Malditos los que nieguen la orgía de sangre fascista: Las 13 Rosas / Guerrilleros históricos, la Republicana llora: Chelo Rodríguez y Lluís Martí nos dejan.

Foto de las 13 Rosas, el 2 de agosto de 1939.

Memoria histórica imprescindible:

-La orgía de sangre fascista en Madrid en 1939

El mes de abril de 1939 fue sangriento en Madrid. En la capital conquistada, donde regía el estado de guerra impuesto por el general Espinosa de los Monteros, comandante del I Cuerpo de Ejército y primer gobernador militar, reinaba la sed de venganza y se produjeron numerosísimas ejecuciones extrajudiciales.

Tras esos primeros días, se puso en marcha la máquina judicial del nuevo régimen, con consejos de guerra sumarísimos sin garantía alguna para los presos, y que solían desembocar, sin piedad alguna, en condenas a la pena capital.

La primera ejecución en la tapia del cementerio data del 16 de abril de 1939. El día más terrible fue el 24 de junio (ciento dos ejecuciones), seguido del 14 de junio (ochenta y dos ) y el día 4 de junio del mismo mes (cuarenta). El 24 de julio fueron ejecutadas cincuenta personas, y el ritmo se redujo durante una semana (cuatro presos fusilados el día 29). El 31 de julio fueron llevados al paredón treinta y cinco republicanos. El 5 de agosto de 1939, cincuenta y seis personas fueron fusiladas en la tapia del cementerio del Este de Madrid. Entre ellas estaban las «Trece Rosas».

Foto de Antonia y Chelo Rodríguez y sus compañeros César y Mariano.

-Memoria viva de la guerrilla gallega, Consuelo Rodríguez

Ha muerto a los cien años Chelo, protagonista de la resistencia iniciada contra el franquismo en los pueblos y montes gallegos y leoneses.

El 18 de julio 2019, en la Isla de Ré francesa, ha muerto Consuelo Rodríguez López, una de las ultimas guerrilleras antifranquistas del noroeste de España, exiliada a Francia en 1949. Consuelo Rodríguez López, “Chelo” de su nombre de guerrilla nació el 19 de octubre de 1919 en Soulecín, un pueblecito de las montañas de Galicia, en el seno de una familia de modestos campesinos. Su madre Amalia, cosía, para los ricos del pueblo vecino, O Barco de Valdeorras, y cuidaba a sus siete hijos. Su padre, Domingo era labrador. Ambos eran republicanos que no iban a la iglesia. De joven, Chelo se conocía las montañas como la palma de su mano, por haberlas recorrido, desde la infancia, con las ovejas. Por esos mismos montes, a partir de junio 1945, le tocaría luchar por la vida, caminando clandestina por la noche, cruzando ríos y enfrentándose con las armas a la Guardia civil. Ese compromiso de lucha armada solo sería la última etapa de una larga trayectoria de resistencia civil que Chelo inicia tras el golpe militar de julio 1936. Cuando cae Galicia en manos de las tropas nacionales, Chelo ve, horrorizada, como se amontonan, a orillas de las carreteras, los cadáveres de sus vecinos ejecutados por ser “rojos”, hombres y mujeres cuya única culpa consistía en haber adherido al proyecto emancipador de la República social y votado a la izquierda en las elecciones libres de febrero de 1936. Ve, entonces, cómo los falangistas rapan la cabeza de las mujeres republicanas, cómo las humillan, en la plaza de su pueblo, desnudándolas, forzándolas a beber aceite de ricino. Desde ese primer momento de la guerra civil, Chelo -con tan solo 16 años- ya es actora de ese movimiento que, poco a poco, se irá estructurando para formar, en 1942, la Federación de guerrillas de León-Galicia. Con sus padres, apoya y protege a los “escapados”, aquellos hombres que -huyendo de la masacre fascista- se esconden por los montes. Su casa -apodada “A Fortaleza”- quedará hasta el otoño 1945, uno de los refugios más seguros para los resistentes antifranquistas. Entre ellos, se encuentran sus hermanos, Rogelio y Sebastián, desertores del bando nacional. Rogelio, desde el inicio de la contienda, se pasa al ejército republicano y cuando cae el frente del norte, en octubre del 37, entra en la clandestinidad.

