyen asustadas a mi paso. Lo siento, hermanos, no era este el regreso que soñé durante largos años y más largas noches…

Voy sentado entre dos policías, esposado, escoltado por una caravana de enemigos; he recorrido así España de punta a punta para este momento y no quiero perderme nada… Voy hacia el Punto Cero con el corazón en un puño. Y aquí, en medio de decenas de ojos y manos sobre mí y sobre las armas, alertas, ahora más que nunca, en mis calles y entre mi gente, me doy cuenta de que debo ser realmente peligroso a juzgar por las molestias que se toman… No, no soy presuntuoso, no soy yo; bien lo sabéis que soy poquita cosa: son mis ideas de libertad y de justicia verdadera para el pueblo lo que tanto temen…, es por eso que inventaron mil acusaciones y me condenaron para arrancarme de vosotros.

¡Os temen a vosotros, mis queridos paisanos y compañeros! ¡Que no me veáis! ¡Que me reconozcáis! ¡Que no me recordéis! ¡Que no vayáis a contaminaros! ¡Que se borre la memoria y el ejemplo…! “¡Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa!’’ “¡Ese imbécil, que se eche a la derecha! ¡Puma 2 para Puma 1, échalos a la derecha! ¡Más aprisa!”.

Y a pesar de la prisa y de cruzarte en tromba, eres mi Córdoba, sois mis gentes laboriosas y sencillas; y yo estoy aquí, en medio de “Pumas” y decenas de bocas de fuego y plomo, sabiendo que eres tú y sin poder mirarte cara a cara ni decirte quien soy… Llevo los ojos llenos de neblina quemante y la garganta anulada de emociones y de viejos recuerdos, voy tratando de fijar tus imágenes en lo profundo de mi corazón para que me acompañen en los próximos años…; estás algo cambiada, quieren hacerte “demócrata” y que dejes de ser roja, pero sigues siendo tú… ¡Asesinos, que aplastan a aquel niño! “¡Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Guau. Guau. Guau!” “Puma 2 para Puma 1, 3, 4 y 5, apagad las sirenas, dejad sólo las luces de destellos, estamos llegando al Punto Cero!”.

Punto Cero… Todo está medido y ensayado… “¡Cada cual a su puesto! ¡Todos en alerta máxima! ¡Sacadlo cuando yo avise…!” Ya ves mi Córdoba querida, tú sigues ahí abajo reposada y peleando por la vida y yo estoy aquí, a punto de llegar al Punto Cero; tan importante como un ministro y tú y yo sin enterarnos… ¿Cómo estará mi querida viejita? ¿Habrá muerto ya? No, porque entonces no me hubieran traído al Hospital. Sí, tiene que estar viva… ¡Tiene que estar viva, no puede morirse sin que nos despidamos! El corazón amenaza con romperme el pecho en esta espera, pero he de estar tranquilo afuera no se deben perder los nervios delante del enemigo…

El walki-talki emite un rugido, “¡Aquí Alfa para Delta, aquí Alfa para Delta, podéis entrar, todo está listo!”. “¡Aquí Delta para Alfa, vamos para allá!”.¡Vamos!, me dice el policía al que estoy esposado… Detrás de cada columna hay un policía metralleta en mano, detrás de cada puerta hay un policía, detrás de cada esquina hay un policía…; otros avanzan abriendo paso y apartando a la gente extrañada y aturdida por este despliegue policiaco en un hospital… estas cosas sólo ocurren en las películas… Pero no son visiones, esto es de verdad. «¿Quién será ese hombre que va en medio?”, oigo que se preguntan unos a otros “¿Qué pasa, qué pasa…?” “¡Planta octava, habitación 269!”, ordenan al ascensorista. “¡Puma 2 a Central, aquí Punto Cero, sin novedad!”.

