Cuando graduar una gafas se convierte en una larguísima aventura. A la presa política Mónica Refoxos en Jaén.

Poster. «Mónica Refoxos. Presa política de los GRAPO»

Situación en las cárceles:

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNAS GAFAS VIAJERAS

El 17 de marzo, domingo, mi amiga y yo salíamos de visitar a Mónica Refoxos Pérez y a Santiago Rodríguez Muñoz en la cárcel de Jaén.

Ese día nos comentaban que habían pasado buena parte del invierno sin calefacción, pues no la conectan para así ahorrar costes. Además, el hecho de tener que tender la colada dentro de la celda hace que el ambiente, ya frío de por sí, se vuelva muy húmedo. Un buen caldo de cultivo para generar resfriados, gripes, y quién sabe si cosas peores. También, a la salida, nos entregaron un paquete que Mónica quería sacar: varios libros y un informe del oftalmólogo. Mónica necesita gafas, pero hay que fabricarlas en una óptica, obviamente. Así que debíamos llevar ese informe al optometrista, luego el optometrista fabricaría los cristales, y en la siguiente visita, se las teníamos que llevar. Fácil, ¿verdad?

El primer problema fue que el optometrista no entendía muy bien cómo le habían graduado la vista. Por lo visto era una graduación un tanto extraña, impresa en un papel similar al de un ticket de compra. El optometrista le comentó al compañero que fue a encargar las gafas que seguramente no le servirían, porque la graduación no estaba hecha correctamente, pero que si se encontraba algún problema, que podía devolver las gafas y le haría otras con la graduación correcta.

Entre unas cosas y otras, no pudimos visitarles otra vez hasta el 12 de mayo. Más de un mes más tarde desde que sacamos la graduación, estábamos esperando para entrar, cuando nos dijeron en la ventanilla que las gafas no podían pasar, porque Mónica no había firmado una solicitud para recibirlas. Les dijimos que las necesita para leer y que nos extrañaba que no hubiese firmado la solicitud, puesto que ella ya sabía que se las íbamos a traer. Entonces, un funcionario llamó por teléfono para que Mónica firmara la solicitud en ese mismo momento y pudiéramos meter las gafas, pero conforme colgaban el teléfono, nos explicaron que ahora había que esperar a que la solicitud se aceptase, y que eso tardaría uno o dos días.

Seguimos insistiendo y les pedimos que dejaran el paquete retenido en la entrada hasta que la solicitud fuese aceptada, que otras veces habían hecho eso, y también les dijimos que ya habíamos metido gafas en otras ocasiones y nunca habían pedido solicitudes a los presos, a lo que nos contestaron que la solicitud se pedía siempre, que volviéramos a traer las gafas a la siguiente semana, que no pasaba nada “por tres días más”. Aclaramos que veníamos desde otra provincia, que no era tan fácil como volver a la siguiente semana, pero no hubo manera. Las gafas tuvieron que quedarse fuera y nosotros entramos para comunicar.

A la vuelta, estuvimos pensando qué hacer para que las gafas pudieran entrar cuanto antes. Supimos de unos compañeros que vendrían a visitar a Mónica y Santiago desde Madrid, y como no podíamos volver enseguida, pensamos que era más rápido enviar las gafas a Madrid y que se las hicieran llegar ellos.

Así que nuestras gafas viajeras se envolvieron en abundante papel de burbujas, luego en papel de envolver, luego en un sobre acolchado de Correos, y pusieron rumbo a Madrid (y mientras, aquí estábamos con los dedos cruzados para que no se rompieran por el camino).

Y entonces, los compañeros de Madrid llegaron a Jaén, la solicitud estaba en regla, las gafas entraron y fin.

Fin de la primera parte.

Cuando Mónica se probó las gafas, resultó que el optometrista tenía razón. No le habían graduado la vista bien, así que ahora hay que sacar las gafas de la cárcel, devolverlas y fabricar otros cristales con la graduación correcta.

Evidentemente, todo esto tiene un motivo. Dentro de la cárcel, y más aún, en aislamiento, prácticamente, lo único que se puede hacer, es leer, estudiar o dibujar. Privando a una presa en aislamiento del sentido de la vista, se le está condenando a no poder hacer nada. Una vez más, se priva a los presos políticos de una atención médica correcta. Esto es una forma de tortura, una venganza política. Es lo mismo que están haciendo con el ‘Camarada Arenas’, con Manuel Arango, y con muchos otros. Sin olvidar a los que han muerto dentro, como Isabel Aparicio, asesinada en prisión gracias a la desatención médica.

Que esta historia se difunda y no se olvide. Tengamos presente que esto es sólo un pequeño ejemplo de lo que está pasando en las cárceles del estado español.

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