Criminalización del antifascismo. Crónica de una detención, en una concentración contra Vox. La Ertzaintza, como las demás policías…

Cartel. «Borroka antifaxista ez da delitua».

Represión y criminalización:

-Crónica de mi detencion, mi delito… Ser Antifascista

Eder Mitxelena Foronda, Erandio * E.H

Cómo es una detención de entre miles de las que nos oferta nuestra «democracia».
Mi experiencia del domingo día 20 de octubre, acto contra la presencia en Bilbao de los fascistas de Vox (horario aproximado):

– 17.15h Llego al lugar. Como llueve, los que están ya, esperan a la hora en los edificios de al lado del parque, a unos 100 metros del lugar de quedada frente al Euskalduna, lugar del mitin de Vox. La Ertzaina se pasa a identificar a cuadrillas de chavales. Yo, charlo con dos jóvenes que se lo han montado de «vamos al partido del Athletic». Parezco su padre, así que cuela y no se nos acercan.
– 17.30h Todos para adelante. Cánticos, ertzainas grabándonos desde 5-6 metros de distancia, donde tienen tirada su línea frente a los cerca de 300 que seremos. Monguers de Vox que agitan banderas, alguno que nos hace fotos, una vieja que nos dice «vosotros sí que sois asesinos»… pero nada raro. Es incluso muy light.
– 18.20h Sale Ortega Smith y habla con mandos de la Ertzaintza. Nos queda lejísimos, absurdo lo que decía, que ha aparecido en la tele. Era imposible impedirles nada. 100 metros de distancia y con una barrera de zipayos bastante elegante. Pero él, que parece que mandase en la Ertzaintza, les pide que actúen. Los mandos hacen a los suyos adelantar su posición. Llegan a nuestra altura gritando «atrás, atrás» y nos marcan una línea imaginaria infranqueable, so pena de hostiazo a quien la pise. No veo que nadie la pise, pero ya comentamos «van a cargar de inmediato». No por que nadie haya hecho nada especial, sino porque toca.
Así que se dicen cosas suyas tipo «5 izquierda blablabla», hacen señas de mús como golpear tres veces el escudo con la porra y al ataquerrrr. Que os voy a contar, unos reciben, otros corren y otros insultamos al que reparte al de nuestro lado. No me cae ninguna. Empiezan los pelotazos y claro que se ha oído, ahora sí, alguna piedra tocar cubreorco.
– 18.25h a 19.10h El parque Doña Casilda es tocho y hay gente paseando mezclada con manifestantes. Los de fuera pero que hayáis visitado Bilbao puede lo conozcáis como parque de los patos. Y rodeandolo a conciencia, pandas de zipis que se adentran, salen, vuelven a entrar a pelotazos. Ya me he dado cuenta de que hay «txalainas» en todas las salidas; Zubiarte, la rotonda del Museo, las salidas a Gran Via y por supuesto Sabino Arana y el Euskalduna, donde los de Vox. Voy avisando a la chavalada (lo digo así porque la verdad es que de los que quedan por allí, la mayoría son bastante menores que yo) de que poco a poco nos están encerrando y hay que salir de allí. Y es lo que intento.
– 19.15h Me da la impresión de que hay una zona libre saliendo al paseo junto a la ría, pero me salen 4 o 5 ertzainas. Miro a mi izquierda como haciendo que compruebo si vienen coches y veo a lo lejos que se acercan más uniformes por detrás, así que sólo me queda disimular como si no fuese conmigo la historia…hasta que uno de los que tenía de frente y que, al ir a pasar el paso de cebra, me queda a la derecha, me apunta con el arma de las pelotitas esas nuevas «que no hacen nada» y me grita «manos arriba y al suelo». «¿Yo?». «Sí, tú, al suelo he dicho». Me agacho en posición de semitumbado pero sin tocar suelo más que con una mano. Ya encima de mi me vuelve a gritar que al suelo. Ha llovido todo el día y le respondo que no me voy a tumbar, pero aunque me tienen entre varios a su merced, me agarra de la mano para que toque suelo por sus cojones, que no se que más le dará. Alguna superstición sobre detenciones que le suponen 3 meses sin follar si no las hace 100% a su gusto. Ya ha conseguido que me moje, así que junto a otro me levantan y me ponen bridas y esposas. Al furgón junto al Euskalduna, para regocijo de algún amigo de Abascal que se ríe. Le pregunto a uno de los zipis si me puede quitar el gorro y con cara de querer escupirme me dice «¡no!». En vez de en furgoneta me llevan en un coche en el que toco techo. Les oigo decir por la emisora que soy el detenido del Hotel Melía. El copiloto me dice que si me portó bien…todo ira bien. Le respondo que no creo que tengamos el mismo concepto de lo que es portarse bien. No me habla más. No quiere ser mi amigo.

