«La revuelta catalana», por Pablo Hasel: Es cuestión de tiempo que tanto en Catalunya como otros lugares, estallen revueltas que hasta les hagan añorar esta.

Dibujo. Manifestación con puños alzados.

-La revuelta catalana

Por Pablo Hasel

Hace medio año, estalló una revuelta en las principales ciudades de Catalunya, que muchos se limitaron a calificar como “respuesta a las sentencias del procès”. Evidentemente, la opresión nacional del régimen empeñado en humillarnos de cualquier forma llegando a multar por hablar catalán, sumado a las condenas por intentar ejercer el derecho a la autodeterminación, tuvo un gran peso en esta, pero sería demasiado simplista quedarse ahí. Muchísimas personas iban más allá sin centrarse exclusivamente en la violación de ese derecho y hacían extensiva la lucha por otros derechos y libertades democráticas. Pues a diferencia de lo que pretende vender la “izquierda” españolista que precisamente cierra filas con la oligarquía fascista defendiendo la misma posición respecto a lo acontecido desde el 1 de Octubre, la mayoría de los manifestantes pertenecían a la clase trabajadora y también mostraban su rabia ante la explotación, la miseria, la falta de oportunidades, etc. Bastantes de quienes se enfrentaban a la violencia policial, ni siquiera tenían la independencia como máxima prioridad, pero los unía el odio a un Estado que sólo sirve a una minoría adinerada y que no sienten que les represente. Esa es una de las claves para entender la fuerza de los estallidos.

Por esas alturas, ya una parte importante no se sentía representada por los condenados del procès por injustas que fueran sus condenas, no sólo por tantos años en los que formaron parte activa en la represión y criminalización de luchas fruto de sus políticas también al servicio de una minoría capitalista, además se sumaba su vergonzosa actitud tras el 1 de Octubre de claudicación en claudicación incumpliendo todo lo que habían prometido. Parte de su rendición también consistió en criminalizar la autodefensa de los manifestantes tras las sentencias, legitimando así al Estado para ejercer la brutal represión, como al Govern de Catalunya cuyos Mossos se dedicaban a intentar atropellar manifestantes y a mutilar ojos junto al resto de esbirros armados del régimen. Por ello, resulta ridículo decir que cada manifestante se jugaba la integridad física y condenas de prisión, exclusivamente por esos politicuchos aunque estos en el colmo de los colmos, pudieran beneficiarse de la revuelta en caso de que avanzara y el Estado se viera obligado a realizar algunas concesiones.

Decía Mao que “una chispa puede incendiar toda la pradera”. La chispa llevaba tiempo cocinándose, pero el hartazgo ante las limitaciones del tan idealizado pacifismo sobre todo a la hora de defenderse de agresiones físicas policiales y la impotencia tras tanta manifestación inofensiva ante la que estaba cayendo, hizo que estallara e incendiara barricadas, cócteles molotov, bancos y grandes comercios. Que se atacaran bastantes bancos y grandes empresas capitalistas, es otra prueba de que se señalaban cosas más allá de la falta de autodeterminación y libertades políticas. Pese al 75% de los antidisturbios de la Policía Nacional en Catalunya, la ayuda de la Guardia Civil y el tan numeroso ejército de Mossos, se vieron desbordados como así lo reconocieron. No sólo por la gran combatividad dispuesta a correr serios riesgos que explica el nivel tan elevado de hastío, sobre todo por los numerosos lugares en los que se desarrolló e igual que el día del referéndum, no tenían suficientes efectivos para dominar en todos los focos. En muchas ciudades como la mía, hacía muchas décadas que no se veían enfrentamientos tan fuertes, llegando incluso como sucedió aquí, a incendiarse el edificio de Hacienda. Si con tanta desorganización fruto del espontaneísmo, se vieron desbordados, ¿qué hubiera pasado con gran organización?

Antes hablaba de esa juventud tan quemada ante la falta de salidas que tomó parte en los enfrentamientos y desgraciadamente, un sector totalmente descontrolado que hay que decir que no era ni de lejos mayoritario, dirigió mal la rabia atacando o saqueando pequeños comercios, bares u otro tipo de cosas sin ningún objetivo. Esa rabia legítima pero mal canalizada, fue aprovechada por los canallas de siempre para intentar desacreditar la rabia bien dirigida. Los partidos y entidades processistes acusaron de infiltrado a todo aquel que se cubriera la cara para evitar la represión, incluído el estafador Puigdemont, a la vez que condenaban la autodefensa de los manifestantes mientras impulsaban, justificaban, quitaban importancia o silenciaban, la violencia policial. Otra importante lección que dejaron aquellos días para muchos, fue darse cuenta definitivamente de que con la cobardía mentirosa de los dirigentes del procès, es imposible avanzar. Aquellos días marcaron un antes y un después, sobre todo en el avance en cuanto a métodos de lucha, ahora vistos como legítimos e incluso necesarios por una gran masa que antes los calificaba de violencia condenable.

Pero sin organización ni por tanto dirección, estaba claro que las llamas se irían apagando para volver a la “calma”. La revuelta no la frenó la represión, pues con las cárceles llenas de manifestantes, incluso aumentó el nivel de combatividad. La revuelta se vio limitada por la falta de organización y objetivos claros, mientras el processisme que sí está organizado, hacía todo lo posible para intentar apagarla. El Che lo resumía cuando decía: “Si no existe organización, las ideas después del primer impulso van perdiendo eficacia”. Pero teniendo muy clara esa realidad objetiva sin idealizar el espontaneísmo, el avance en los métodos de lucha facilita avanzar hacia la organización necesaria. Pues sería igual de erróneo idealizar la organización de cualquier forma como hacen el reformismo y el revisionismo, pues una organización legalista que descarte métodos de lucha, no puede ser la organización revolucionaria que se necesita para avanzar y aprovechar las revueltas, para elevar la conciencia y con vista larga ir organizando la revolución que sí pueda poner fin a la raíz del problema con la toma del poder sin el que no habrá ni derecho a la autodeterminación ni tantos más. No conduce a nada sobrevalorar estas revueltas como un fin, pero aún menos no ver en estas avances y una gran oportunidad para fortalecer la organización.

La reciente revuelta catalana, es una de las experiencias más interesantes de lucha en las últimas décadas en este Estado, no es habitual que durante unos días las fuerzas del régimen pierdan el control. Imaginemos que a la vez en otros lugares del Estado hubiera sucedido lo mismo, aún se les iría más de las manos. Apagaron las llamas pero hay miles de chispas que pueden volver a incendiar la pradera, pues las causas que las originan, siguen ahí agudizándose y desde luego el Estado no va a volverse realmente democrático porqué implicaría ver a la oligarquía renunciar a su poder nacido del fascismo. Es cuestión de tiempo que tanto en Catalunya como otros lugares, estallen revueltas que hasta les hagan añorar esta. Son ellos quienes crean el caldo de cultivo para que eso sea así y por eso llevan tiempo preparándose para aplastarlas.

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