Poemas y canciones de Bertolt Brecht. Martillo de forja, que da en el cráneo del burgués y desmonta sus desvergüenzas. Descarga.

Portada del libro «Poemas y canciones».

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Bertolt Brecht

Poemas y canciones

Hoy presentamos la posibilidad de descarga de un libro imprescindible del gran escritor comunista Bertolt Brecht. Es una pequeña recopilación de sus poemas, que son como un martillo de forja, que da en el cráneo del burgués y desmonta sus desvergüenzas.

-Demolición del barco «Oskawa» por su tripulación

A comienzos de 1922 me embarqué en el «Oskawa», un vapor de seis mil toneladas, construido cuatro años antes con un costo de dos millones de dólares por la United States Shipping Board.

En Hamburgo tomamos un flete de champán y licores con destino a Río.

Como la paga era escasa, sentimos la necesidad de ahogar en alcohol nuestras penas. Así, varias cajas de champán tomaron el camino del sollado de la tripulación.

Pero también en la cámara de oficiales, y hasta en el puente y en el cuarto de derrota, se oía a los cuatro días de dejar Hamburgo, tintineo de vasos y canciones de gente despreocupada.

Varias veces el barco se desvió de su ruta. No obstante, gracias a que tuvimos mucha suerte, llegamos a Río de Janeiro.

Nuestro capitán, al contarlas durante la descarga, comprobó que faltaban cien cajas de champán.

Pero, no encontrando mejor tripulación en el Brasil, tuvo que seguir con nosotros.

Cargamos más de mil toneladas de carne congelada con destino a Hamburgo.

A los pocos días de mar, se apoderó de nosotros la preocupación por la paga pequeña, la insegura vejez.

Uno de nosotros, en plena desesperación, echó demasiado combustible a la caldera, y el fuego pasó de la chimenea a la cubierta, de modo que botes, puente y cuarto de derrota ardieron.

Para no hundirnos colaboramos en la extinción, pero, cavilando sobre la mala paga (¡incierto futuro!), no nos esforzamos mucho por salvar la cubierta.

Fácilmente, con algunos gastos, podrían reconstruirla: ya habían ahorrado suficiente dinero con la paga que nos daban.

Y, además, los esfuerzos excesivos al llegar a una cierta edad hacen envejecer en seguida a los hombres inutilizándolos para la lucha por la vida.

Por lo tanto, y puesto que teníamos que reservar nuestras fuerzas, un buen día ardieron las dínamos, necesitadas de cuidados que no podían prestarles gente descontenta.

Nos quedamos sin luz.

Al principio usamos lámparas de aceite para evitar colisiones con otros barcos, pero un marinero cansado, abatido por los pensamientos sobre su sombría vejez, para ahorrarse trabajo, arrojó los fanales por la borda.

Faltaba poco para llegar a Madera cuando la carne empezó a oler mal en las cámaras frigoríficas debido al fallo de las dínamos.

Desgraciadamente, un marinero distraído, en vez del agua de las sentinas, bombeó casi todo el agua fresca.

Quedaba aún para beber, pero ya no había suficiente para las calderas.

Por lo tanto, tuvimos que emplear agua salada para las máquinas, y de esta forma se nos volvieron a taponar los tubos con la sal.

Limpiarlos llevó mucho tiempo. Siete veces hubo que hacerlo.

Luego se produjo una avería en la sala de máquinas.

También la reparamos, riéndonos por dentro.

El «Oskawa» se arrastró lentamente hasta Madera.

Allí no había modo de hacer reparaciones de tanta envergadura como las que necesitábamos.

Sólo tomamos un poco de agua, algunos fanales y aceite para ellos.

Las dínamos eran, al parecer, inservibles y por consiguiente no funcionaba el sistema de refrigeración y el hedor de la carne congelada ya en descomposición llegó a ser insoportable para nuestros nervios alterados.

El capitán, cuando se paseaba a bordo siempre llevaba una pistola, lo que constituía una ofensiva muestra de desconfianza.

Uno de nosotros, fuera de sí por trato tan indigno, soltó un chorro de vapor por los tubos refrigeradores para que aquella maldita carne al menos se cociera.

Y aquella tarde la tripulación entera permaneció sentada, calculando, diligente, lo que le costaría la carga a la United States.

Antes de que acabara el viaje logramos incluso mejorar nuestra marca: ante la costa de Holanda, se nos acabó pronto el combustible y, con grandes gastos, tuvimos que ser remolcados hasta Hamburgo.

Aquella carne maloliente aún causó a nuestro capitán muchas preocupaciones.

El barco fue desguazado.

Nosotros pensábamos que hasta un niño podría comprender que nuestra paga era realmente demasiado pequeña.

Descarga:

https://drive.google.com/file/d/1X6_hrTrIxo6yiEO21ZkB1Al0FnqudJ_P/view?ts=5eb421f4

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