Foto. Enorme despliegue de la Ertzaintza contra los antifascistas.

– 19.30h Llegamos al cuartel de Deusto y hay cola de vehículos con detenidos. Hay que esperar. Mi «no amigo» me abre la puerta pero me dice que no salga. Toca buen rollito, es para que no pase calor. Le pregunto lo que al de antes…si me puede quitar el gorro. Y si me lo quita.
– 19.40h Viene un mando con cara de experimentado y rollito cultureta y me pregunta si el cacheo lo quiero en euskera o castellano. Le respondo «nahi duzun moduan» (como quieras) y me lo hace en euskera. Que me quite pulseras, reloj, anillos, pendientes, cordones, sudadera, pantalón, calzado. Los calcetines enrollandolos. La camiseta. Que me la ponga otra vez. Y entonces, me dice con una sonrisa extraña que me baje los calzoncillos hasta las rodillas y haga flexiones. No es ‘hankak flexionatu» (flexiona las piernas) sino «flexioak egin» (hacer flexiones). Le digo que no, me responde que «¿como que no?», le digo ya en castellano «que no voy a hacer flexiones» y me responde con la misma sonrisa de antes pero más marcada, «ah, no, no, que flexiones un poco las piernas». Lo hago, me manda vestir y me acompaña a la número 7, diciéndome que «enseguida» me leerán mis derechos. Le pregunto cuando podré llamar a alguien y me responde que cuando me lean mis derechos, «enseguida». La celda está limpia, de unos 9 metros cuadrados. Hasta la altura de la rodilla está pintada de gris, igual que la cama, una especie de bañera pero sin hueco para bañarte. Sobre ella hay una esterilla estrecha pero aparentemente nueva y una manta fina y roja en la que pone «policía» en vez de Ertzaintza. Las hará la msma empresa de algún familiar de un pez gordo, la misma para todos los cuerpos represivos. Hago flexiones, hablo sólo, me cago en todo lo que se menea. Cuando oigo hablar me echo al suelo y escucho por debajo de la puerta, que tiene un hueco elegante. Al hacerme desnudar me he dado cuenta de que tenía garfios en vez de uñas, así que me las cortó con la mano, que no sabía que se podía. Las tiro después al pasillo por ese hueco de la puta puerta blindada. Llamo al interfono porque ha pasado mucho tiempo y quiero llamar a mi pareja. No responden. Al rato vuelvo a llamar y como se que si pregunto por la llamada y mis derechos me van a dar largas, digo que me estoy meando. Aprovecho esa excursión para lo que de verdad quería y me vuelven a decir que en breve. Pasa varias veces a mirarme por la ventanilla de la puerta un zipi bastante joven y con cara de malas pulgas. Siempre cierra la tapa de un golpetazo, sin decir nada. La última vez le digo «hola, ¿que tal todo? Bien?» El ni pio. Creo que le cortaron la lengua.
– 00 30h (según la hoja que me dan al salir por la mañana). Vienen dos tipos vestidos de blanco pero con el logo de la Ertzaintza. Me preguntan si me han leído mis derechos y sí he hecho la llamada. Respondo que no y me dicen que igual van pasando por todas las celdas con un móvil para que las hagamos. Y que…»enseguida» será. Que vendrá un abogado pero que no tengo por qué declarar, que seguramente me recomiende no hacerlo. Preguntan que pienso hacer respondo que ya veré. Me piden el número de mi pareja y me dicen que primero le llamarán ellos.
Eran, por lo que veré después, el instructor y el secretario.
– 02.00 No viene nadie, así que llamo otra vez al interfono. Coge una mujer. Le digo que sigo sin que me lean mis derechos ni poder hacer la llamada y me responde que somos muchos. Le digo que me da igual, que es importante para mi hacer la llamada, para tranquilizar a mi pareja y que pueda avisar también a alguien de mi curro. Le importa un huevo.

Dibujo, cara gritando rasgada a cachos. «solo hay libertad de expresión para los continuadores del 39».

