Agenda antifascista: El terror de los oficiales y enlaces nazis, ‘La Pavlichenko’, una soldado francotiradora del Ejército Rojo.

Foto. Ludmila Pavlichenko, con su armamento.

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Ludmila Pavlichenko: Una soldado del Ejército Rojo

Lyudmilla nació en Belaya Tserkov (Ucrania). Estudiaba al mismo tiempo que trabajaba en un arsenal soviético. Apuntada al club de tiro de dicha fábrica, pronto destacó como una gran tiradora. Se licenció y especializó en Historia en la Universidad de Kiev. Cuando la Alemania nazi atacó la URSS, Pavlichenko se apuntó como voluntaria para participar en la lucha. Cuenta la historia de esta revolucionaria una curiosidad: que, debido a su porte más de modelo (alta, bella, peinada, uñas pintadas, ropa muy cuidada…) que de estudiante soviética, el oficial encargado del reclutamiento la miró con tal asombro que Ludmila tuvo que sacar el carnet de tiradora experta y de militante del Partido para ser tenida en cuenta. El oficial seguía tan asombrado con su presencia casi burguesa que le recomendó alistarse en la unidad médica, a lo que esta revolucionaria se negó. Al final fue admitida en el Ejército Rojo, en concreto en la 25 División de Infantería, como tiradora.

Desde el primer día en el frente Ludmila destacó como una tiradora de enorme precisión y estrategia. En Belyayevka primero y en Odessa después, en solo dos meses, ocasionó 187 bajas al enemigo fascista. Hay que tener muy en cuenta que la labor de estos y estas francotiradoras de élite consistía en eliminar altos cargos y oficiales del enemigo, como mandos militares, guías de ametralladora, enlaces, etc. Cuando los fascistas rumanos cercaron Odessa, en septiembre de 1941, el Ejército Rojo se retiró llevándose a los francotiradores a Sebastopol, ya que los nazis los catalogaban como objetivo número uno a encontrar y eliminar.

En mayo de 1942, Ludmila ya había ocasionado 257 bajas mortales entre altos cargos y combatientes de élite nazis. Fue ascendida a teniente por méritos de guerra y citada en el parte internacional de héroes soviéticos del Frente Meridional. Su fama le hizo ser de nuevo el objetivo más buscado por los nazis que rodeaban la ciudad. Fueron torturadas y asesinadas varias personas en busca de información para localizarla. En junio, ya agotada por tantas noches en guardia, y con 309 nazis de alta graduación abatidos, fue gravemente herida por el estallido de un mortero fascista que le explotó muy cerca. Como era el objetivo preferente a eliminar por los nazis, fue sacada de Sebastopol en un submarino para que no pudiera ser capturada.

Recuperada de las gravísimas heridas, pero sin volver a tener la puntería y precisión anteriores, se dedicó a labores de proselitismo, propaganda y organización. Fue declarada héroe nacional soviética. Aprovechó esta fama internacional y viajó a Estados Unidos para participar en la Asamblea Internacional de Estudiantes, celebrada en Washington. En Nueva York participó en cinco mítines multitudinarios. No ocultó ni por un instante su militancia en el PCUS y su enorme respeto por Stalin. Miles de simpatizantes comunistas y militantes de izquierdas asistieron a dichas charlas.

Continuó dando charlas y haciendo propaganda soviética hasta 1945. Acabada la guerra mundial y vencidos y expulsados los nazis de tierras soviéticas, regresó a la URSS y se dedicó a ser monitora. Murió en Moscú, en el verano de 1974.

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