El 30 de enero 1939, se presenta, en casa de Chelo, la Guardia civil buscando a Sebastián. Rogelio, que ya estaba escondido en la casa, mata al guardia. Esa muerte marca un punto trágico a partir del cual se desencadena, para Chelo, un ciclo de lucha armada y de represión terrible. La persecución que sufren Chelo y sus padres es continua: de día como de noche, viene la Guardia civil a cachear su casa, robando, pegando, aterrorizando. Despojandolos de sus bienes, los encárcela, cuando no es en la prisión del Barco de Valdeorras, es en la de Ponferrada o en el claustro de San Marcos de León. Y cuando los liberan, es con la intención de que sirvan de cebo para detener a los resistentes. A la mañana del 18 de octubre 1939, los soldados de la tercera bandera del Tercio se presentan en casa de Chelo. La encierran -a ella y a sus hermanos pequeños, Domingo y Antonia- en la cuadra con las ovejas. A palos, sacan a sus padres de la cama, los matan a bocajarro y tiran sus cuerpos a orillas del camino, a la salida del pueblo. En la primavera del año 1940, su hermano Rogelio, con otros compañeros intenta pasar a Portugal. Pero la policía del dictador Salazar lo detiene en O Porto y los entrega a las autoridades franquistas, en Galicia. Tras un consejo de guerra, Rogelio es condenado a muerte. En la cárcel de Orense donde esta encerrado, Chelo intenta introducir armas para facilitar su fuga pero ese intento fracasa y Rogelio es fusilado el 2 de octubre 1941. Un año después muere en la guerilla Sebastián. Al mismo tiempo, Alfonso, su hermano mellizo, es detenido pero logra escapar y unirse a los combatientes. Después de 1942, Chelo, con su hermana Antonia, sigue su labor de enlace como miembro de la “guerrilla del llano” y de su “Servicio de información republicana” (SIR), cobijando a los guerrilleros clandestinos, llevando mensajes, armas, comida, tejiendo, en el corazón de las aldeas, los hilos invisibles de una red de resistencia anclada en los lazos de parentesco y de vecindad.

