La batalla de Stalingrado, el principio del fin nazi y de 240 de sus divisiones. Dos millones de soviéticos acabaron con ellos.

Foto. Soldado soviético ondea la bandera roja sobre un Stalingrado arrasado.

Luchas, derrotas, victorias… Antifascistas

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El principio del fin: La batalla de Stalingrado

El verano de 1942, el ejército alemán concentró en el Frente Oriental 240 divisiones y emprendió una nueva ofensiva, pero ya no pudo efectuar operaciones ofensivas en todo el frente, como había hecho en 1941, y tuvo que limitarse al sector sur. El objetivo de esta operación consistía en ocupar las zonas petrolíferas del Cáucaso, la industria de Stalingrado y las regiones agrícolas del Don y el Kuban. Tras adquirir una gran superioridad numérica, las tropas hitlerianas se lanzaron sobre el Don.

Los soldados soviéticos combatieron con heroísmo inigualable. El 1er Ejército de la Guardia, al mando del teniente Kochetkov, defendió una importante cota cerca de Stalingrado. Al principio, este puñado de soldados rechazó cuatro ataques de un destacamento italiano; luego fue lanzada contra ellos una compañía de tiradores alemanes dotados de ametralladoras. Este ataque también fue rechazado. La madrugada del día siguiente avanzaron contra doce tanques fascistas. Muchos estaban heridos, entre ellos el teniente Kochetkov, pero los tanques alemanes no pasaron. Los defensores se arrojaron con bombas de mano bajo los tanques hitlerianos. No quedó con vida ninguno de los dieciséis hombres de la Guardia. Cuando llegaron los refuerzos se vio que en la ladera de la cota ardían seis tanques alemanes.

Pero las tropas fascistas alemanas explotaron su superioridad numérica y mediante un envío constante de refuerzos lograron romper el frente y en agosto cruzaron el Don. A costa de pérdidas ingentes consiguieron llegar al Volga por la parte noroccidental de Stalingrado. El enemigo infligió un duro bombardeo aéreo sobre la ciudad e hizo un intento de ocuparla sobre la marcha. Pero los defensores de Stalingrado lucharon con destreza y valentía y defendieron cada casa con firmeza.

Los obreros de las fábricas de Stalingrado combatieron junto con los soldados del Ejército Rojo. Un gran papel en la defensa de la ciudad lo desempeñaron los marinos de la flotilla del Volga. En condiciones excepcionalmente difíciles, bajo el fuego constante de la artillería y la aviación enemigas, las unidades de la flotilla trasladaron a decenas de miles de soldados, miles de toneladas de municiones y comestibles. El fuego de estas unidades apoyó las operaciones de los defensores de Stalingrado.

La dureza de los combates crecía sin cesar. Por ambas partes participaron en la batalla de Stalingrado más de dos millones de hombres, veintiséis mil piezas de artillería y morteros, más de dos mil tanques, cerca de dos mil aviones. La aviación hitleriana realizó más de cien mil ataques y arrojó un millón de bombas.

El 19 de noviembre de 1942, el Ejército Rojo emprendió la contraofensiva en las inmediaciones de Stalingrado y pocos días después habían cercado al grueso de las tropas enemigas. Fracasaron todos los intentos de las tropas alemanas de romper el cerco.

Cuando el mando de este ejército cercado rechazó las invitaciones de rendición, las tropas soviéticas iniciaron, el 10 de enero de 1943, la operación de exterminio de las tropas enemigas.

La batalla del Volga terminó a comienzos de febrero de 1943 con la victoria soviética. Habían sido derrotadas veintidós divisiones y se entregaron más de noventa mil soldados, encabezados por el mariscal de campo Paulus. La contraofensiva en la zona de Stalingrado se convirtió en una ofensiva general en el frente soviético-alemán, en el transcurso de la cual las tropas soviéticas, arrasando la defensa del enemigo, avanzaron entre seiscientos y setecientos kilómetros y pusieron fuera de combate a ciento doce divisiones de los hitlerianos y sus satélites.

El triunfo del Ejército Rojo en el Volga tuvo un gigantesco alcance internacional. Se había descargado sobre la Alemania hitleriana un golpe del que ya no pudo reponerse.

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