Cuando una hotentote era mitad humana mitad animal / Dios resolvió la hambruna en Irlanda ‘con toda eficacia’ / Dacca, de ser como Londres o Mánchester, a la ruina absoluta.

Postal. Mirando a la mujer como si sería un objeto.

Repasando la historia

De Eduardo Galeano

-Venus. 1810

Fue arrancada de África del Sur y vendida en Londres. Y fue burlonamente bautizada Venus de los hotentotes.

Por dos chelines se podía verla, encerrada en una jaula, desnuda, con sus tetas tan largas que daban de mamar por la espalda. Y pagando el doble se podía tocarle el culo, que era el más grande del mundo.

Un cartel explicaba que esta salvaje era mitad humana y mitad animal, la encarnación de todo lo que los civilizados ingleses, felizmente, no son.

De Londres pasó a París. Los expertos del Museo de Historia Natural querían averiguar si esta Venus pertenecía a una especie ubicada entre el hombre y el orangután.

Tenía veintipocos años cuando murió. Georges Cuvier, célebre naturalista, hizo la disección. Informó que ella tenía cráneo de mono, cerebro escaso y culo de mandril. Cuvier desprendió el labio inferior de la vagina, colgajo enorme, y lo metió en un frasco.

Dos siglos después, el frasco seguía en exhibición, en París, en el Museo del Hombre, junto a los genitales de otra africana y de una india peruana.

Muy cerquita estaban, en otra serie de frascos, los cerebros de algunos científicos europeos.

*Se sabe que nació cerca del río Gamtoos, en el interior de la colonia del Cabo de Sudáfrica en torno a 1788-1789. Cuando la región pasó al control de los holandeses, los Boers, fue bautizada como Sarah –Saartjie era el diminutivo- Baartman. Su padre fue un pastor de ganado que fue asesinado por una tribu vecina y su madre murió cuando ella tenía dos años de edad. Su marido tocaba el tambor y tuvo un hijo que murió poco después de nacer. Se convirtió en la esclava de un granjero Boer, Peter Cezar, en la región de la Ciudad del Cabo.

Cuando tenía 21 o 22 años de edad, el 29 de octubre de 1810 un cirujano militar inglés y exportador de animales, Alexander Dunlop y Hendrik Cezar, el hermano de Peter, la enviaron para Europa.

https://jralonso.es/2013/04/25/el-cerebro-de-la-venus-hotentote/

Dibujp. Hambruna en Irlanda.

-Una colonia superpoblada: Irlanda

No salía humo de las chimeneas. En 1850, al cabo de cuatro años de hambres y plagas, los campos de Irlanda se habían despoblado, y poquito a poco se desmoronaban las casas sin nadie. La gente se había marchado al cementerio o a los puertos del norte de América.

La tierra no daba papas ni nada. Sólo crecía la producción de locos. El manicomio de Dublín, pagado por Jonathan Swift, tenía noventa huéspedes cuando fue inaugurado. Un siglo después, había más de tres mil.

En plena hambruna, Londres envió alguna ayuda de emergencia; pero en unos meses se acabó la caridad. El imperio se negó a seguir socorriendo a esta colonia incómoda. Según explicó el primer ministro, lord Russell, el pueblo irlandés, ingrato, pagaba la generosidad con rebeliones y difamaciones, y a la opinión pública eso le caía muy mal.

Y Charles Trevelyan, alto funcionario encargado de la crisis irlandesa, atribuyó el hambre a la Divina Providencia. Irlanda tenía la más alta densidad demográfica de toda Europa, y ya que el exceso de población no podía ser evitado por los hombres, Dios lo estaba resolviendo con toda su sabiduría, de modo imprevisto, inesperado, pero con gran eficacia.

Foto. Dacca, en 1885.

-Una colonia porfiada

La India vendía a Inglaterra sus tejidos finos de algodón y de seda, y el gobierno inglés buscaba la manera de evitar esa invasión. A partir de 1685, las telas hindúes fueron castigadas con pesadas tarifas. Después los gravámenes siguieron aumentando, hasta llegar a muy altos niveles, y alternaron con períodos de puertas cerradas.

Pero el tiempo fue pasando y las barreras y las prohibiciones no conseguían desalojar la competencia. Medio siglo después de las máquinas de vapor y de la revolución industrial inglesa, todavía los tejedores de la India eran duros de pelar. A pesar de sus primitivos medios técnicos, sus telas de alta calidad y bajo precio seguían encontrando clientes.

Estos tozudos competidores no fueron aniquilados hasta que por fin, a principios del siglo diecinueve, el imperio británico culminó a sangre y fuego su conquista militar de casi todo el territorio hindú y obligó a los tejedores a pagar impuestos astronómicos.

Después, tuvo la gentileza de vestir a los sobrevivientes de la hecatombe. A mediados del siglo diecinueve, cuando ya los telares de la India yacían ahogados en el fondo del río Támesis, los hindúes eran los mejores clientes de la industria textil de Manchester.

Para entonces Dacca, que el legendario Clive de la India había comparado con Londres y Manchester, estaba vacía. De cada cinco habitantes, cuatro se habían ido. Dacca era el centro industrial de Bengala, y Bengala ya no producía tejidos, sino opio. Clive, su conquistador, había muerto de sobredosis, pero los cultivos de amapola gozaban de buena salud en medio de la ruina general.

Ahora Dacca es la capital de Bangladesh, país pobre entre los pobres.

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