Punto Cero… ¡por fin! Ahí está mi adorable viejita, blanca a fuerza de años y de perder sangre, confundida entre sábanas y tubos de operaciones…; sólo sus ojos son dos ascuas febriles que se han abierto al sentir mi presencia. Hasta ha olvidado que se estaba muriendo y ha querido echar a correr para abrazarme…, pero la muerte la sigue sujetando pegada a la cama. Sus manos apenas se sostienen, pero han salido a mi encuentro:

Hijo de mi alma, hijo de mi alma… dice en un hilo de voz.

Mi viejita, aquí estoy… ¿Cómo querías morirte sin consultarme? Tranquila, tranquila…

Hijo de mi alma, susurra…

No llores, mi viejita…

No, no se debe llorar delante del enemigo, y ellos están aquí, uno esposado a mi mano derecha y otro al otro lado de la cama, otros en la puerta, en los pasillos, en las entradas y salidas… “¡Aquí Puma 2 para Puma 1, 3, 4 y 5, aquí todo transcurre sin novedad!” “¡Puma 1, sin novedad!” “¡Puma 3, sin novedad!” “¡Puma 4, sin novedad!” “¡Puma 5, sin novedad!».

Hijo mío -me dice en un susurro- aquí tenía algo para ti, temía que no iban a traerte a tiempo para dártelo.

Ya ves, te has equivocado, aquí estoy. Ha costado dios y ayuda, pero aquí estoy y tú te vas a poner bien muy pronto. Ya sabes que tenemos que bailar juntos en la fiesta del pueblo, no te eches atrás ahora…

Ella ha deslizado entre las sábanas su mano temblorosa y saca algo estrujado entre los dedos…

Toma hijo, son quince mil pesetas.

¡Cielo santo! Me he quedado de piedra… ¡Cielo santo…! ¡Estaba entre los brazos fríos de la muerte y estaba pensando en las necesidades del hijo preso…!, el hijo que la llenó de preocupaciones y de miedos, y que también supo regalarle una flor de vez en cuando y un poco de esperanza de clase… No, no se debe llorar ante los enemigos; por eso, madre- cita, prefiero estar callado, besar tus manos y tratar de agarrar este momento inmenso para que viva en mí eternamente. Tú, la esclava campesina, la madre del miedo en los tuétanos, has luchado a brazo partido contra la muerte y has resistido sus embestidas con tus quince mil pesetas empuñadas esperando al hijo comunista. Tú que solo eres el “Punto cero” para nuestros enemigos, has sabido mantener latiendo tu viejo corazón y tu mano apretada… En esa mano está simbolizada tu cariño y tu orgullo por tu hijo. Has estado velado y rodeada de todos tus hijos, tus nietos y biznietos, mis amigos…; ahí están ojerosos y contentos de verte revivir, pero tú me esperabas a mí por cuanto significo… y seguías con tu mano apretada, temiendo morirte un poco antes y no poder dármelas… ¡Cielo santo! Pero no se puede llorar ante los enemigos, y ellos están ahí… “¡Aquí Puma 2 para Puma 1, 3, 4 y 5, preparados para la salida!»

Ya ves, mi viejita, me voy. Cuídate mucho. Yo ya ves que estoy bien y te quiero…, pronto nos veremos, ya sabes que tenemos que bailar en la plaza del pueblo, no lo olvides…

Hijo de mi alma, hijo de mi alma… “¡Puma 2 para Puma 1, 3, 4 y 5, regresamos”!.

