Carta desde la prisión de Botafuegos de Israel Clemente López sobre Colombia y análisis de la situación tras la vuelta a las armas.

Cartel foto y dirección ICL.

Cartas desde prisión

Israel Clemente López

Cárcel de Algeciras, 31 de agosto de 2019

(…) He recibido tu carta del 2 de agosto. Me ha gustado y ha sido una alegría el recibirla, tanto por su contenido como por su forma tan entrañable y cercana.

Te agradezco por las informaciones que me mandas sobre Colombia. Siempre es bienvenida la letra impresa de interés.

Por aquí sigo bien y con la rutina habitual, que en verano se traduce en leer mucho y hacer algo de deporte para mantenerme mínimamente en forma.

Acabo de terminar el primer tomo de “Memorias desde Némesis”, que trata de la trayectoria del Partido Comunista de Perú desde 1960 hasta 1980, cuando empiezan la guerra de guerrillas. Interesante por la información que aporta, aunque me he quedado con no pocas dudas y hay algunas cuestiones que me parecen desenfocadas. A ver si me hago con la continuación.

Volviendo a la cuestión de Colombia, ha sido toda una casualidad el que, ayer precisamente, la situación allí se haya aclarado un poco. La rueda de prensa de Iván Márquez, Jesús Sántrich y otros comandantes y combatientes guerrilleros llamando a la vuelta a las armas de las FARC y denunciando los “acuerdos de Paz” me ha puesto las pilas. Una bocanada de aire fresco frente a la tendencia a la claudicación.

Mirando hacia atrás, personalmente no albergaba ninguna esperanza de que el publicitado “acuerdo” cuajase, en el sentido de que la oligarquía colombiana tuviese intención de cumplir sus términos. Ni el análisis concreto de la situación concreta, ni su encaje o interrelación con la situación general internacional (de ascenso hacia la guerra de agresión desencadenada por los imperialistas yanquis) y la específica regional latinoamericana (de enconamiento del cerco contra Venezuela) auguraban un cumplimiento de lo acordado por parte del Estado colombiano.

Los precedentes apuntaban abrumadoramente en la dirección del incumplimiento por parte de la oligarquía. Así lo sucedido tras el fracaso de las anteriores negociaciones con las FARC en los años 80 y la masacre a manos del Estado de miles de militantes de la Unión Patriótica, o lo acontecido con el EPL (Ejército Popular de Liberación) a comienzos de los 90 tras su desarme. La oligarquía usó la misma fórmula: incumplimiento de lo políticamente acordado y exterminio de los guerrilleros desmovilizados.

Con toda esta dura experiencia histórica, pagada con abundante sangre del pueblo colombiano, era difícil llevarse a engaño. Hasta tal punto parecían estar las cosas claras en cuanto al fracaso de esas vías “negociadas” que el histórico y líder fundador ya fallecido de las FARC, Manuel Marulanda, lo dejó acuñado con una frase lapidaria que, a mi entender, sigue definiendo certeramente la realidad política colombiana: “La oligarquía el único lenguaje que entiende es el plomo”.

Foto. Rueda prensa FARC vuelta a las armas.

Esta certera máxima define perfectamente el carácter de una oligarquía verdaderamente terrorista que siempre ha buscado el exterminio físico de sus oponentes políticos y de cualquier luchador social que amenace mínimamente sus intereses. Ahí radica el carácter extraordinariamente cruento del prolongado conflicto armado en Colombia.

El carácter de ariete destacado de la contrarrevolución a nivel regional latinoamericano le viene dado al Estado colombiano por sus estrechos vínculos militares con EE.UU., Israel y la OTAN. Este papel de gendarme regional se ha visto relanzado a través de su muy directa implicación en los planes de guerra yanquis contra la Venezuela bolivariana mediante el fomento del factor paramilitar para la desestabilización interna de ese país.

A nivel interno, ya a través de décadas de resistencia popular y enfrentamiento armado, se puede afirmar que la misma naturaleza fascista, terrorista y genocida de la oligarquía colombiana y su Estado ha hecho que la lucha guerrillera allí adquiriese, históricamente, un carácter estratégico para el propio desarrollo de las fuerzas democrático-populares. Y ello a pesar de no verse reflejado en el plano teórico con todas sus consecuencias.

Por todo ello, cuando en 2016 se llega a los mal llamdos “Acuerdos de Paz” firmados en La Habana, pienso que pocos experimentados dirigentes políticos de las FARC podían llevarse a engaño en cuanto al recorrido real de todo este proceso negociador.