– 03.00h Se me ocurre que para volver a reclamar mis derechos cara a cara puedo pedir la cena, que supongo también nos tendrían que dar. Llamo otra vez y no responden. Insisto y a la segunda contestan a ver que quiero. «Que venga alguien». Me preguntan para que y respondo «ya se lo digo aquí». Viene un agente bastante mayor. Éste sí saluda. Pregunto si no deberían habernos dado algo de cenar y me responde «con la que habéis liado sólo hemos podido dar a los menores», que sois como 20. Como si hubiésemos ido porque nos apetecía. Le respondo que eso de «la que habeis liado» es muy discutible y me dice que no se refería a la calle, que el es de calabozos y que lo de la calle a él le da igual. Al de escasos minutos me trae un batido y unas galletas de chocolate. Dice que es de lo que se da de desayuno, pero que si me vale… Le doy las gracias y le pregunto por lo de siempre. Que no sabe. Lo doy por imposible y me tumbo por primera vez. Me quedo medio dormido.
– 04.00h Abren y me dicen que recoja la esterilla y la manta que me voy. No sé que hora es, así que pregunto si nos llevan al juzgado. No. A otro sitio. Al supercuartel. ¿Y la llamada? Desde allí la haré.
Me llevan al furgón y me dicen que me ponga donde quiera, que hay 6 asientos y somos 5. Entro y hay otro tío. No tiene pinta de ser de lo nuestro. Le pregunto porque está y me dice que por violencia de género. En el habla me doy cuenta de que es latino. Entra otro. Tampoco tiene pinta de ser de nuestra movida, pero por lo que cuenta sí que lo es. Me enseña las hostias que le han dado al detenerlo. Se llama Thomas. Entra un chaval joven que sí parece y sí es. Y por último uno que por la pinta me digo «éste es de Vox». Mezcla de panoli pijo y facha. Se sienta al fondo, frente a mí. Le pregunto porque está y responde «la hijaputa de mi mujer, que dice que le he pegado». El latino le enseña el codo y dice que su pareja le ha tirado algo, pero ya hemos arrancado y no le oigo nada más. El pijo no debe tener ni esa disculpa, ya que ni responde. Hoy si paso de más lios. Al llegar nos van llamando y deseo suerte a Thomas y al otro chaval. «Nos vemos». La celda es parecida a la de Deusto, pero con aspecto de más antigüedad o descuido. Aunque me dieron aquellas galletas digo que no he cenado y un zipayo que habla muy atropellado pero parece querer charleta, me dice que espere.
– 05.00h Viene el anterior y me enseña un menú. Elijo paella. Cierra, vuelve y me dice que salga. Me acompaña a otra celda igual pero que queda frente a una garita desde la que me ven. La paella es una mierda, con habas y así, pero me la como. Dos panes tostados en un plástico y otro batido de chocolate con su pajita. De vuelta a mis aposentos. Antes meo. El wc es como el de Deusto pero más guarro. Ya ni iba a preguntar por la llamada. El mal está hecho. Pero me acuerdo de que el coche lo tengo en la explanada del mercadillo y que siendo mañana lunes me lo va a llevar la grúa, así que aprovecho eso para ver si les doy pena, pero no. Pregunto si pueden llamar ellos aunque sea a los munipas de Erandio para que lo tengan en cuenta. No.
– 06.00h Me sacan otra vez. Un zipayo con pinta sueco, parece Dolph Lundgren, me lleva hasta una sala donde espera otro de gafitas con pinta de no haber roto un plato. Vete a saber. El gigantón se queda vigilando, para que no parta el cuello al de gafas o así, y me sacan las fotos de presidiario. Luego me sacan huellas de cada dedo, de las palmas, el dorso de la mano…la máquina da muchos problemas y nos tiramos un buen rato. Ya sí que ni pregunto por la llamada. Creo que si estuviera 3 años allí seguiría sin hacerla. Ahora ya hasta me tapo con la manta roja. Cierro los ojos pero no quiero dormir.
– 08.00h Me avisan de que nos dejan libres. Que ya iremos al juzgado cuando nos citen. Me preguntan si quiero desayunar antes y pido algo líquido. Tercer batido de chocolate. Me llevan a un despacho en el que me entregan la bolsa con mis cosas y una hoja con el inventario de las mismas. No están el gorro y la braga de cuello, ni en la bolsa ni en la lista, pero paso de reclamarlas. Igual son prueba de algo y se les han perdido. Me quedo con un zipi mayorcito, rapado, que me pregunta si quiero llamar a casa. Llamo ante él y mi pareja me dice que se había estado 3 horas llamando a hospitales y cuarteles. Que después le llamaron, a las 4.30, diciéndole que estaba detenido y que si no la he llamado será porque no quise o porque llamé a otra persona. Flipo. Yo es como que sin darme cuenta he bajado la guardia. Puede que lo hagan para que así sea. En la charleta final con el último zipayo con el que trato me dice eso de que «hemos caído en la trampa de Vox». Le respondo que ellos sí han caído en la trampa, cargando como siempre cuando no había suficiente motivo. ¿Qué defienden? Le digo que hay auténticos psicópatas entre los suyos, que suelo fijarme en las ojos y que los hay que están pasándolo mal y otros que disfrutan, que nos matarían si pudieran. Y sorprendentemente para mi, reconoce que hay de todo pero que es muy difícil evitar eso. Le digo que así siempre van a ser enemigos, ya que no sólo nos reprimen y defienden al poderoso, sino que no siendo siquiera capaces de limpiar sus cuarteles de psicópatas…y me responde que no sé lo difícil que es eso, las presiones, amenazas, represalias internas que puede conllevar denunciar a un compañero. Pues así va la cosa, que manejan los peores de entre los malos, mientras los menos malos se muestran temerosos incluso para adecentar mínimamente su gremio. En fin.