Pasillos, policías, enfermos y enfermeras que se asoman curiosos y sorprendidos… y yo aquí, apretado entre decenas de ojos apuntándome alertas, voy llorando por dentro de alegría. “Adiós, mi viejita, gracias por este nuevo gesto de amor; espero que no te me derrumbes ahora que me has visto. No quiero que pienses que ya has cumplido tu último deseo y te me vayas para siempre. Ojalá que mi presencia te sirva de acicate para que salgas de ésta y sigas adelante, recorriendo las españas de cárcel en cárcel, para seguir defendiendo a tu hijo y sintiéndote orgullosa de saber que es un hombre libre. Hasta siempre, mi adorable Punto Cero…”

“¡Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa!” ¡Puma 2 para Puma 1, a la derecha, volvemos por la ruta 2!” “¡Guau. Guau. Guau…!’’. Aquí estoy otra vez. Córdoba del alma; ahí estás tú, tan mordaz y tan seria. Tus murallas, tus alcázares, tu puente romano con su Calahorra, tu Mezquita, tu Guadalquivir y tu rivera por donde paseé mis ilusiones y mis rebeldías… “¡Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa!”. Como una manada de lobos rabiosos, avanza como exhalación la caravana por tus calles rompiendo en dos la noche con sus destellos, desgarrando el encanto y la pureza de tus aires con sus alaridos… “¡Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa!” “¡Puma 2 a Central, nos dirigimos al Punto Uno sin novedad!”.

Mi Córdoba violada por la jauría. Mis paisanos apartados a golpe de sirena. Los niños suspendidos en sus juegos. El beso furtivo de los enamorados helado por esta avalancha macabra… y siento rabia inmensa; no era este el regreso que soñé tantas noches… y lo siento profundamente, porque os amo. Siempre quise volver como un hijo y como un compañero para seguir entre vosotros hasta ver en las Tendillas la bandera roja de la victoria sobre la esclavitud y la injusticia, aunque haya quien diga que eso ya está pasado de moda… Siempre quise volver con la sonrisa en los labios, no violando la noche, sino con un poema de amor para cantárselo al Guadalquivir o a mis amigos brindando por la causa en la taberna. “¡Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaa! ¡Uuuu. Aaaa! ” “¡Uuuu. Aaaa!” “¡Puma 2 a Central, hemos llegado al Punto Uno sin novedad!” Punto Uno…, no era este el regreso que soñaba durante años. Aquí, al fondo, en el Este de Córdoba, como una verruga purulenta que te añadieron, “la fábrica del llanto” que dijera el poeta. Punto Uno, la cárcel. Aquí donde los hombres y también las mujeres se pudren y retuercen entre el dolor moral y el castigo contando los minutos. Punto Uno, aquí donde el insurgente afila la conciencia, y resiste y persiste en sus ansias de libertad y de justicia, y sigue ardiendo de amor a su pueblo. Punto Uno, aquí en el más aislado y frío de los agujeros de este pozo de dolor y de opresiones que sólo habitan los de abajo; este absceso que deshonra a mi Córdoba y que un día convertiremos en jardín… o tal vez en museo, para que las mujeres y hombres libres no olviden cual era la cara del miedo con el que los opresores mantenían su dominio, y no se descuiden ni los dejen levantar cabeza…

No. No era este el regreso que soñaba, pero aquí estoy, en el fondo de este “Punto Uno”, con los pies y las manos heladas y el corazón ardiendo por la rabia… En otros agujeros parecidos temblando de frío y desesperación, cientos de jóvenes, hijos de trabajadores, empujados a la delincuencia por la falta de trabajo y de un sentido para sus vidas, van perdiendo su juventud y sus nobles sentimientos para convertirse en seres esquizofrénicos, resentidos y sin lugar más que para el odio contra todo y contra todos, destruyéndose minuto a minuto… No, no hay un solo capitalista en esta cárcel, ni aquí ni en todas las cárceles de España. La ley solo está hecha para los de abajo. Aquí se comprende aún mejor por qué es necesaria la revolución…

