Leer a imprescindibles: Bertolt Brecht, Maiakovski, Nazim Hikmet.

Foto de Bertold Brecht.

Leer a los imprescindibles, imprescindible:

Bertolt Brecht

-El que quiera luchar hoy contra la mentira y la ignorancia y escribir la verdad tendrá que vencer por lo menos cinco dificultades. Tendrá que tener el valor de escribir la verdad aunque se la desfigure por doquier; la inteligencia necesaria para descubrirla; el arte de hacerla manejable como un arma; el discernimiento indispensable para difundirla.

Pero es difícil resistir a los poderosos y muy provechoso engañar a los débiles. Incurrir en la desgracia ante los poderosos equivale a la renuncia, y renunciar al trabajo es renunciar al salario. Renunciar a la gloria de los poderosos significa frecuentemente renunciar a la gloria en general. Para todo ello se necesita mucho valor.

Hay verdades sin consecuencias prácticas. Por ejemplo, esa opinión tan extendida sobre la barbarie: el fascismo sería debido a una oleada de barbarie que se ha abatido sobre varios países, como una plaga natural. Así, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habría nacido una tercera fuerza: el fascismo. Para mi, el fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un país fascista el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa.

Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina? Una verdad de este género no reporta ninguna utilidad práctica.

Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo.

Del mismo modo, el vocablo “dignidad” vale más que la palabra “honor”, pues tiene más en cuenta al hombre.

La gran verdad de nuestra época -conocerla no es todo, pero ignorarla equivale a impedir el descubrimiento de cualquier otra verdad importante- es ésta: nuestro continente se hunde en la barbarie porque la propiedad privada de los medios de producción se mantiene por la violencia. ¿De qué sirve escribir valientemente que nos hundimos en la barbarie si no se dice claramente por qué? Los que torturan lo hacen por conservar la propiedad privada de los medios de producción.

Ciertamente, esta afirmación nos hará perder muchos amigos: todos los que, estigmatizando la tortura, creen que no es indispensable para el mantenimiento de las formas actuales de propiedad.

Digamos la verdad sobre las condiciones bárbaras que reinan en nuestro país; así será posible suprimirlas, es decir, cambiar las actuales relaciones de producción. Digámoslo a los que sufren del statu quo y que, por consiguiente, tienen más interés en que se modifique: a los trabajadores, a los aliados posibles de la clase obrera, a los que colaboran en este estado de cosas sin poseer los medios de producción.

Cartel de La Cheka. Vladimir Maiakovski.

Vladimir Maiakovski

-«Hay que ligar la vida de los hombres y de las mujeres con la palabra que los une: Camarada».

Cartel de La Cheka. Nazim Hikmet.

Nazım Hikmet

-Ellos que son más numerosos que las hormigas en la tierra, los peces en el agua, los pájaros

en el aire,

miedosos,

valientes,

ignorantes,

sabios

y niños,

ellos que son los que maldicen

y crean;

solamente sus aventuras tienen cabida en nuestra epopeya.

Ellos que, engañados por la astucia del traidor

dejan caer al suelo la bandera que tienen en sus manos

y abandonan al enemigo en el campo

para huir a sus casas.

Ellos que, sin embargo, apuñalan al malo,

que ríen como un árbol verde

y lloran a destiempo,

ellos que gritan las peores injurias

solamente sus aventuras caben en nuestra epopeya.

La suerte del hierro,

el carbón

y el azúcar,

y del cobre rojizo,

de las telas

y de todas las ramas de la industria,

y del amor

y de la injusticia

y de la vida,

y del cielo

y del desierto

y del océano azul,

y de las tristes carreras de los ríos,

y de las tierras labradas

puede cambiar con un alba cualquiera.

Un alba en que, rozando la oscuridad

ellos apoyan sobre la tierra sus manos calludas y pesadas y se levantan.

Ellos son los que reflejan las formas más coloridas

en los espejos más sabios.

En lo que va de siglo

ellos vencieron,

ellos fueron vencidos.

Muchas palabras se dijeron sobre ellos

y por ellos

se dijo:

Nada tienen que perder excepto sus cadenas”.

Epopeya de la guerra de liberación

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