En mi opinión, sin pretender ser exhaustivo y desde la debida prudencia, aquí han influido varios factores. Por un lado, se ha dado una extraordinaria prolongación en el tiempo de la guerra de guerrillas, con todas las consecuencias que provoca. Entre las negativas para las fuerzas populares destacan el desgaste, las discontinuidades en la acumulación de fuerzas y transmisión de experiencias, y el relativo éxito de la estrategia contrainsurgente de “contención” de la guerrilla en determinadas áreas geográficas más o menos remotas. Probablemente, los factores más decisivos, tal y como se apunta en el análisis sobre este tema avanzado por el PCE(r) “El proceso de paz y el futuro de la lucha revolucionaria en Colombia”, texto en mi opinión imprescindible para entender cabalmente la perplejidad de la situación allí abierta, sean tanto esa “incapacidad del movimiento guerrillero colombiano de penetrar (políticamente) en las ciudades” como el que “no se puede organizar ningún tipo de movimiento político desde la óptica militarista”. Así parece ineludible la articulación de un partido u organización basado en el marxismo-leninismo que pueda ejercer de vanguardia efectiva de todo el movimiento democrático-popular y evite caer en viejos errores y transitar con seguridad en medio de las inevitables turbulencias y convulsiones que habrán de jalonar la nueva etapa de desarrollo político-militar que parece abrirse en el país.

En todo caso, y a fin de no dar pie a confusión, me parece necesario apuntar que al “Acuerdo de Paz” de 2016 no se llega en ningún caso como consecuencia de una supuesta derrota militar de las FARC, visión en la que parecen coincidir interesadamente los liquidacionistas de las más distantes latitudes.

Cartel desde prisión. (dibujo, mano con cadena rota saca carta por encima alambradas)

Recapitulando, a tres años pasados desde la muy publicitada firma en La Habana de los “acuerdos” parece evidente que hemos asistido, una vez más, a una aplicación de verdader “manual” del arma de las “negociaciones” como parte de la estrategia contrainsurgente por parte del Estado colombiano. Sin ninguna voluntad política de implementar la totalidad de los acuerdos, la dinámica “negociadora” le ha permitido a la oligarquía colombiana anular la iniciativa político-militar de la guerrilla y supeditarla completamente a la consecución de este objetivo, obtener valiosísima información sobre su situación y contradicciones internas, provocar división interna y favorecer la escisión, generar ilusiones y hasta intereses de grupos espúreos y, en ocasiones, contrarios a los intereses de las masas, etc, etc. Todo esto ya lo contemplaba la estrategia contrainsurgente de los estados imperialistas en lucha contra el amplio movimiento de descolonización (Argelia, Birmania, Indochina, etc). Los políticos y militares colombianos se vienen mostrando como consumados maestros en esta disciplina.

Es evidente que esa falsa ecuación que iguala la “Paz” al cese o la ausencia de la resistencia popular no responde a la realidad y sólo sirve a los intereses de la oligarquía colombiana, su Estado y al imperialismo occidental (especialmente al yanqui).

El papel infame de los agentes “humanitarios” del imperialismo internacional, expertos en “resolución de conflictos”, organizaciones y entidades pretendidamente por encima y al margen de la lucha de clases, ha vuelto a quedar al descubierto con toda su crudeza. Muy significativo el rol jugado por Noruega en este caso.

Mientras el desarme de las FARC le ha venido saliendo casi “gratis” a la oligarquía colombiana, con el partido legalizado “FARC”, coadyuvando activamente a la plena legitimación del sistema político colombiano, y transitando aceleradamente hacia lo pintoresco o la irrelevancia política de tonalidades socialdemócrtas, parecía que la jugada les había salido redonda y había dado sus frutos.

Habrá que ver cómo se va concretando este aldabonazo de “vuelta a las armas” de un sector políticamente relevante de las FARC, cómo se articula con quienes previamente no habían acatado los “Acuerdos”, qué dimensiones y contenidos llega a alcanzar la “autocrítica” realizada por sus dirigentes, y cuáles son sus coordenadas de desarrollo futuras.

En mi opinión, para avanzar hacia ese futuro se hace insoslayable, tal y como concluía el análisis sobre Colombia ya citado de nuestro Partido, “Acometer un profundo replanteamiento político, ideológico y organizativo”.

Te estaría muy agradecido si me enviases más información sobre Colombia que consideres de interés. Me interesa especialmente lo que puedas encontrar sobre el EPL, guerrilla que se resistió parcialmente a su “desmovilización” en 1991 y cuya actividad y remanentes llegan hasta hoy, pese al silencio mediático. Si encuentras noticias interesantes sobre los movimientos de resistencia en Irlanda y Grecia también será bienvenida…

Un fuerte abrazo cargado de Resistencia. Por el comunismo. Venceremos.

ICL

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