Nacho Varela Gómez desde Puerto I analiza el chanchullo de la ‘legitimación electoral’, el corto recorrido del aumento de participación, y el 1 de octubre del 36.

Cartel y foto. Biografía Nacho Varela.

Nos escriben. Entrega n.º 11.

Ignacio Varela Gómez

Prisión de Puerto I. Junio de 2019

Finalmente decidí tomarme unos días antes de ponerme manos a la obra en esto de castigar tu vista con mis garabatos. Necesitaba descongestionar un poco la cabeza, así que aproveché para dar salida a algunos compromisos más livianos.

En cuanto a los resultados de las elecciones generales, creo que a primera vista pueden resultar engañosos respecto a la verdadera realidad que reflejan. Es innegable que el régimen consiguió revertir la tendencia a la abstención entre los trabajadores y dar continuidad a su apuesta por el gobierno del PSOE. Pero están lejos de haber conseguido estabilizar la situación y se encuentran prácticamente en el mismo punto que hace un año –cuando desalojaron al gobierno de M. Rajoy vía moción de censura. Estabilidad, siempre relativa, que a medio plazo sigue dependiendo de la negociación con los representantes políticos de la burguesía nacionalista catalana, y en definitiva, del grado de renuncia al que estén dispuestos a llegar para “resetear” sus relaciones con el Estado Central.

La “legitimación electoral” de la que han dotado al gobierno de Pedro Sánchez no deja de ser circunstancial y más bien relativa. No creo que su situación pueda compararse, siquiera, con la de la victoria de Zapatero en zoom que, más allá de las circunstancias concretas en las que se produjo, consiguió generar cierta ola de ilusión con su discurso demagógico de una “2ª transición”.

Esa “campaña electoral” basada en exclusiva en fomentar ese miedo a la “ultraderecha”, dándole cancha a los fantoches de VOX, pretende encubrir que no están en situación de presentar un proyecto que permita mejorar sensiblemente las condiciones de vida de las masas y dar salida a algunas de sus reivindicaciones más inmediatas; ni en lo social, ni en lo político. Por el contrario, en el medio plazo lo que se nos viene encima son nuevas “reformas” que recortarán los derechos laborales de los obreros y agudizarán las condiciones de explotación a las que son sometidos. No hay más que ver cuál ha sido el resultado real de esa normativa para el control de la jornada laboral que han implementado, decían, para acabar con las horas trabajadas no retribuidas. En la práctica se va a traducir en que las pausas para almorzar o para ir al servicio dejen de considerarse como parte de la jornada laboral. “Pausas de cortesía”, o algo así, las llama la Ministra de trabajo, como si fuesen una muestra de generosidad por parte de las empresas, y no un derecho laboral de los trabajadores conseguido por medio de la lucha. Al final, ese parcial control de las horas trabajadas y la retribución de las que exceden la jornada diaria solo se respeta allí donde el movimiento obrero ya lo había impuesto hace años por medio de la lucha sindical. Eso sí, han acabado imponiendo la obligatoriedad de “fichar” para todos los currelas como una medida “progresista”.

Por eso digo que ese aumento de la participación resulta engañoso y cabe prever que tenga corto recorrido. Ante el desgaste que van a sufrir según vayan aplicando las nuevas reformas y recortes que les exigen tanto los grandes monopolios españoles, con Ana Botín a la cabeza, como la UE, arrastrando consigo, además, a sus compinches de Podemos, difícilmente van a poder repetir con éxito esa situación de chantaje que le han planteado a las masas: o votáis a los galosos, o viene el lobo del trío faccioso. Aunque son contextos diferentes, lo que le está sucediendo a Macron en Francia es muy ilustrativo. A penas dos años le han bastado a la nueva esperanza blanca del imperialismo francés para sumir al país en una grave crisis política provocada por la desaparición popular cristalizada en el movimiento de los “Chalecos amarillos”. Que de Pedro Sánchez no se fían ni esas “bases” que lo restituyeron como Secretario General del PSOE lo evidencia que esa misma noche electoral entendieran la necesidad de remarcarle que “con Rivera, no”.

Carta publicada en «Nos escriben, entrega 11» (portada)

No cabe atribuir ese 74% de participación a que se haya producido una relegitimación popular del régimen, o que se haya incrementado la confianza en sus instituciones. Sin duda, no deja de ser consecuencia del actual estado de cosas dentro del Movimiento obrero y del Movimiento Popular, por cuanto las masas, en términos generales, todavía no contemplan otro escenario para canalizar sus reivindicaciones que la participación electoral. En gran medida, gracias a Podemos, que justo cuando se había producido una fractura respecto a esa dinámica, y el Movimiento Popular empezaba a entender la necesidad de articularse de espaldas a esas instituciones, corrieron presurosos en auxilio del régimen.

