La demagogia nazi les llevó al poder en 1933. Su primera medida, incendiar el Reichstag y culpar a los comunistas.

Foto. Hitler nombrado canciller.

Luchas, derrotas, victorias… Antifascistas

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-El nazismo toma el poder en Alemania

La crisis económica mundial de 1929-1933 se abatió con particular fuerza sobre Alemania afectando a todas las ramas de la economía mundial. Para descargar sobre los obreros y campesinos todo el peso de la crisis, las esferas gobernantes, por medio de decretos de emergencia, rebajaron los salarios, establecieron nuevos impuestos, disminuyeron los subsidios de paro e invalidez… a la vez que, paulatinamente, se restringían los derechos y libertades políticas.

La política reaccionaria de la burguesía provocaba la creciente oposición en los trabajadores de la ciudad y del campo. El Partido Comunista de Alemania, encabezado por Thäelmann y G. Piek, se puso a la cabeza de la lucha contra el fascismo. Y aunque una parte considerable de los obreros aún seguía a los socialdemócratas de derecha, que exhortaban a apoyar al gobierno burgués, la influencia de los comunistas crecía. Si en las elecciones de 1928 consiguieron tres millones doscientos mil votos, en noviembre de 1932 casi los duplicaron. Simultáneamente, se ampliaba la base del partido hitleriano. Los monopolios capitalistas preparaban a este partido como la fuerza que deseaban llevar al poder en lugar de los partidos burgueses tradicionales y de la socialdemocracia, cuya política decepcionaba más y más a las masas. Los fascistas practicaban la demagogia, prometían a todos toda clase de bienes, a la vez que ejercían el terror contra sus adversarios políticos.

Con este panorama de fondo, las clases dominantes de Alemania no podían lograr sus propósitos esenciales -preparar y desencadenar una guerra por un nuevo reparto del mundo– sin implantar un poder fuerte, sin suprimir definitivamente las libertades democrático-burguesas, sin liquidar al Partido Comunista. En 1932, las esferas más reaccionarias y agresivas del capital alemán tomaron todas las medidas para la implantación de una dictadura fascista. Facilitaba estos designios la política de los dirigentes socialdemócratas y sindicales que ya, desde 1914, se habían convertido en un soporte indispensable para el capitalismo. Su objetivo era atenuar la lucha de clases, dividir a la clase obrera y desarmar ideológicamente a los trabajadores en la lucha contra la ofensiva del fascismo. Sin la colaboración de la socialdemocracia hubiera sido imposible que los nazis llegaran al poder. El 30 de enero de 1933 subió al poder el Partido Nacional Socialista, un régimen fascista que duraría más de doce años.

Foto. El Reichstag ardiendo.

-La provocación nazi: el proceso de Leipzig

No había pasado un mes desde que los nazis tomaran el poder cuando en la noche del 27 de febrero de 1933 ardía el Reichstag.

Los nazis necesitaban una disculpa para eliminar cualquier conato de democracia y desencadenar la represión más brutal contra los comunistas y los antifascistas que eran los artífices de la resistencia al nazismo, y para ello no dudaron en quemar el Reichstag que había acogido desde 1894 al Parlamento alemán.

La misma noche del incendio se detuvo a Marinus van der Lubbe, un comunista holandés que fue acusado de provocar el fuego. Posteriormente también fueron detenidos tres dirigentes comunistas búlgaros (Georgi Dimitrov, Vasil Tanev y Blagoi Popov). Su juicio se convirtió en la denuncia del nazismo y dejó en evidencia la provocación nazi, de hecho fueron puestos en libertad.

Pero la provocación tenía un objetivo y este no se hizo esperar, al día siguiente se aprobó una ley conocida como el Decreto del incendio del Reichstag, por la que quedaban suspendidas todas las libertades políticas, como el derecho de asociación, manifestación y huelga y la ilegalización de partidos y sindicatos. Una ley apoyada por todos los partidos incluida la socialdemocracia que seguía manteniendo que el verdadero peligro era el Partido Comunista y no los nazis.

Alemania se convirtió en un Estado policial, las detenciones masivas y la creación de campos de concentración no se hizo esperar. El Partido Comunista de Alemania tuvo que desarrollar su actividad desde la clandestinidad y luchar contra la represión más atroz.

En las elecciones del 5 de marzo, el partido nazi obtuvo el 44% de los votos; gracias a esta mayoría decretó una nueva ley que despojaba al Parlamento de cualquier poder de decisión, poder que pasó a manos del gobierno, es decir, al Partido Nazi.

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