Liberación de Auschwitz por los soviéticos. La liberación de varios campos de concentración, obra de los propios prisioneros.

Foto histórica. Pila de cadáveres en campo de concentración nazi.

Luchas,derrotas, victorias… Antifascistas

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-Liberación de Auschwitz

«En la sombra advertí una presencia; se arrastraba en el barro ante mí. Se dio la vuelta y apareció el blanco de unos ojos enormes, dilatados. Callamos: desde lejos nos llegaba el eco amortiguado de las explosiones. De los dos, solo yo sabía que eran los disparos de la artillería alemana que se retiraba. Pensé en un espectro, dudé si yo estaba herido o incluso muerto. No estaba soñando; estaba ante un muerto viviente. Detrás de él, detrás de la niebla oscura, intuí decenas de otros fantasmas. Huesos móviles, unidos por una piel seca y envejecida. El aire era irrespirable, una mezcla de carne quemada y excrementos. De repente nos entró el miedo a contagiarnos; tuvimos la tentación de escapar. Mujeres, niños, enfermos… eran incapaces de moverse, por eso habían sido abandonados en el campo. Los alemanes no habían tenido tiempo de matarlos a todos. No hablaban, me perseguían con miradas de terror. Los últimos días, para darse prisa, los nazis fusilaban a millares al borde de las fosas comunes. Miré en un barril: estaba lleno de cenizas, pero sobresalían trozos de huesos. No sabía dónde me encontraba. Un compañero me dijo que estábamos en Auschwitz. Solo después de pasar varios años, me di cuenta de que había asistido a la apertura de la entrada al infierno.»

Eran las 5 de la madrugada del 27 de enero de 1945, cuando Yakov Vincenko, un joven soldado soviético del Ejército Rojo (División de Infantería nº322) de apenas 19 años, abría las puertas de hierro de Auschwitz… sin ser consciente todavía del horror que estaba a punto de descubrir.

Foto histórica. Pancarta de los prisioneros antifascistas españoles en campo concentración liberado.

-La liberación de los campos de concentración obra de los prisioneros

La liberación del campo de concentración de Mauthausen no fue obra de los ejércitos aliados sino de los propios prisioneros, comunistas y antifascistas que habían luchado en la resistencia de todos los países europeos y de los prisioneros soviéticos. Todos ellos, a pesar de unas condiciones de la más dura represión, fueron capaces de organizarse y, en la medida de sus fuerzas, frenar la barbarie nazi. Muchos de estos prisioneros que eran utilizados como fuerza de trabajo esclava, llevaron una de las mayores campañas de sabotaje en la industria de guerra alemana.

Dos días antes que las tropas norteamericanas llegaran al campo habían puesto en marcha un elaborado plan para hacerse con el control del campo e impedir que en la retirada, los nazis exterminaran a todos los presos. El plan fue un éxito.

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