Y también hasta aquí, hasta este pozo frío perdido en las cloacas de Córdoba, llega el calor solidario y hermoso de los míos. Ahí estaba hoy, en unos ojos azules quinceañeros e iluminados, en un paquete de comida que alimenta mucho menos que el cariño con que la trajeron; en unos puños que gritan silenciosos, en el pelo blanco de una mujer del pueblo, en los compañeros y amigos que son portavoces de otros muchos y los seguirán siendo hasta que la solidaridad brote por encima del miedo y se convierta en grito… Ahí estaban los viejos compañeros de vino y resistencia, más cargados de años y de arrugas, más quemados a fuerza de ver pasar traiciones y cambios de chaqueta; tal vez más impacientes de ver pasar el tiempo sin que estalle una nueva generación imbuida de sentimientos revolucionarios…, pero ahí estaban, como siempre, fieles a la amistad y al deber solidario de clase, y siempre esperanzados y firmes.

Por un instante en este pelear, se ha roto la distancia, se ha roto el aislamiento, se han roto los muros de silencio y acero. Por un instante he vibrado y latido como mi gente y mi ciudad. Sólo será un instante cuando pasa, un paréntesis, pero vivirá en mí para siempre y renovará toda mi sangre.

Cualquier madrugada ya próxima, nuevamente sonarán las sirenas y me sacarán de aquí, lejos, muy lejos. Partiré como vine, en la noche, enlatado en un furgón y escoltado de “Pumas” o “Leopardos”, a toda velocidad, ensordecido por los ladridos ululantes para sepultarme en otro “Punto Uno” donde me perdáis el rastro y no me encontréis… De “Puma” a “Pantera” y de «Alfa” a “Omega”: “¡Contra la pared!” “¡Cachéalo a fondo”! “¡Desnúdese!” “¡Haga flexiones!” “¡Al fondo de la celda!” “¡No se mueva!” “¡Cumpla las normas!” “¡Obedezca!” “¡Arrepiéntase!”. Pero las normas que quieren imponerme, están hechas para romperme el alma y convertirme en piltrafa humana. No hay elección: o sucumbir o resistir… “¡Resistir. Resistir. Resistir!” Esas son las tres normas que oponemos los revolucionarios para poder seguir íntegros y vivir aquí en el “Punto Uno” de los horrores; y con vuestra solidaridad lo podemos todo…

Al parecer, nuestras ideas son altamente peligrosas y contagiosas, por eso quieren vernos derrotados. Y como eso no pueden conseguirlo, es mejor para sus intereses arrancarnos de vuestra vista, de vuestros corazones y de vuestra memoria. Ya no es democrático fusilarnos, pero si lo es enterrarnos en vida, desaparecernos lo más lejos y profundo posible… para que os olvidéis… Pero vosotros, no vais a permitirlo.

No era este el regreso que tanto había soñado. Pero he vuelto, y aunque solo he pasado sin llegar a estar, y aunque estoy sepultado en este “Punto Uno”, me llevo renovado el corazón con las calles y riveras de mi Córdoba; con la mirada azul de la niña- mujer, con los puños de mis compañeros al grito de ¡Viva er Beti!, y cómo no, con el último beso de mi madre y las primeras luces del amanecer en las calles de mi Córdoba del alma.

“¡Guau. Guau. Guau. Guau! ¡Uuuu. Aaaaí ¡Uuuu. Aaaa!’’ “¡Aquí Pantera 2 para Pantera 1 y 3, en marcha!» “¡Guau. Guau. Guau. Guau…! “Hasta siempre mis entrañables hermanos y hermanas. No era este el regreso que soñaba, pero de cualquier forma, ha valido la pena. Bien sabes, Córdoba, que allá donde esté, te llevo en mi corazón y lucho y resisto por verte liberada…

Que no me arranquen nunca de tu corazón. Que no me borren nunca de tu memoria. Venceremos.

José Balmón Castell

Prisión de Córdoba, 12-02-89. Hijo y obrero de Córdoba, militante del PCE -reconstituido-

*Descarga del cuadernito con el relato «El Regreso»:

https://drive.google.com/file/d/1ATk18F_w1ci7Tw-77RXIpObUunEYvLDp/view?usp=sharing

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