Papel de ‘no desea firmar’, del que no le han informado.

– 08.30h Me acompaña a la salida y me dejan libre. Menos mal que el supercuartel está en mi municipio y conozco la zona. Si a mi me va a costar unos 40 minutos llegar a casa, aún sabiendo por donde ir, que monte tengo que subir y bajar…¿el resto que hará? Llamo a mi jefe y resulta que ya se ha enterado. Las noticias vuelan. Me dice que tranquilo, que ya se arreglan y que me coja el día. Me tomo un café en Erandio La Campa para relajarme un poco y sigo el paseo. Ojeo las hojas que me han dado y me llevo varias sorpresas; para empezar el encabezamiento dice «Acta de lectura de derechos a persona detenida mayor de edad y ejercicio de los mismos»…que no se me han leído. De hecho pone que se me ha informado de tales derechos al ser detenido. Que raro entonces que durante la noche me hayan dicho varias veces que «en un rato te serán leídos tus derechos y podrás llamar a casa». Está cumplimentado a las 00.35 por instructor y secretario, aquellos dos de paisano, sí, cuyos números de zipayo aparecen en la primera página. Que se me acusa de desórdenes públicos, que deseo declarar en el juzgado, blablabla, blebleble…y en el punto «f» dice «Sí desea llamar a su pareja», a la que resulta que al llamarla ellos, le dijeron eso de «pues si no te ha llamado será que no ha querido». En el «h» dice que tengo derecho a conservar en mi poder una copia de la presente declaración escrita de derechos durante el tiempo de la detención. ¿Qué conservar si ni me la han leído? En las 5 páginas hay un apartado para que el detenido, yo, lo firme. Pone «no desea» en todas ellas. Y es verdad que no lo hubiese firmado, pero si ni me lo han leído ni dejado que lo lea yo…
Y donde debían firmar ellos, instructor y secretario, simplemente no consta nada, ni sus firmas ni si les apetece firmar o no, ni si están aprendiendo a leer o a hacer garabatos.
– 09.30h Llego a Erandio y como no podía ser de otra forma el coche me lo ha llevado la grúa porque hay mercadillo y hay que quitarlo sí o sí antes de que empiecen a montar. Así que pago la grúa, me llevo el papelote de la multa y paso por las oficinas del ayunta para presentar alegaciones al respecto y que me quiten la sanción y me devuelvan el importe pagado de la retirada del vehículo. Si es por la mujer que me atiende, a la que le cuento por encima y lo flipa, me lo devolverían fijo, pero ya veremos.
Tarde-noche-mañana larga. Ahora tocará esperar a la citación del juzgado, organizarnos en lo que seguramente será una defensa en grupo y a ver que jugarreta nos tiene preparada el «
Estado de derecho».

Carta completa en:

http://sareantifaxista.blogspot.com/2019/10/cronica-de-mi-detencion-mi-delito-ser.html

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