Pero, el 6 de junio de 1945, una denuncia hace caer a gran parte de esa red de resistencia. Tres meses más tarde, Chelo decide pasar a la clandestinidad, y con su hermana, se echa al monte, reuniéndose con sus compañeros de armas y sobre todo con el hombre que ama, Arcadio Ríos. En esos tiempos de consolidación del Estado franquista y de restauración del orden patriarcal que impone, por la violencia, un nuevo modelo de mujer -debidamente encerrada en el espacio doméstico y sometida a la autoridad del marido- Chelo no duda en transgredir esas normas de género reaccionarias. Mujer de armas tomar, no duda en afirmar la libertad de su deseo amoroso estrechamente mezclado a su compromiso político; ni enfrentarse con la descalificación franquista de las mujeres resistentes, presentadas -en el discurso del poder- como “bandoleras” y como “putas de los rojos”; doblemente culpable, pues, de oposición al régimen y desobediencia al rol que le atribuye la Iglesia y la Falange. Pero en un congreso de guerrillas -el llamado “Congreso de Reunificación” de julio 1946- dos guerrilleros comunistas, partidarios del mantenimiento de la estructura pluralista de la Federación de guerrillas de León-Galicia, mueren a causa de una traición. Arcadio Ríos es uno de ellos. Esas muertes destrozan a Chelo, significan para ella una fractura irreversible a la vez íntima y política. Como mujer pierde el hombre que ama. Como resistente ve como fracasa una práctica única: la construcción, más allá de las diferencias partidistas, desde el mismo pueblo, de espacios de resistencia autóctonos. Una esperanza condenada no solo por el poder franquista sino también por una cultura sectaria, hegemónica y una visión estrechamente militarista de la organización. Tras la muerte de Arcadio, la de su Domingo en diciembre 1946 y la desintegración de la Federación, Chelo moralmente destrozada, es evacuada y escondida en Madrid; ya no se integra al Ejército guerrillero, la estructura politico-militar que impone, en ese momento, el Partido Comunista de España y donde siguen luchando guerrilleros herederos del espíritu de la Federación, entre otros: su hermano Alfonso y mi padre Francisco Martínez López “Quico”, vinculados al grupo de Manuel Girón. Cuando muere Alfonso en un enfrentamiento, el 24 febrero del 1949 en Ocero, “Quico”, herido en ese mismo combate, organiza con su madre -Obdulia López Marques, una resistente de toda la vida- que una joven berciana enlace, Delia Yebra, vaya a Madrid a entregarle a Chelo, el dinero recogido para sufragar su salida clandestina a Francia. En el exilio, Chelo es acogida y protegida por Cesar Ríos, hermano de Arcadio y veterano de la Federación. Refugiada en Francia, accede al asilio político, reaprende los gestos de la vida legal, trabaja, primero como campesina y luego como ama de llaves. Más tarde, conoce a un exiliado republicano, socialista y combatiente de la guerrilla asturiana, Marino Montes. Se casa con él y da la vida a dos hijos. Pero con 84 años vuelve a emprender el camino de Galicia para compartir un imprescindible trabajo de memoria con sus compañeros de lucha reunidos en la asociación Archivo Guerra y Exilio, con ellos reivindica el reconocimiento de la legitimidad política de la guerrilla antifranquista, la anulación de la sentencias pronunciadas por los tribunales militares en contra de los resistentes. También participa en la creación de monumentos: en Ocero en octubre 2003, en Soulecín en julio 2004 y en O Barco de Valdeorras en abril 2007 donde yacen los restos de Arcadio Ríos. Durante esos años, Chelo convierte su casita de la Isla de Ré en un taller de memoria viva, transmitiendo su testimonio de guerrillera y de mujer libre asi como lo reflejan los documentales La Isla de Chelo y As Silenciadas.

NOTAS: La Isla de Chelo, (57’) documental de Ismaël Cobo, Odette Martinez–Maler y Laëtitia Puertas.Producido por PLAY FILM y IB cinema, con ayuda de la Xunta de Galicia-2008. Distribución Centre audiovisuel Simone de Beauvoir doc@centre-simone-de-beauvoir.com Para ver la pelicula : https://vimeo.com/226452840 / Contraseña = SpanCheloWEb

As Silenciadas, (66’) documental de Pablo Ces y Aurora Marco; producido Mr Misto films -2011

Odette Martínez Maler, en El Otro País, n.º 91.

Foto. Lluís Martí.

-La muerte de un guerrillero en el pueblo de Cuenca donde reivindicó la lucha antifascista

Lluís Martí Bilesa fallece a los 97 años en Santa Cruz de Moya mientras participaba en las Jornadas del Maquis y en el Homenaje al Guerrillero Español que él promovió

Lluís Martí falleció el domingo 6 de octubre de madrugada en el pueblo de Cuenca donde participaba un año más en las Jornadas del Maquis ‘Memoria Histórica Viva’ que celebraban su vigésima edición. Tras recibir un homenaje el sábado por la tarde, se retiró a descansar para participar el domingo 6 en el XXXI Día del Guerrillero Español, un acto de homenaje que él promovió, incluido el monumento instalado en una ladera junto al casco urbano de este pueblo de la comarca de la Serranía Baja de Cuenca, tierra de guerrilleros y de resistencia al fascismo en los años 40 y 50. Lluís Martí Bielsa estaba con su familia y se quedó a dormir, como otros años, “en casa de su amigo Julián donde falleció mientras dormía”.

https://cadenaser.com/emisora/2019/10/07/ser_cuenca/1570456412_460069.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.