La oleada de huelgas en 1962 que movilizó a millones de obreros. Estado de excepción en Asturies, Gipuzkoa y Bizkaia.

Manifestación obrera en solidaridad trabajadores detenidos.

La solidaridad, arma imprescindible entre los pueblos

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Oleada de huelgas en 1962

A comienzos de los años 60 se produjo un auge del movimiento obrero que se puso una vez más a la cabeza de la lucha antifascista. Era un movimiento que abarcaba a todo el Estado y que tuvo unas características comunes como la implantación de nuevos métodos de lucha y de lasolidaridad. No hubo lucha, movilización que no se generalizara, ni represión que no fuera contestada en todo el territorio estatal.

Este auge del movimiento obrero comenzó a gestarse en 1962, con movilizaciones en el País Vasco y Asturias. En febrero de 1962 estallaron una serie de huelgas en la siderúrgica Basconia de Bilbo, en la Bazán de Cádiz, en Materiales y Construcciones de Valencia y en Carbones de Berga en Barcelona. En abril las huelgas se extendieron a la minería asturiana, incorporándose a ellas empresas eléctricas, metalúrgicas y químicas del País Vasco, León, Catalunya y Madrid, las minas de Río Tinto en Huelva, Linares en Jaén y Puertollano en Ciudad Real; incluso también participaron en ellas jornaleros andaluces y extremeños. Fue el mayor movimiento huelguístico desde el final de la guerra; aunque las huelgas comenzaron por la negociación de los convenios colectivos y por tanto tenían un carácter económico, las movilizaciones desembocaron en duros enfrentamientos con la policía y acabaron convirtiéndose en verdaderas batallas políticas contra el régimen. Un movimiento huelguístico que se extendió por todo el Estado, que contó con el apoyo y la solidaridad de amplios sectores populares. Fue tal la dimensión y la fuerza de estas movilizaciones que se declaró el estado de excepción en Asturias, Gipúzkoa y Bizkaia, deteniendo la policía a unos 100 obreros solo en la primera semana de su vigencia.

Muchos mineros asturianos fueron desterrados a diferentes provincias; en todas ellas encontraron una gran solidaridad. En Lugo, donde encontraron trabajo en la construcción, los obreros gallegos que trabajaban con ellos querían hacer una colecta en la obra para ayudar a pagar la pensión de los asturianos y ayudar a sus familias, pero estos no la aceptaron porque sabían que apenas ganaban para mantenerse ellos mismos.

A los pocos meses, fueron los mineros desterrados junto con los trabajadores de la construcción gallegos los que se declararon en huelga para mejorar sus condiciones de trabajo y un aumento salarial.

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