Polonia, Noruega, Dinamarca, comidas por los nazis, calladas por las democracias burguesas. El objetivo era la URSS… pero el fascismo quería saquear todo.

Cartel. Escenas de guerra, muerte, bayonetas…

Luchas, derrotas, victorias… Antifascistas

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Causas y carácter de la 2ª Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939, el ejército fascista alemán hizo irrupción en Polonia; en un primer momento las potencias imperialistas occidentales no tomaron medida alguna de fuerza real, únicamente maniobras diplomáticas. Chamberlain y Daladier pidieron a Mussolini su mediación, e intentaron acuerdos con Alemania a cambio de nuevas cesiones territoriales de terceros países; cuando comprobaron que el objetivo eran las propias potencias occidentales declararon la guerra a Alemania, la llamada “guerra rara”, ya que no se realizó ni un disparo y por tanto no se impidió que Polonia fuera arrasada. Meses más tarde, Welles, el subsecretario de Estado de EEUU, viajó a Europa para intentar una reconciliación entre las potencias occidentales y Alemania. Welles pensaba que una derrota de la Unión Soviética era “inexorable” y manifestó que esa derrota “traería el derrumbe del comunismo”. Mientras tanto, 110 divisiones francesas e inglesas se mantuvieron inactivas en el oeste, mientras las divisiones alemanas saqueaban Polonia. Lo mismo sucedería en las campañas de Noruega y Dinamarca (abril 1940), mostrando su total falta de voluntad de enfrentarse a la agresión fascista. Los círculos gobernantes ingleses y franceses, a pesar de haber declarado la guerra a Alemania, seguían practicando una política de apaciguamiento en plena guerra, considerando que la conquista de los países escandinavos desviaría la atención del frente occidental y acercaría más a los nazis a las fronteras de la URSS.

Así comenzó la II Guerra Mundial, la más exterminadora y asoladora de cuantas ha conocido la historia de la humanidad. Duró seis años y arrastró a su órbita a casi todos los países del mundo. Las bajas totalizaron sesenta millones de muertos y treinta y cinco millones de heridos y mutilados.

La II Guerra Mundial, como la primera, fue engendrada por el capitalismo y resultado de un drástico endurecimiento de los antagonismos imperialistas. Alemania, Japón e Italia se consideraban defraudados y presentaban un programa de violenta redistribución del mundo. Se enfrentaba a este bloque la coalición vencedora en la I Guerra Mundial, que había repartido el mundo en interés propio y que deseaba no solo retener, sino ampliar sus posesiones y esferas de influencia.

Esta conflagración, como la primera, la desencadenaron los militaristas alemanes. Ahora bien, si la Alemania hitleriana y sus aliados del eje pudieron proceder así fue porque los imperialistas de otros países y, en primer término, de Inglaterra, EEUU y Francia, les ayudaron a prepararse para la guerra con vistas a que los agresores avanzaran hacia el Este, contra la URSS. Pero los antagonismos entre las propias potencias imperialistas resultaron ser más fuertes que las contradicciones entre los países imperialistas y el primer Estado socialista del mundo. La II Guerra mundial fue, en su comienzo, una guerra imperialista por ambas partes.

Sin embargo, su carácter empezó a cambiar poco a poco. A medida que iban sojuzgando un país tras otro, los hitlerianos suprimían en ellos las libertades democráticas burguesas e imponían sangrientos regímenes terroristas; a medida que los pueblos de los países ocupados por los nazis luchaban con creciente resolución contra estos, la guerra fue adquiriendo por parte de los enemigos de Alemania un carácter distinto: un carácter liberador, antifascista.

El proceso culminó tras la agresión de Alemania a la URSS.

Cartel: “Comunicado oficial: El orden y la tranquilidad más absolutos reinan en todo el país”. Fotomontaje de Josep Renau.

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