Represión sobre la lengua y cultura en Catalunya: «¡Perros catalanes! No sois dignos del sol que os alumbra».

Multa de 250 pesetas por hablar por teléfono en catalán. San Sebastián, julio 1937.

La solidaridad, arma imprescindible entre los pueblos

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Represión sobre la lengua y la cultura de las nacionalidades -III-

Catalunya

Una vez terminada la guerra se llevó, al igual que en el resto de las nacionalidades, una política represiva contra el idioma y la cultura con el objetivo de eliminar sus características nacionales. El idioma catalán fue prohibido, desapareció de la enseñanza en todos los niveles educativos, se cambiaron los nombres de pueblos, localidades, topónimos, carteles de publicidad, los nombres de establecimientos comerciales e instituciones. Se prohibió su uso en el cine, la radio, la prensa y la correspondencia telegráfica. Se calcula que desaparecieron unos veinte periódicos y un centenar de revistas que se editaban en catalán. En muchas bibliotecas públicas se retiraron durante los primeros tiempos los libros escritos en catalán.

Catalunya no solo había cuestionado uno de los pilares del fascismo que era el de una “España, una, grande y libre”, sino que también había extendido y propagado la defensa de una ideología democrática, antifascista, republicana y laica. Los partidos nacionalistas democráticos catalanes habían formado parte del Frente Popular, el pueblo catalán había prestado una ayuda inestimable a la defensa de la República: el fascismo se lo iba a hacer pagar con creces.

Dibujo de Helios Gómez. La G.C. asesinando.

En enero de 1939, se celebró en Tarragona una misa oficiada por un canónigo de la catedral de Salamanca, José Artero, que vociferaba durante el sermón: “¡Perros catalanes! No sois dignos del sol que os alumbra». En cuanto a las huestes fascistas que entraron y desfilaron por Barcelona, Franco explicó que este honor no era “porque hubieran luchado mejor, sino porque eran los que sentían más odio hacia Cataluña y los catalanes.”

Víctor Ruiz Albéniz, publicó un artículo donde pedía que Catalunya recibiera “un castigo bíblico (Sodoma y Gomorra) para purificar la ciudad roja, la sede del anarquismo y separatismo como único remedio para extirpar esos dos cánceres por termocauterio implacable”.

Una muestra del grado que la represión alcanzó en Catalunya es que, en 1940 había 27.779 presos políticos de una población que no llegaba a los tres millones, así como el fusilamiento de cientos de prisioneros, entre los que se encontraba Companys, el President de la Generalitat que, tras su detención en Francia por la GESTAPO, fue entregado a los fascistas españoles. Después de un consejo de guerra sumarísimo, acusado –paradójicamente– de rebelión, fue condenado a muerte y fusilado el 15 de octubre de 1940 en el Castillo de Montjuïc.

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