No existe una conciencia clara de que la única vía verdaderamente eficaz para hacer valer sus derechos es la movilización y la lucha popular en las calles. Sobre esa base es como pueden llegar a revertirse determinados recortes o imponerse que se satisfagan las necesidades más inmediatas de la clase obrera y demás sectores populares. Teniendo una importancia secundaria quién sea el inquilino del Palacio de la Moncloa. Y ahí tenemos el ejemplo práctico de los pensionistas, quienes forzaron al gobierno de M. Rajoy a que las pensiones se incrementasen en función del IPC; y vienen avisando de que por mucho que Sánchez haya ganado las elecciones no van a dejar de movilizarse, y que a partir de septiembre van a incrementar sus protestas. Señal de que saben con quién se juegan los cuartos y que atesoran una rica experiencia en el desarrollo de la lucha de clases. Una experiencia a la que los más jóvenes harían bien en prestar atención por cuanto pueden extraer valiosas lecciones, tanto de los aciertos como de los errores.

En definitiva, tenemos que seguir insistiendo en que cuánto más aislado y deslegitimado se encuentre el régimen, más débil será políticamente. E incluso desde una perspectiva cortoplacista, mayores serán las posibilidades de arrancarle algunas mejoras por parte del Movimiento obrero y popular.

Los llamamientos a participar en el circo institucional que realizan los partidos reformistas, tratando de convencer a las masas de la necesidad de aceptar las “reglas de juego” que impone el fascismo, y señalando ésa, además, como principal frente de lucha al que deben estar supeditados todos los demás (cuando no como el único) lejos de debilitar al régimen, le garantiza una posición de fuerza. Las pretendidas dificultades que le causa la “aritmética parlamentaria” son puro artificio. Para los “asuntos de Estado” enseguida encuentran puntos de acuerdo los partidos de la oligarquía. Y por el camino esos partidos reformistas acaban legitimando sus tejemanejes. Cuando no de buen grado, forzados por el sentido de la “responsabilidad”, que es como eufemísticamente se refieren a la necesidad objetiva que tienen de hacer ver que con su participación en el entramado institucional cumplan alguna función, más allá de ejercer como palmeros del fascismo.

Que nos quieran vender la moto de que la “irrupción” de VOX supone el riesgo de que la extrema derecha entre en las instituciones, y que provoque una “involución” del régimen, no pasa de ser una tomadura de pelo. Y no porque quieran hacer creer que esa aparición de VOX se produce de forma “espontánea”, como si la cobertura mediática que le vienen ofreciendo no tuviese ninguna incidencia.

Tampoco porque en su discurso no haya nada nuevo respecto al que viene sosteniendo el PP desde hace 20 años. Lo que de verdad evidencia la falsedad que encierra ese mantra es que lo que en términos ideológicos podemos caracterizar como “extrema derecha”, los defensores a ultranza de los principios y tradiciones del nacionalcatolicismo, ya están fuertemente incrustados en las instituciones; y además en esas estructuras estratégicas del Estado que resultan verdaderamente decisivas: el ejército, la judicatura, los cuerpos represivos –policía, guardia civil, IIPP- los órganos de la Administración General del Estado (no hablemos ya del aparato mediático)… Incluso una entidad con tanta relevancia social como la que actualmente detenta “la liga” de futbol, por el volumen de negocio que maneja y el papel de “anestésico social” que desempeña como moderno “opio del pueblo”, está dirigido por un personaje como Tebas, que nunca ha tenido reparos en hacer alarde de su condición de falangista.

Los fascistas más recalcitrantes están presentes de forma prevalente con las instituciones del Estado porque nunca fueron expulsados de las mismas. Los jueces del Tribunal Supremo que firmaron el auto que señala que Franco fue el Jefe del Estado desde el 1 de Octubre de 1936 hasta el 20 de noviembre de 1975 son el ejemplo mediático más reciente. Y no faltan a la verdad cuando señalan que de esa Junta de Burgos organizada por los fascistas golpistas nace la legitimidad del entramado institucional que todavía hoy sigue vigente. Y lo único que les afean los “progres” es que no fijen la fecha de su “investidura” en el 1 de abril de 1939, una vez “cautivo y desarmado el Ejército Rojo”.

Cuídate mucho y reparte saludos según tú siempre juicioso criterio. Para ti va un fuerte abrazo.

Carta recogida en:

Los presos políticos nos escriben y opinan. 11ª entrega

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